Visitando Roma, la “Ciudad Eterna”, oimos al Papa Francisco hablando en su alocución semanal “Urbi et Orbe”, sobre la “Domenica”, el dia domingo, el dia de descanso para los cristianos en todo el globo. Otras religiones celebran el Shabath, el sábado.
Los mensajes espirituales, vengan de cualquier religión, apuntan a re-flexionar sobre temas cotidianos. Uno de ellos es el reposo cotidiano: desde un campo muy distinto, el de las neurociencias se ha acumulado cada vez mas evidencia empírica sobre la necesidad de hacer descansar al cerebro, el órgano integrador de todos los sistemas corporales, la sede de las funciones ejecutivas de la maquinaria homo sapiens sapiens.
El reposo es un logro histórico de la humanidad: los pueblos mas antiguos y sus equivalentes actuales, los pueblos aborígenes trabajan todos los días de la semana. La Roma primera, la de los emperadores, laboraba constantemente, no había un dia de descanso, excepto para las clases patricias. La Roma de los Césares dio paso a la Roma cristiana despues del siglo IV DC, y uno de los mandamientos de la Iglesia fue desde temprano el descanso dominical.
El Domingo, decía también el Papa en su alocucion semanal, es también el día de re-encuentro de la familia: es el momento en el cual se produce el re-ligare, el volver a vincularse en tiempo presente y en un mismo lugar, el hogar a veces, un lugar de comida o esparcimiento otras: la re-ligión se vive en familia cuando se va juntos a la iglesia, al templo, a la sinagoga o a la mezquita. En todos esos lugares el individuo, que muchas veces vive solo, sumido en sus quehaceres profesionales, en sus artesanìas u oficios, sabe que ese es un lugar donde es aceptado in-condicionalmente: no es evaluado por sus rendimientos, sus logros, o la calidad de lo sus artesanías.
El domingo entonces también es el momento del re-encuentro, del re-ligarse con la divinidad, llamese Yaweh, Dios o Alah, para agradecerle el regalo de la vida, de estar con los seres queridos, de recibir la misericordia divina, sin exigencies ni pruebas: es un regalo gratuito.
Los inmigrantes, como ex-céntricos a las culturas locales dominantes, viven los domingos como una carencia. Al tener a sus familiares lejos, el fin de semana es vivido como soledad, como una carencia, especialmente cuando faltan redes sociales, recursos económicos o grupos de pertenencias. Las comunidades religiosas, muchas veces formadas por migrantes, históricamente se han preocupado por los recien llegados.
La alegría (Gioia, Joy) de las fiestas de Navidad religiosas son un modo de ver en la cara de contento o de estupor de los niños la ingenuidad de los mas pequeños ante lo que aparece para ellos como un misterio: la promesa de paz y tranquilidad brindada por los padres se relaciona con la certeza de que hay un gran Padre en los cielos que ha brindado la vida por nosotros. La llegada del Niño Dios en Navidad contrasta con su muerte en la Cruz en Semana Santa: el brindar la vida por los humanos es una locura sublime, que anonada por su profundidad.
Otro elemento que permea las fiestas de fin de año, desde antes de la Era Cristiana en las celebraciones romanas, es la música: también las neuro-ciencias actuales han mostrado como los sonidos rítmicos o las obras clásicas de Occidente producen relajación cerebral y posibilitan la mirada alegre de niños o de ancianos. Al dia siguiente de oir al Papa en el Auditorio Juan Pablo II, oimos al Coro de la Basílica de San Juan de Letran en su Concierto de Navidad.
Es importante rescatar las fiestas de natalicio de Jesús del mundo del consumo y del lujo superfluo en las que las ha convertido el mundo post-moderno: mas que esperar el último gadget electronico, o buscar el ultimo ropaje a la moda, es necesario volver a la austeridad de nuestros antepasados, que podían reunirse en familia y celebrar con villancicos y coros familiares la posibilidad de estar vivos y reunidos.
El foco del dia domingo como una costumbre pro-activa que fomenta la salud mental, es buscar la oportunidad de reunirse gozosamente con las familias, nucleares y extendidas a los que viven cerca de ellas, o de re-ligarse a ellas a la distancia. Asimismo, el ofrecer oportunidades de compartir la común humanidad con inmigrantes o desposeidos es otro modo de recordar que somos miembros la misma especie, y que el homo sapiens tiene una veta de sabidudía positiva, que es fomentada tanto por las espiritualidades como por las ciencias actuales.
Ramon Florenzano
15 de diciembre de 2017.
Roma