La confianza es básica para los individuos, las familias y las sociedades. Ya Erik Erikson, en su teoría evolutiva dijo que el bebé necesitaba creer en su madre para generar una estructura psíquica estable. La teoría del apego ha validado posteriormente su punto de vista.
Cuando las personas desconfían de su entorno aparecen los cuadros paranoides, y surgen las conductas hipervigilantes que pueden transformarse en sistemas delirantes. Los celos patológicos son un ejemplo clínicamente habitual, que se ve especialmente en pacientes alcohólicos o drogadictos.
Si en las familias se pierde la confianza entre marido y mujer, o entre padres e hijos, desaparece lo que los juristas llaman “afectio societatis” y son necesarios pactos legales escritos para relacionarse. Las mediaciones familiares y la legislación sobre divorcio son ejemplos chilenos frecuentes en la última década.
Si en las sociedades civiles, sean profesionales, comerciales, políticas o nacionales, se desconfía, se fragmenta la unidad grupal y se pierde la capacidad de acción colectiva que muchas veces dió origen al movimiento. La posibilidad de formar coaliciones eficaces fue, nos dice Sigmund Freud en “Totem y Tabú” ya en 1913, lo que permitió que unas tribus sobrevivieran y otras desaparecieran.
Los flujos migratorios son positivos en si, al inyectar diversidad y energía nueva a sociedades tradicionales que tienden a hacer lo mismo por muchas generaciones. El ejemplo de la Europa antes de la Gran Guerra muestra como la caída de los Imperios Centrales gatilló grandes movimientos desde el Viejo continente hacia el resto del orbe.
Sin embargo, cuando las características externas o internas de los inmigrantes activan las desconfianzas individuales o grupales, se pueden generar mecanismos hipervigilantes. En países étnicamente homogéneos, o con grupos dominantes cohesionados, cambios en el color de la piel o en las costumbres traen respuestas de intolerancia o discriminación.
Cuando la inmigración se produce hacia países con surplus de espacio o de productividad económica, a lugares que están creciendo, es bienvenida. Si llega a territorios saturados, o en momentos de crisis, paro o desempleo, aparece el rechazo de la población que ya ocupaba el lugar. Esto se ha visto no solo en la Alemania de entreguerras, sino en el Medio Oriente por mas de 2500 años.
La psicología social actual, y el psicoanálisis posterior a Freud, han iluminado los procesos migratorios y sus consecuencias prácticas. La trágica historia del siglo XX abre hoy el dilema de repetir la historia o buscar caminos innovadores de crecimiento individual o colectivo. Los inmigrantes pueden ser acogidos, pero cierta vigilancia para no recibir elementos desplazados por conductas patológicas es necesaria.
El Instituto de Estudios Médico Psicológicos tiene profesionales que han estudiado estos temas, y que ofrecen intervenciones clínicas o preventivas para enfrentarlos. El Boletín de Enero de 2016 se refiere en mas detalle a los temas migratorios y su relación con la Salud Mental, y el de Mayo a los Vínculos tempranos. Están a disposición de los interesados en la página web del instituto.
Dr Ramon Florenzano