GENÉTICA, NEUROCIENCIAS Y LEY DE SALUD MENTAL

Desde sus orígenes, la psiquiatría y la psicología buscan un anclaje científico y una apertura humanista. Ya Sigmund Freud, formado como neurólogo buscó las bases cerebrales de lo que llamó “una psicología científica”, para pasar luego a idear el psicoanálisis como un método de investigación, una terapia y una teoría sobre la mente.

La psicología académica desarrolló desde el siglo XIX una base empírico-positivista, tratando de olvidar su remoto pasado filosófico y especulativo, en el cual desde Platón y Aristóteles el Alma y la Psikhé eran claves para entender la naturaleza humana.

La genetica mendeiana y la teoría celular, en el siglo y medio que ha transcurrido desde entonces, han avanzado espectacularmente, y hoy encuentran en la biología molecular y en la microfísica explicaciones para muchos –pero no todos- los enigmas de la mente. Los trastornos emocionales muestran de rutina agregaciones familiares que hacen que trastornos clásicamente opuestos (esquizofrenia y trastorno bipolar por ejemplo), encuentren hoy un sustrato genetico cercano.

Las neurociencias actuales también aportan, gracias a la exploración avanzada del cerebro, explicaciones de conductas anormales, sean violentas para otros o para si mismo, homicidas o suicidas, o consumo de drogas legales o ilegales. El neuropsicoanálisis comienza a cumplir los sueños iniciales de Freud, en un camino tortuoso que ha tomado 120 años recorrer.

El estigma hacia los enfermos mentales, sin embargo se mantiene, y no solo las psicosis y las psicopatías, sino las depresiones y trastornos por estrés son buscados por los especialistas en selección de personal y por psicólogos laborales. Este estigma se hace extensivo a las profesiones de la salud mental, y a las asignaciones desfavorables de fondos de salud para el tratamiento y prevención de los trastornos psiquiátricos. Lentamente se avanza. Además de los adelantos desde la disciplinas “duras” antedichas, las clasificaciones mas actuales han aumentado su validez y confiabilidad.

En el ultimo cuarto de siglo a nivel global y en Chile se han formulado estrategias, planes y políticas de salud mental. En nuestro país se ha estructurado una red de servicios de salud mental inserta en las Redes Asistenciales, que se imbrica tambien con la Red de Urgencias para enfrentar emergencias y desastres naturales.

El paso siguiente es tener una ley de Salud Mental basada en una política pública inclusiva, que permita apoyar a los enfermos mentales excluidos y a asegurarles su derecho a iguales cuidados a los que reciben los pacientes con condiciones fisicas.

Lo anterior choca, sin embargo, con la porfiada biología, y con la naturaleza humana pasional. Esto es un modo complicado de decir que no todos los cuadros son curables, ni siguiera recuperables. Tal como en la biomedicina, muchos de ellos son enfermedades crónicas, que evolucionan lentamente hacia el deterioro o la muerte. El pleno empleo, la superación de la discapacidad o la eliminación del alcoholismo de las farmacodependencias son todavía sueños utópicos.

En estos días hay que recordar que toda legislacion para regular la naturaleza y el curso vital de los chilenos, desde la concepción hasta la muerte está condenada al fracaso. Somos co-creadores de nuestro destino, pero tenemos límites productos del diseño original, que no es nuestro.

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