No hay nada nuevo bajo el sol, dice el dicho en latín, y esto se comprueba en la historia de las ideas y de la medicina. En el primer plano, un buen ejemplo es la vida del gran humanista del Renacimiento Leonardo da Vinci, quien no sólo fue un gran artista, sino un teórico que escribió en sus “Cuadernos” sobre múltiples temas, lo que llevó a que fuera llamado el “Genio Universal”.
En el campo de la medicina, un libro del Doctor Alejandro Goic, ex Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, (Goic A. El Paciente Escindido, Mediterráneo, Santiago de Chile, 2012) nos muestra como hay que distinguir entre ser “un buen médico” de ser “un médico bueno”. Hay que ser primero un profesional que conoce bien su área de especialidad y sub-especialidad, para poder luego relacionarse bien con su paciente y darle una atención humanizada, señala Goic.
Entre los temas que Leonardo Da Vinci desarrolló en detalle estuvo el enfrentar al mismo tiempo pinturas o esculturas de una calidad que ha permanecido hasta nuestros días, con el conocimiento de la anatomía y funcionamiento del cuerpo humano subyacente a la piel. En una biografía muy actualizada de Leonardo (Issacson W. Leonardo Da Vinci: La Biografía. Penguin Random House, Santiago de Chile, 2018).
Entre los temas que revisa Goic desde su dilatada experiencia como médico clínico y educador universitario, se encuentra el rol de los cambios vitales en el gatillamiento de la enfermedad. Nos recuerda el cuestionario de Holmes, que ayudó a explicar hechos tales de que si bien el 80% de la población tiene bacillos de Koch en su sistema respiratorio, un porcentaje muy bajo (2 a 5%) hace la enfermedad tuberculosa en alguna de sus formas. El cuestionario de Holmes, en una escala de 0 a 100, mide la intensidad de los cambios vitales que ha experimentado la persona en los últimos 6 meses, y este autor mostró como quienes juntan mas unidades de cambios laborales o personales en un corto período son los que hacen enfermedades sean infecto-contagiosas o no transmisibles.
Leonardo da Vinci fue un autodidacta, hijo ilegítimo de un notario del pueblo toscano de Vinci, y que por lo tanto no pudo seguir el oficio de su padre. Esto lo llevó a buscar otros caminos en Florencia, donde se formo como pintor y escultor. Sucesivas migraciones, primero dentro de la península itálica y al final a Francia, fueron siguiendo a patronos que financiaron sus actividades: los Sforza, la familia Este, los papas Borgia y el Rey Francisco I de Francia estuvieron entre sus mecenas.
Un tema central en psicopatología ha sido la descripción de síntomas que pueden ser gatillados por diversos procesos mórbidos, o la búsqueda de enfermedades que tienen una esencia común. La fenomenología busca estos hechos que revelan una enfermedad a la base, como por ejemplo la esquizofrenia o la bipolaridad. La epidemiología muestra como la angustia o la depresión son síntomas gatillados por diversos procesos, sea biomédicos o psicosociales.
Este dilema es enfrentado en psicoanálisis, desde Freud, por una aproximación primero fenomenológica, y luego interpretativa. El fundador de la psiquiatría dinámica describió la neurosis de angustia, como un subconjunto de la entonces llamada neurastenia, primero, y luego la ligó a su teoría sobre la sexualidad reprimida.
Un seguidor de Freud, Erik Erikson, desarrolló la psicobiología de la teoría libidinal freudiana, hacia el campo psicosocial, mostrando como el ambiente familiar y social en el cual se desarrolla el niño influirá en su desarrollo adulto. En el caso de Leonardo, podemos aplicar el método psicobiográfico eriksoniano a su preocupación por lo normal y lo anormal: para el la norma estética se refería, como en la Grecia clásica, a la ecuación de verdad, bien y belleza. Las medidas normatizadas de su hombre de Vitruvio, estaban encuadradas dentro de un triangulo y un cuadrado, aludiendo a un problema geométrico que lo intrigó hasta su muerte: la cuadratura del círculo. El paragón de la belleza para el era el hombre joven, y su distorsión venìa con la vejez: muchos de sus “monstruos” eran realmente ancianos, deformados por el paso de los años. Su temor a envejecer lo llevó a representar lo anormal como lo viejo o enfermo.
Para la psiquiatría actual, el tema de si lo anormal es salirse de la norma es tomada por quienes piensan que lo normal debe iluminar el conocimiento psicopatológico, o bien quienes creen que la enfermedad psíquica permite reconocer la normalidad. La epidemiología toma la primera, la fenomenología de los cuadros mentales la segunda de dichas aproximaciones.
La consideración de los aspectos técnicos del diagnóstico psicopatológico y de las terapias basadas en la evidencia, es necesaria para que los profesionales de la salud mental se desempeñen eficientemente. Después de esto, la calidad de la comunicación profesional-paciente es necesaria para la adherencia a tratamientos psicofarmacológicos o psicoterapéuticos, que definen que se consigan los objetivos de los tratamientos indicados.
Dr Ramon Florenzano Urzua
Director Medico IEMP