Henry Bergson, en “Materia y Memoria: Ensayo sobre la relación del cuerpo con el espíritu”, hace un incisivo análisis de la aporía psicosomática, llega a una afirmación de la realidad del espíritu, y liga las características de lo material a lo espacial, y lo espiritual a lo temporal. Carl Jung, médico psiquiatra suizo inicialmente muy cercano a Freud, marcó luego la diferencia con su maestro al aceptar, como Bergson, la realidad del alma, y desarrollar su psicología analítica basada en su idea de lo divino como algo amplio, trascendente, y que sería el basamento profundo de la realidad psíquica: en Jung a Dios se le encuentra en lo mas profundo del inconsciente.
Tanto Freud, como Jung pero también Bergson reflexionaron una y otra vez sobre la relación del alma y el cuerpo. La tesis central de Bergson fue que la relación de lo mental con lo cerebral no es ni unívoca, ni simple. El estado cerebral contiene más nuestro estado mental cuando canalizamos nuestra vida psicológica en acción, y menos cuando la interiorizamos en conocimiento puro. La tendencia que Jung denominó a la extroversión o a la introversión, es vista por Bergson como una vida personal orientada al actuar, que usa la reflexión como un planeamiento rápido antes del hacer, o como una vida mas elevada, que se mueve en el mundo abierto del pensamiento y aún a la especulación.
Lo anterior se liga también a los estados mentales psicopatológicos: las neurosis, para Freud a partir de las enseñanzas de su maestro Charcot, son cuadros en los que la persona se torna caviladora, dubitativa, y le cuesta actuar. La escuela francesa de Janet (Las obsessions et la psychastenie, Payot, Paris 1905), entendió los cuadros obsesivos como degeneraciones cerebrales que transformaban a esos pacientes en personalidades abúlicas o asténicas. Bergson los vio como un estado de relajamiento de la tension vital que lleva a menor atención a la vida externa, y una disminución de nuestra solidaridad con nuestro medio externo humano o físico.
Bergson era filósofo, y definió a la psicología como una ciencia cuyo foco era el estudio del espíritu humano en función de la práctica, mientras que la metafísica era el esfuerzo mas elevado del mismo espíritu para liberar energías de la acción útil y recobrarla como pura energía creativa. Las controversias filosóficas entre los realistas e idealistas de fines del siglo XIX se convirtieron cien años después en polémicas entre realistas y anti-realistas.
Otro psicoanalista, Paul Meehl vuelve sobre el tema, y revisa la evidencia de que los modelos estadísticos casi siempre dan mejores predicciones y diagnósticos que los juicios de profesionales clínicos entrenados. En “Clinical vs. Statistical Prediction: A Theoretical Analysis and a Review of the Evidence” que ha sido llamado un “librito perturbador”, señala como en la mayoría de los estudios los algoritmos estadísticos pronosticaron mejor el futuro que el juicio de expertos clínicos altamente calificados. En uno de ellos, se compararon las predicciones de los psicólogos que aconsejaban a estudiantes que acudían por problemas de rendimiento, con los promedios escolares de los años previos, y los puntajes de las pruebas de admisión a la universidad. La predicción numérica fue en definitiva mejor que la clínica.
En los 50 años posteriores a la publicación del librito de Meehl, han habido más de 200 estudios que muestran datos desconcertantes no solo para psicólogos o psicoanalistas, sino para la medicina clínica: los algoritmos predicen mejor la longevidad de pacientes con cáncer, el diagnostico de cardiopatías, la probabilidad de muerte súbita al nacer, o para la economía: el éxito de un nuevo emprendimiento, el riesgo crediticio, la satisfacción laboral de un trabajador, la capacidad de un padre postulante a adoptar, la probabilidad de conducta violenta. En todos los casos los algoritmos son superiores a los expertos.
Los tomadores de decisiones humanos son influidos por sus creencias, posturas ideológicas y deseos de que los hechos se desarrollen de acuerdo a sus teorías favoritas. Las decisiones cuantitativas se basan en estudios previos, que se proyectan al futuro, y que permiten la aplicación de indicadores de buena gestión. Los humanos somos malos para resumir información compleja.
Bergson basó su defensa de la existencia del espíritu en los conocimientos de la neurología de su época. Distinguió la parte material de la memoria, como los hábitos bien aprendidos que llevan a acción diestra, pero agregó que el espiritu influía en el resultado final. Hemos visto esta realidad en las Olimpiadas de Río, en el aspecto del hábito bien aprendido, en atletas que se han preparado largamente para ganar la medalla de oro, pero que experimentan derrotas cuando los nervios los traicionan a último momento en la prueba olímpica.
Bergson diría que la memoria automática prepara el rendimiento especial y material de los atletas a través de la práctica repetitiva de movimientos musculares prolijos, que llevan a realizar diestramente la prueba en que compiten. Por otra parte, el resultado final depende de estado mental interno y de su espíritu de superación en el momento final de la prueba olímpica. Meehl agregaría que las métricas olímpicas permiten predecir quienes tienen las mejores probabilidades de ganar, pero siempre en el último momento aparecen imponderables, intuitivos, que nos sorprenden con un resultado inesperado.