Muertes súbitas, la dictadura del tiempo e historias de inmigrantes.

La súbita muerte de un destacado psiquiatra y psicoanalista, Ricardo Capponi Martínez, nos entristece a todos. Sucede en un momento ascendente de su carrera, y al final de una vida adulta que le permitía un paso a una ancianidad tranquila. Su ultima obra, (Felicidad solida: sobre la construcción de una felicidad perdurable, Caligrama, Santiago de Chile, 2019) había sido un éxito editorial chileno y latinoamericano; fue a Barcelona a concretar su difusión en España y Europa. Repentinamente un cuadro vascular agudo se lo llevó hace pocos días, entristeciendo a familiares, amigos y colegas.

Mauricio Barase hablando acerca de la desigualdad se centra en lo que llama «Dictadura del Tiempo«. Señala que las clases señoriales manejan su tiempo a su antojo, y sus recursos les permiten contratar siervos, sirvientes, empleados, a personas que tienen que vender su vida y trabajar largos horarios para poder subsistir y mantener a sus familias. Conversando con Ricardo hace un mes o poco mas, el me comentaba como el pasar de un ejercicio clínico ocupado, como el de muchos profesionales de la salud mental a ser escritor había parecido una liberación: los escritores pueden viajar, escribir desde cualquier lugar, y comunicarse con sus editores irregularmente. En la práctica, me contaba, el pasar de sus primeros libros, reconocidos en el ámbito académico, a su ultima obra, éxito de ventas, significaba que tenía que ir de ciudad en ciudad o de país en país a presentarla, difundirla y volvía a perder libertad personal. En la obra misma, su concepto central, el de Recursos Mentales (RD) plantea que la madurez emocional implica que la persona gana autonomía interior y deja de depender de los demás en su auto-estima, o en sus condiciones de subsistencia. Esto es cierto, pero se encuentra supeditado al entorno territorial y socio-económico en el que se nace.

El cambio temporal es lento: los que esperan que una nueva Constitución lleve a cambios inmediatos en la vida de sus hijos (o de sus abuelos), no toman en cuenta que la movilidad social toma varias generaciones: la vida del propio Dr. Capponi es un ejemplo. El relata en su libro como su abuelo llegó de la LIguria italiana al pueblo sureño de Laja. Alli abrió un almacén, como lo hicieron tantos inmigrantes: el » bachicha de la esquina». Con los ahorros de ese boliche, el abuelo compró un pequeño campo de 40 hectáreas, donde plantó sus viñas, su sueño de adolescente en la Liguria. Esas viñas no fueron nunca rentables, y requerían mucho trabajo de mantención, vendimia, y envasado, lo que el para abaratar costos, realizaba con poca ayuda. Para el producir ese vino era volver a su infancia, a su tierra donde nunca volvería. No se sentía trabajando: » el sustento me lo gano con el almacén». Estas viñas, hoy enterradas bajo la población VIlla Capponi,en Laja, dice el psiquiatra «llenaron de sentido la vida de mi abuelo».

La historia anterior se repite en la vida de muchos inmigrantes, que llegaron desde España durante la Colonia chilena y luego desde diversos lugares de Europa en los siglos XIX y XX, y que se cruzaron con chilenos, creando una ancestría mestiza, que le ha dado estabilidad a nuestra estructura social. Los indoeuropeos y los amerindios constituyen un porcentaje importante de la composición genómica de los chilenos. Los migrantes han realizado trabajos no queridos por los nacionales, pero también han aportado nuevas miradas y creado riqueza nueva, que ha permitido innovación y creatividad que no existían en el mundo estable pero monótono que dejaron siglos de coloniaje. La pujanza biológica de la cruza genética se ve en la historia de Chile: tanto O´Higgins como Freire y Balmaceda venían de familias con pocas generaciones en Chile, pero su descendencia se entroncó con las así llamadas «Familias Fundadoras» para aportar a estabilizar una patria sólida. Algunos próceres de la independencia se quedaron en el país, otros volvieron a sus patrias: Lord Cochrane al Reino Unido, José de San Martín a Europa (el venía de una familia de militares españoles y murió en Francia). La historia transgeneracional de Capponi emula lo anterior, al morir en el continente de su abuelo).

