Cambio social, filosofía y constituciones

El terremoto social que hemos experimentado los chilenos admite múltiples explicaciones, y todos estamos entre la intensidad de las vivencias sean directas sean intermediadas por los medios de comunicación, y los intentos de reflexionar acerca de lo que aconteció y sus consecuencias.

La filosofía, como disciplina que intenta reflexionar con distancia intelectual y sabiduría (etimológicamente significa amistad con la sabiduría), aportan una mirada compleja a los capítulos que se siguen escribiendo desde el estallido de hace dos meses. En un reciente encuentro sobre Epistemología y Psiquiatría realizado en la Universidad Austral de Valdivia, se hicieron interesantes aportes al tema.

Los que desconocen la historia están condenados a repetirla, y en el caso de los cambios a la constitución chilena que debiera advenir en un futuro próximo, la historia nacional nos muestra que todas las constituciones se han visto antecedidas por períodos de confusión, incerteza y a veces, anarquía. La constitución de 1833, que duró casi un siglo, se vio precedida por una rápida sucesión de gobiernos: desde la abdicación de O´Higgins hasta la batalla de Lircay pasó poco mas de una década.

Un historiador chileno, Manuel Vicuña (Un juez en los infiernos: Benjamin Vicuña Mackenna. Ediciones Universidad Diego Portales, 2009) nos relata la vida de un político, intelectual y hombre de acción que participó en algunos episodios no bien recordados de la historia patria, en los intentos de las facciones liberales de la mitad del siglo XIX por terminar con la hegemonía de la república conservadora creada por Diego Portales y representada en esos años por el presidente Manuel Montt.

Una polaridad entre las interpretaciones actuales de los hechos, es entre las miradas que Gilles Deleuze y Felix Guattari en su AntiEdipo, ya mencionado en blogs anteriores, denominan miradas micro-cósmicas o macro-cósmicas. La primera, preferida por los psicoanalistas e historiadores de las individualidades, se centra en la narrativa de las personas, y como estas influyen en los eventos en los cuales las sociedades cambian en forma evidente. La segunda, se centra en los movimientos de masas, de grandes grupos sociales, en los que en las ultimas semanas se han tomado «la calle» no solo en Chile, sino en Bolivia, Francia y Hong Kong, mostrando lo que se sería para algunos un cambio de época.

En el libro de Vicuña, se describe un personaje y un evento: Miguel José Cambiaso, el protagonista del «Motin de Cambiaso«, en el cual Benjamín Vicuña Macienna tuvo un rol al mismo tiempo de historiador (escribió un libro al respecto), sino de instigador y ulterior protagonista. En breve, este personaje nace en 1821, hijo de un médico español y de chilena, criado en Valparaíso donde se gana la vida como empleado en el cuartel del regimiento de artillería porteño. Gana notoriedad en 1851, después de una vida aparentemente normal pero con hechos biográficos ya monstruosos (habría envenenado a su primera esposa), cuando en Punta Arenas se amotina, se toma la ciudad, libera a los reos del Penal magallanico, y fusila sumariamente al Gobernador Muñoz Gamero, al capellán de la cárcel, hasta que las tropas regulares lo apresan para enviarlo enjaulado a Valparaíso, donde son ajusticiados despues de un debido proceso y corte marcial.

Lo anterior es estudiado por un historiador ya fogueado, el mismo Vicuña Mackenna que en la década de los 50 se había rebelado en contra de la «dictadura de Montt», exigido una nueva constitución, editado un pasquín denominado Asamblea Constituyente, encabezado una revolución secesionista en Coquimbo, siendo finalmente derrotado por las tropas regulares en la batalla de Los Loros en 1859. A diferencia de Cambiaso, Vicuña Mackenna fue exiliado y volvió a Chile cuando el presidente liberal José Joaquín Pérez accedió al poder.

Ciento setenta años después, otra vez vemos un fuerte movimiento pidiendo mayor justicia, como lo pidió Francisco Bilbao en la Sociedad de la Igualdad en ese entonces. Vemos movimientos populares en todas las ciudades del país, donde ciudadanos bien intencionados piden mayor acceso al crecimiento de un país donde el poder se ha concentrado en unas pocas personas, o en unas pocas familias. Vemos también como surgen personalidades desequilibradas, como la de MIguel Cambiaso, que se amparan en la masa o el colectivo para interrumpir las rutinas habituales de las vidas de sus compatriotas, para tratar de tomar el poder y de derrocar al presidente elegido en un proceso electoral ordenado.

Los profesionales de la salud mental, sean psiquiatras, psicologos, psicoanalistas u otros, tienen que intervenir, sea enfrentando las consecuencias de las crisis sociales, sea identificando como clinicos o peritos judiciales a los que en esos años eran llamados «monstruos del mal«, como fue denominado Miguel José Cambiaso, y hoy dia caen en la denominación de personalidades psicopáticas o desviadas. En ese entonces la rebeliòn de los ciudadanos no fue tolerada por el gobierno de Montt, hoy dia la respuesta es mas matizada: se deben respetar los derechos humanos de las multitudes y velar por la mantencion del orden público.

Los días, meses o años que vienen serán cruciales para volver a un camino de crecimiento humano solidario, y la salud mental de los gobernantes continuará siendo un tema clave, como lo ha sido desde que tenemos registros históricos escritos. La naturaleza humana no cambia, dirán algunos, o podemos crear hombres nuevos, con una adecuada educación de nuestros hijos o nietos, señalarán otros.

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