VIOLENCIA, NATURALEZA HUMANA Y ENFERMEDAD MENTAL.

Vivimos bajo el impacto frecuente de noticias sobre actos violentos, con o sin motivación aparente. El comentario habitual es “¡Que locura!”. De ahí, la idea de la peligrosidad de los locos, o dicho en forma mas formal, que la violencia humana es producto de los trastornos mentales.

Otra visión  es que la violencia está en nuestra naturaleza: la frase “homo homini lupus” (el hombre es el lobo del hombre) pertenece al autor romano Plautus, pero fue popularizada por Thomas Hobbes, filósofo ingles del siglo XVIII. Los ecologistas radicales dicen que somos una especie predatoria, y explican asi las guerras, genocidios, el terrorismo de estado, etc.

La tesis de la enfermedad mental se relaciona al concepto de violencia estructural, que puede ser interna o externa. La interna está en la estructura de la personalidad, la segunda en la estructura social. Para Sigmund Freud, la agresión humana es un impulso innato, tal como la sexualidad, pero aumenta en algunas personalidades. Melanie Klein agrega su idea de que la angustia y la violencia se encuentran ligadas desde el desarrollo infantil más temprano.

El aumento de los suicidios y la violencia hacia los demás en nuestra sociedad muestran como el avance socio-económico no implica que seamos mas pacíficos. Países desarrollados capitalistas, como Estados Unidos (en Dallas esta semana), o social-demócratas como Suecia (en el caso de Olof Palme), son violentos a pesar de sus elevados niveles de vida.

Benjamin Vicente y su equipo de la Universidad de Concepción encontraron que poco más de un tercio (36%), de la población chilena estudiada, había tenido un desorden psiquiátrico a lo largo de su vida, mientras que uno de cada cinco (22,6%), lo había tenido en los últimos 6 meses. Los trastornos específicamente ligados a la violencia fueron menos frecuentes: el abuso o dependencia a alcohol o drogas, 14,4% (vida) y 9,8% (6 meses); la esquizofrenia 0,9% y 0,2%; la personalidad antisocial, 0,9% y 0,3%.

La frecuencia de la personalidad antisocial es mayor entre los jóvenes bajo 25 años y los hombres doblan a las mujeres. Las neurociencias actuales muestran una base cerebral para las conductas impulsivas: la inmadurez cerebral propia de niños y los adolescentes aumenta en aquellos con una crianza sin normas o en familias disfuncionales. La maduración del cerebro no se completa en todos a los 18 años, y muchos adultos persisten con reacciones impulsivas, sin capacidad de control desde la corteza prefrontal de conductas motoras belicosas.

El alcohol y las drogas, se sabe desde antiguo, son liberadores de los núcleos cerebrales que gatillan conductas violentas. El consumo de alcohol y drogas en Chile es mayor entre los jóvenes, y en los grupos ABC1, aunque la dependencia alcohólica es mayor entre quienes tienen menores ingresos, conviven o están separados. El alcohol acompaña a mas de la mitad de los homicidios y de los suicidios completados.

En una manifestación juvenil, de acuerdo con los datos antedichos, cuando se congregan cien mil manifestantes en la Alameda de las Delicias, habrán 22.000 con algún diagnóstico psiquiátrico en los últimos seis meses, 9.800 serán dependientes al alcohol o las drogas, 200 serán esquizofrénicos y 300 psicópatas. Estos números disminuyen si hay mas adultos y estudiantes universitarios, y aumentan si hay mas estudiantes secundarios o desempleados.

Hoy encontramos en diversos países, incluyendo al nuestro, que los adultos renuncian a su rol de guias de las juventudes, y al revés, esperan que estos le muestren el camino a seguir. Esto implica que renuncian también a controlar la locura de los individuos que surge en todos estos encuentros multitudinarios, y a educar a los estudiantes cuyos cerebros están inmaduros, no por enfermedad, sino por falta de conocimientos o disciplina. Aquí es oportuno recordar a los atenienses.

Si Sócrates, como lo señala Platón en su “Protágoras”, tenía razón al decir que solo se actúa mal por ignorancia, y que la virtud es enseñable mediante el diálogo, la esperanza de superar los problemas de violencia actuales implica mejorar la calidad de la educación, la sabiduría de los educadores, y esperar que los cerebros de los manifestantes maduren con guia firme de los adultos.

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