Las buenas intenciones de ayudar a nuestro prójimo tienen consecuencias inesperadas, y muchas veces llevan a resultados imprevisibles. Las soluciones que parecen evidentes no necesariamente resultan las mejores en los seguimientos prospectivos a largo plazo. Un ejemplo interesante es el destino de “Las Travestis de Lavín” como denominó su reportaje la Revista del Sábado de EMOL del 20 de Enero de 2017. La historia puede ser recordada por muchos. Al acceder a la Alcaldía de Santiago, Joaquín Lavín se preocupó por los travestis que ejercìan la prostitución en un barrio de Santiago Centro. Esto sorprendió a muchos viniendo de un miembro activo de un movimiento que es mirado como conservador, el Opus Dei. La solución que planteó fue, suponiendo que quienes estaban en esta poco edificante actividad lo hacían porque la sociedad no les había dado herramientas para desempeñarse productivamente en nuestra competitiva sociedad capitalina. Diez de ellos siguieron los cursos de reinserción laboral que el nuevo alcalde les ofreció para empezar otra vida. El taller de corte y confección fue ejecutado con el apoyo del Instituto de Formación y Capacitación Popular, INFOCAP, creado por los jesuitas, y conocido también como “la Universidad del Trabajador”, y dirigido entonces por el sacerdote Felipe Berríos.
Seguidos por la periodista de EMOL en el reportaje de marras, resulta que de las diez personas que completaron el curso, la gran mayoría hoy están muertas. Unas por consecuencias del alcoholismo o el uso de drogas, otras por VIH/Sida, las terceras por suicidio u homicidio. La entrevistada que relata la suerte de sus compañeras fue atacada y perdió la vision en un episodio de pelea territorial entre bandas rivales. Las buenas intenciones del alcalde y los jesuitas deben enfrentar la cruda realidad de que muchas de las personas que presentan comportamientos que en el pasado se llamaron “desviados” o “antisociales” persisten en apartarse de los caminos habituales de la sociedad. Las intervenciones hoy muy de moda, sean psicosociales en sentido amplio o educacionales en sentido estricto, tienen que demostrar no solo que son humanitarias, sino efectivas en el largo plazo.
En otro libro reciente, extremadamente interesante, sobre la historia del psicoanalisis en Chile previa a 1949, el Doctor en Psicologia de la Universidad de Chile Mariano Ruperthuz Honorato (Editorial Polvora, Santiago de Chile, 2015) presenta datos interesantes de como la influencia freudiana en la cultura chilena no se debe a lo supuesto por los psicoanalistas “oficiales” de la Asociación Psicoanalítica Chilena, filial de la Asociación Psicoanalitica Internacional, sino de médicos que dentro de su formacion europea de comienzos del siglo pasado, conocieron el pensamiento freudiano de primera mano, tales como German Greve y Fernando Allende Navarro, y que trajeron esas ideas a Chile, donde tuvieron una amplia aceptación.
Los circulos medicos oficiales mas bien rechazaron las tesis freudianas, y fueron los grupos literarios, artisticos y culturales de avanzada durante el periodo de entreguerras los que difundieron el psicoanálisis en la cultura. En la medicina, fueron los especialistas de la salud pública, quienes buscando intervenciones que mejoraran las condiciones de vida de las clases populares, buscaron modos de disminuir el alcoholismo, la prostitución y la delincuencia. Las teorías freudianas acerca de las pulsiones sexuales y agresivas eran interesantes para los pensadores liberales ya que reconocían la existencia de estos fenómenos, vistos como productos primitivos que podían ser domeñados por una educación que aumentara el control de los grupos ilustrados sobre los populares.
La teoría freudiana fue conocida en Chile a través de autores franceses, que promovieron una aceptación de su punto de vista como uno que a través de la psico-educación o de la psico-terapia, podían cambiar el destino de las masas. Salvador Allende es un ejemplo de esta ilustración progresista a través del conocimiento medico: su campaña destinada a promover los bares lácteos para disminuir el consumo excesivo de alcohol es otro ejemplo de esta ingenuidad que no reconoce los factores genéticos y hereditarios en varias de las condiciones que llevaron a la muerte a las travesties de Lavín.
Curiosamente, otro de los elementos que se promovieron en Chile de entreguerras fue la idea de “raza chilena”, como un sustento teórico de la hegemonía de los nativos de esta tierra, y la reticencia a aceptar migraciones que no fuera de países que compartian con ellos caracteristícas de fuerza y un destino superior. La mezcla de esta mirada nacionalista en una ideología populista, que en Alemania llevó al Nacional-Socialismo, llevaron a los partidos locales a propugnar soluciones étnicas hoy rechazadas por la mayoría liberal progresista actual. La euthanasia pareció entonces una solución para deshacerse de los débiles mentales, los psicóticos y los migrantes de zonas no aceptables para los planeadores sociales utópicos de eses entonces. El debate actual sobre los migrantes repite algunas de estas ideas, desde extremos opuestos del espectro politico.
El consecuencialismo ético es una corriente entre los bio-eticistas que afirma que la bondad de una acción es juzgada por sus consecuencias. En los casos antes citados, es indudable la maldad de las acciones que llevan a la muerte de las victimas del Holocausto nazi. Sin embargo, conductas que dañan a los recién nacidos, o a los enfermos mentales o a quienes tienen enfermedades terminals no son tan claramente vistas hoy como negativas por la sociedad. Las discusiones acerca del aborto o del suicidio asistido ilustran esta paradoja.
Estamos participando en una iniciativa de la Fundación Templeton y la Universidad de British Columbia acerca de los efectos de intervenciones psico-espirituales en la salud mental de los inmigrantes hacia Chile. En algunos Boletines del Instituto de Estudios Medico Psicológicos (www.iemp.cl) se pueden encontrar mas detalles a este respecto.
Dr Ramon Florenzano