La novela “Novena” (Alfaguara, 2016) de Marcela Serrano lleva semanas en la lista local de bestsellers. La autora la sitúa en la Patagonia austral, donde una mujer sola dirige la estancia que heredó de su madre, y desde donde se da un romance improbable entre una mujer mayor y un joven relegado en los días de Pinochet. Otro novela de la misma autora (“Albergue de las Mujeres Tristes», Alfaguara México, Ciudad de México, 1998) centrada en Chiloé, muestra la vida difícil de mujeres sin pareja en esa isla. Una psiquiatra chilena, Adriana Schnake, acaba de publicar sus memorias (“Los espacios interiores, Cuatro Vientos Santiago de Chile, 2016) , buena parte de las cuales se sitúan en Chiloé.
La Patagonia, que no es solo el Extremo Sur ni Chiloé, sino que incluye la Región de Coyhaique, es una inmensa y poco poblada área de Chile. En Aysén, no solo encontramos los paisajes más bellos, sino las mayores tasas de suicidio, así como los maltratos y abusos hacia la mujer y su familia más estremecedores.
El drama humano adquiere dimensiones épicas en los grandes espacios no poblados de la Patagonia. Otro autor chileno que ha descrito los temas ecológicos del Sur en sus cuentos y novelas es el cardiólogo Hector Ducci (Un medico y su violín de Ingres, El Mercurio 4/12(16), autor reciente que nos ha ilustrado sobre los riesgos de la modernización de esas tierras.
Desde la psiquiatría, los temas del homicidio y el suicidio están ligados. El segundo etimológicamente significa “matarse a si mismo”, y representa un desafío tanto para clínicos como para los programas de salud pública. Hay un Plan Nacional de Prevención del Suicidio que ha priorizado los lugares con altas tasas o focos epidémicos, tales como Coyhaique o Tongoy, en la IV Región.
La violencia contra si mismo y contra los demás van de la mano. En su excelente tratado sobre el tema (“El Dios Salvaje: Un estudio sobre el Suicidio». Ed Norma, Bogotá, 199) el escritor inglés Al Álvarez reflexiona sobre el suicidio Sylvia Plath, poetisa inglesa suicida, donde muestra como los suicidas han intrigado a los humanos desde siempre, pero han sido objeto de estudio científico desde el siglo XIX en adelante. La prohibición legal del suicidio existió en Occidente hasta hace pocas décadas, y persiste aún en muchas religiones.
En psiquiatría los comportamientos suicidas son especialmente frecuentes en dos tipos de trastornos: los síndromes depresivos y los cuadros severos de personalidad. Los primeros presentan frecuentemente una pérdida del interés y del sentido de la vida: las pérdidas o duelos los afectan intensamente. En los segundos hay una desconfianza en el próximo y conductas que externamente aparecen como destinada a manipularlo: asi llamados para-suicidios son gritos pidiendo la atención del entorno cercano que, voluntaria o involuntariamente pueden llevar a la muerte. La pérdida de lo que Fonagy llama “confianza epistémica” es un factor creciente en todas nuestras sociedades, y pudiera tener que ver con el aumento de la suicidalidad.
En el Instituto de Estudios Médico Psicológicos desarrollamos actividades clínicas y grupos de trabajo sobre el tema. Los interesado pueden contactar nuestra página web (www.iemp.cl) para obtener mayor información.