Las biografias individuales están entretejidas con las colectivas: en el centenario de la Gran Guerra m´ultiples historias ilustran este hecho: una de ellas es la del derrumbe del imperio alemán y el derrumbe personal de Comandante general de las fuerzas alemanas, el Mariscal Eric von Ludendorff. En “A World Undone: The Story of the Great War 1914-1918 , G.J. Meyer relata como este artífice de muchas de las campañas victoriosas iniciales del ejército alemán entre 1914 y 1915, fue progresivamente abandonando sus planes. En la medida que la unidad política del Imperio Hohenzollern fue cayendo, la fortaleza psíquica de Von Ludendorff fue también desapareciendo. Desde sus comienzos en el Estado Mayor del General Von Moltke, fue siempre un trabajo-hólico inveterado, un planificador obsesivo, y un oficial ambicioso. En las batallas iniciales de 1914, participó en el despliegue en el frente occidental,en las invasiones del Bélgica y Francia, para luego seguir en el frente oriental en su país natal, Prusia Oriental, el terruño de los junkers, que se defendían de la masiva ofensiva rusa, sus enemigos ancestrales. Héroe del triunfo alemán en la batalla de Tannenberg, pudo detener avance ruso, y con eso precipitó la caída del Zar y la llegada de los soviets al poder,
En 1918 la situación era distinta. Ludendorff fue un vacilante comandante general de los ejercitos alemanes, y durante el repliegue de estos empezó a desaparecer por horas de su cuartel general, y a presentar accesos de llanto absolutamente fuera de su carácter habitual, frio y dominante . Con mucha discreción, sus oficiales arreglaron para que lo visitara un psiquiatra que lo conocía, el Dr Hochheimer. En su relato posterior de este encuentro, el médico recuerda que al final de la entrevista le planteó que por cinco años habìa estado totalmente dedicado a la dirección de la guerra, y que no se habìa preocupado de si mismo, y que este era el momento de cuidar su estado mental, que era preocupante. Sorprendentemente, Luddendorf estuvo de acuerdo, y aceptò dejar su cuartel general de Avesnes, y se retiró a la localidad de Spa en Belgica, todavía en manos alemanas. Alli el medico prescribió un regimen de descanso, caminatas y desconexión total de la información de lo que sucedía en el fin de la Guerra.
El cambio del caracter habitual del Mariscal, autoritario y duro, muy lejano de demostraciones emocionales, propenso a estallidos de cólera cuando estaba bajo estrés de las batallas, se produjo cuando en Marzo de 1918 supo de la desaparición en acción de su hijo adoptivo, Erich, que estaba combatiendo detrás de las tropas inglesas que habìan penetrado ya territorio alemán. El Mariscal ordenó una búsqueda exhaustiva de su hijo, hasta que se le informó de dos cadaveres que se habian descubierto enterrados en un campo de batalla cerca de Avesnes. El mismo los hizo desenterrar, e identificò a su hijo como uno de los dos oficiales alemanes muertos. Desde allí empezó a cambiar, y sus desapariciones se debieron a que iba a visitar la tumba provisional de su hijo. Posteriormente hizo que trasladaran el cuerpo a Berín, donde estaba su madre, Margarette, que hizo una depression importante en relación al episodio.
El cambio de personalidad de von Luddendorff muestra como el liderazgo en los militares o gobernantes que en condiciones habituales toman decisiones complejas bajo presión, y que son reconocidos por sus subordinados y subditos como líderes confiables, pueden desmoronarse cuando sus familiares sufren daño. En nuestros dias también hemos visto como gobernantes que en los períodos iniciales de sus gobiernos tuvieron desempeños exitosos y fueron aclamados por sus pueblos, al avanzar el tiempo y sufrir situaciones familiares difíciles, dejaron de mantener su tradicional frialdad de cabezo y comienzan a presentar labilidad emocional y otros sintomas de la condicion psiquátrica hoy llamada síndrome de estrés postraumático. El ejemplo de Von Luddendorf es decidor, y demuestra tanto su capacidad de decidir bajo presión cuando estaba en plena posesión de sus capacidades de liderazgo, y de aceptar ayuda al sufrir la pérdida de su hijastro, retirándose a Spa a recuperarse. La historia sigue, porque después de la Guerra Ludendorff siguió teniendo un rol en la historia alemana hasta su muerte en 1936, cuando se opuso abiertamente a Hitler.