La muerte repentina del ex presidente Alan García ha creado sorpresa y reacciones encontradas en los últimos días. Los comentarios van desde quienes critican los pasos formales dados por la Fiscalía que buscaba aclarar los pagos recibidos por el extinto mandatario desde la firma alemana Oddebrecht, disculpando al extinto por encontrarse en un callejón sin salida, hasta quienes dicen que el auto-infligirse la muerte nunca es una salida admisible ya que es huir de la justicia terrenal. 2.
La corrupción entre los mandatarios parece ser una constante no solo en el Perú, sino a nivel global. Independientemente de haber sido democráticamente electos o haberse tomado el poder por la via violenta, muchos deben luego aferrarse a este para no tener que enfrentar, al salir, tribunales de cuentas, contralorías nacionales, o una opinión publica adversa. Alan Garcia trato de salir de su país, asilándose en el Uruguay, sin éxito hace pocos meses.
Muchos otros presidentes latinoamericanos, se encuentran en la misma situación. Desde Cristina Rodríguez en la Argentina hasta el expresidente Fox de Mexico han sido enjuiciados por sus decisiones y eventuales enrequicimientos ilícitos. Fuera de Latinoamérica, tanto en Estados Unidos como en Europa, muchos exmandatarios tienen que responder por sus actos, y hay unos cuantos encarcelados.
En el Perú, país con el que nos une una historia común, la mayoría de los mandatarios recientes o sus familiares están siendo procesados, están prisioneros o prófugos. Algunos de ellos, como el expresidente Fujimori han estado asilados en Chile confiando en la tradición jurídica y nuestro respeto al debido proceso.
Entre los temas eludidos por la cobertura de prensa, está la salud mental del fallecido presidente. Elocuente orador, de imponente presencia, militó desde joven en un partido populista, el APRA, fundado por Victor Raul Haya de la Torre, llegando en dos oportunidades a la primera magistratura de su nación.
Si resumimos su biografía, es de notar su incansable energía para mantenerse vigente políticamente, su resistencia a las críticas de corrupción, a la impopularidad creciente en su primer mandato, en la medida que sus medidas económicas populistas llevaron a una seria hiper-inflación, a sus disputas con los mandatarios de los países aledaños, incluyendo a Chile, y a su fácil reconciliación una vez que las circunstancias cambiaban: esto se dio tanto con la presidenta Bachelet como con el presidente de Bolivia. Oscilante entre la amistad cercana y el odio político, ha sido también acusado de matanzas de campesinos durante su primer mandato. Desde esa perspectiva, se ha postulado que podría presentar un trastorno afectivo bipolar, y que el fatal desenlace de su vida fue un acto impulsivo al verse arrinconado y enfrentado a algo muy temido por el, la encarcelación.
Es el segundo presidente suicida del Perú, después de Gustavo Jiménez en 1933, y junto a Salvador Allende y a Joao Goulart uno de los tres presidentes sudamericanos que se han quitado su mandato al verse arrinconado por circunstancias políticas o legales adversas. Tuvo dos matrimonios, así como hijos de otras relaciones extramaritales, lo que le fue públicamente enrostrado en el Congreso peruano. Por todo lo anterior, pudiera cumplir criterios para trastorno afectivo bipolar.
La psicopatología de los líderes, del presente y del pasado es un tema de interés no solo de sus psicobiógrafos, sino para historiadores y cientistas políticos. Muchos mandatarios actuales han descrito sus pseudo-percepciones (el presidente anterior que les habla por medio de un emisario alado), o bien han impuesto un régimen paranoideo, con espias y contra-espias, para poder llevar a la opinión publica a compartir sus puntos de vista. En la Sagrada Biblia, tenemos reyes suicidas, como Saul, otros dominados por sus hijas, como Herodes Antipas al degollar a Juan Bautista, o Apóstoles que siguieron a su maestro al ir conscientemente a su propia muerte, como Pedro al retornar a Roma.
La muerte de Alan García puede ser un paso en la visibilización del suicidio como enfermedad, o como producto de pathos trágico y auto-asumido, como en las muertes de Salvador Allende. Los psicopatólogos pueden discutir si se trataba de una bipolaridad, una hipertimia, o un temor fóbico al ser obligado a vivir en espacios reducidos.
En personas en situaciones de poder político, económico o financiero, siempre es bueno aceptar una evaluación de salud mental, que puede prevenir tragedias que luego enlutan a familias o naciones, y que influyen en el destino de miles de ciudadanos de a pie. En nuestros proyectos de investigación y prevención, hemos intentado iluminar situaciones complejas en las que la herencia genómica, los sinos transgeneracionales y el contexto socio-político se entremezclan
Dr Ramon Florenzano