Los períodos de dificultades ecónomicas para los países, las familias y las personas originan problemas de salud mental. Las consultas a psiquiatras y psicologos aumentan y los sistemas de financiamiento deben buscar soluciones nuevas: las licencias por salud mental han crecido en forma importante en Chile en los últimos años, en la medida de que el empleo disminuye.
Una de las definiciones mas clásicas de salud mental pertenece a Sigmund Freud: la “capacidad de amar y trabajar” (lieben und arbeiten)” en alemán. Cuando la oferta laboral disminuye, la salud mental se resiente y surgen los trastornos de adaptación, o de estrés laboral agudo o crónico. A diferencia de los períodos de pleno empleo, no es la sobre-carga sino la sub-carga laboral la que altera a las personas. Las medidas que toman las empresas para disminuir la cantidad de personal pueden también sobre-cargar a los que quedan, que están contentos de mantener su puesto, pero deben trabajar por ellos y por los que se fueron.
Tres pensadores del siglo XIX, el propio Freud, Henri Bergson y Karl Marx confluyeron en la importancia que dieron a la materia y al tiempo en sus marcos conceptuales. Bergson, en “Materia y Memoria”, señala como la espacialidad es la característica central de lo material, y la memoria lo es de la dimension espiritual. La memoria del pasado influye en el espacio para posibilitar el impulso vital hacia el futuro. Si la memoria se altera, el espíritu se enferma. En su “Proyecto de Psicología para neurólogos”, Freud mostró como cuando el paso desde lo sensorial a lo motor se dificulta, surge la represión de las memorias inaceptables y la posibilidad de la neurosis. Marx plantea el curso inexorable de la historia que lleva a la sociedad sin clases, y el pasado hace son intentos de conservar privilegios materiales de unos pocos a costa de muchos.
Lo que viene desde abajo (desde el inconsciente reprimido freudiano), o de la materia puede irrumpir en la conciencia cuando las defensas fallan. Asimismo, cuando la represión de los movimientos sociales no es ya controlada por las fuerzas del Estado (los ejércitos y las burocracias), aparecen las revoluciones sociales, en la teoría marxista clásica. Hoy vivimos a diario ejemplos de estas conmociones sociales, en la cual los órdenes establecidos son desafiados por masas o por individuos que no aceptan el orden vigente. A nivel cerebral, esta tension está representada por el control esforzado de la corteza cerebral de la impulsividad que trata de irrumpir desde los núcleos cerebrales centrales, motivados por pulsiones eróticas o agresivas.
Los distintos cuadros psiquiátricos oscilan entre las representaciones que pueden distorsionar la realidad (en las neurosis clásicas), negarla totalmente (en las psicosis) o transformarlas en provecho propio (en las psicopatías). Los psicóticos pierden el juicio de realidad, y los trastornos de personalidad anti-social pierden su sentido de realidad, defiendo sus creencias, aunque ellas sean erróneas.
“El Diablo está en los detalles” dice un refrán. Muchas de las tragedias que hemos visto estos días vienen de falta de planeamiento o de prolijidad en la implementación de proyectos bien intencionados. A veces son los dirigentes que no se arriesgan a enfrentar a las masas disruptivas, y se mantienen en sus espacios protegidos presenciando el choque desde la distancia.
La violencia desatada puede tener orígenes en psicopatologías individuales, o en situaciones psico-sociales que se han arrastrado por décadas y que hacen irrupción violenta. Los grupos en el poder se resisten a dejarlo, sean partidos politicos o elites socio-económicas. Los mas vulnerables tratan de mejorar en su calidad de vida, y pueden recurrir a métodos violentos para ello.
“El Diablo metió la cola” es otra version del refrán antedicho. La creencia campesina es que el Maligno interfiere con los planes humanos, aun en los mas meticulosamente planeados. En el campo de la psicopatología, el Diablo muchas veces es la ingesta de alcohol, que gatilla la impulsividad del paleo-cortex, del cerebro de reptil que todos tenemos, y hace que la pérdida de control lleve a agresiones sexuales, a violaciones, a intentos suicidas u homicidios.
Los sistemas de salud públicos y privados pueden colaborar y complementarse. Esto en el caso de la salud mental es especialmente necesario, dada la falta de recursos materiales (camas de hospitalización) o humanos (psiquiatras infanto-juveniles, enfermeras o especialistas en prevención). Esta tarea ha sido impulsada tanto desde las políticas de Salud Mental del Ministerio de salud chileno como desde el Ministerio del Interior en su Servicio Nacional de Prevención de la Drogadicción y del Alcoholismo (SENDA).
Las sociedades científicas, las universidades, los sistemas de atención hospitalarios y ambulatorios, los servicios de salud general y los especializados deben concertar esfuerzos para enfrentar las consecuencias emocionales y neuropsiquiátricas del desempleo, en estos períodos en que las sociedades, en nuestro país y globalmente, enfrentan un periodo de crisis social y económica.