En estos días se celebran los 400 años de la muerte, y los 463 años del nacimiento de William Shakespeare. Entre los numerosos homenajes al respecto, la medicina también tiene algo que decir.
La relación de Shakespeare con la Medicina fue compleja, como lo señala el editorial del Lancet de esta semana. Por una parte, en su obra temprana fue crítico de los médicos y sus diagnósticos, a veces errados; por otra, después del matrimonio de su hija mayor Susana con el Dr. John Hall, de quien aprendió su uso sensato y cuidadoso de pociones y ungüentos, pasó a tener un respeto por los médicos prudentes. Su capacidad de observación le permitió describir numerosas enfermedades y cuadros clínicos: en sus 36 obras teatrales hay mas de 500 referencias medicas.
Los psicoanalistas y biógrafos han profundizado en el tema de su identidad: ¿Quién fue Shakespeare? ¿Fue realmente el autor de sus obras? ¿Cual fue su preferencia sexual? ¿Se mantuvo en el catolicismo de su familia o realmente se convirtió a la religión oficial anglicana? Los especialistas de la salud mental han escrito y opinado acerca de los personajes de sus grandes obras, muchos con temas psiquiátricos: el de la melancolía en Hamlet, el trastorno de estrés postraumático en Macbeth; la celotipia en Otelo y la locura evidente en Rey Lear. En algunos de ellos hay temas mas amplios de la condición humana, como el de la identidad asumida en el “Ser o no Ser” de Hamlet.
En Rey Lear está el tema del envejecer normal y anormal, el diagnóstico diferencial entre el deterioro corporal y psíquico propio del simple paso de los años, y la enfermedad antes llamada Demencia Senil, hoy Enfermedad de Alzheimer. Rey Lear permite hacer un curso sobre el diagnóstico diferencial de las demencias, y hay mucha evidencia de que presentó una demencia fronto-temporal o demencia de Cuerpos de Lewys. La irracionalidad e impulsividad de su decisión primero de renunciar a su trono y luego de desheredar a su hija favorita, Cordelia, sus episodios de lucidez y confusión mental alternantes, su desorientación parcial y su vuelta a la razón al final de la obra, todas coinciden con las descripciones de ese cuadro.
Entre las puestas en escena actualizadas, y las traducciones en ingles o castellano modernos de la obra shakesperiana se encuentran la traducción a un castellano chilenizado de Nicanor Parra y las escenificaciones en las que aparece como un dictador sudamericano descontrolado, repartiendo su herencia política y material. Para muchos gobernantes hoy día el dilema es como ejercer el gobierno cuando es evidente para su entorno que ya no tienen las capacidades físicas o mentales que tuvieron, y como entregar el poder asegurando su supervivencia a veces, o su libertad, otras.
Shakespeare sigue vigente, y sus personajes son una lección de vida para los buenos entendedores aún hoy día.