Capponi además creó puentes entre la psiquiatría descriptiva clásica y el psicoanálisis, en su obra juvenil sobre psicopatología y funciones del Yo, y posteriormente entre las neurociencias, la psicología académica y el psicoanálisis actual, en su opus magnum final, al hablar de felicidad sólida. En este libro se adentra en la idea de Baumann de Amor Líquido (Fundo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005). al hacerlo extensible al de Felicidad, contrastando la felicidad lìquida, hedónica y transitoria, a la felicidad sólida, producto de relaciones interpersonales y famliares estables. Las terapias analíticas no son encuentros de corto plazo, o centradas en psicofármacos, como muchas de las en boga hoy día, sino requieren un trabajo de largo plazo entre el psicólogo o el psiquiatra psicodinámicos, que reflexionan pausadamente acerca del sentido del acontecer externo del paciente. En una carta reciente León Cohen subraya este punto.

6. Lo transgeneracional se da no solo hacia arriba, hacia la vida de nuestros abuelos o «antinati», como se llama en italiano a nuestros antepasados. sino hacia las generaciones que vienen. En el caso de los inmigrantes, estos pueden sentirse adaptados y cómodos en la cultura de acogida, como se da muchas veces en Chile, o bien sentirse excluidos o discriminados. Las investigaciones acera de hijos de migrantes de David Sirlopu y su grupo en la Universidad del Desarrollo muestran la frecuencia del bullying entre hijos de inmigrantes peruanos o de otras nacionalidades en las escuelas básicas chilenas. La prevención de problemas en las generaciones venideras incluye el trabajo sistemático con la identidad inclusiva de los migrantes.

Entre los actores relevantes de la actual coyuntura en Chile se encuentran descendientes de alemanes e ingleses, como Gonzalo Blumel MacIver, y otros como Jorge Sharp, el alcalde de Valparaíso. Se sienten integrados y toman la bandera de las salidas positivas del cambio social que viene. Ricardo Capponi también llegó a ser consejero tanto del Presidente de la República como de diversos grupos de variadas orientaciones con su vision, que al decir de un reportaje de La Tercera, lo convirtiò en «el médico del alma chilena» (La Tercera, 19 de Enero de 2020).

Desde otra mirada, la protesta de «la calle» que hemos vivido desde el 18 de Octubre apunta al reemplazo de las «tribus» tradicionales (que han reemplazado el coloniaje hispano por una clase señorial criolla desde 1810) por nuevas «tribus» actuales. La vanguardia del proletariado pasa a tener nuevos privilegiados: : el caso Chanfreau muestra lo anterior, al ofrecer el director de carrera una plaza al dirigente lider de ACES una plaza sin dar prueba de suficiencia universitaria, a un hijo de un profesor de la misma en la Universidad Austral. Esas entradas solo por recomendación telefónica de un personaje altamente colocado la conoció nuestra generación en la década de los sesenta y luego, con signo contrario, en la de los setenta. Nihl novum Subsole.

Dr Ramon Florenzano Urzúa

 

Cambio de año, cambio social y movimientos aberrantes.

Terminó el 2019 y comienza el 2020. Algunos señalan que aun no cambiamos de década, lo que sucederá a fines de este año, pero el número 2020 tiene un encanto estético, y muchas esperan que se cierre un ciclo largo de la historia de Chile, y se comience otro, mas respetuoso de las aspiraciones de los necesitados, sin seguir al servicio del mismo grupo social que protagonizó la independencia de Chile para seguir con el sistema español de una clase señorial y otra de vasallos.

El cambio social ha sido presentado como importante y necesario, y ha llevado a que desde el presidente de la república, los partidos políticos y «la calle» proclamen la necesidad de una nueva constitución, vista como una refundación de las bases de la convivencia nacional. Se han fijado fechas, pasos a dar, y una compleja maquinaria para reemplazar la carta fundamental que nos rige. Para muchos, esto no llevará a los cambios rápidos a los problemas en salud, transporte, delincuencia, o jubilaciones insuficientes que se esperan, pero representa una voluntad de cambio.

Algunos señalan que los movimientos sociales chilenos desencadenados el 18 de Octubre no son tan originales ni propios de nuestra peculiar historia, sino que corresponden a expresiones masivas de descontento que comenzaron o en España con los «indignados», o en Nueva York con las manifestaciones en Wall Street hace ya años. Una película interesante, filmada previamente a las grandes manifestaciones del 2019 en muchos lugares del globo, el «El Guasón», la cual muestra de modo profético como un sujeto que vive en un mundo propio y muy a disgusto con su propia vida, puede gatillar una respuesta masiva, contagiando a millares de conciudadanos que comparten su incomodidad con el aprovechamiento de unos pocos de un orden social jerárquico e inhumano.

El personaje de Arthur Fleck en la obra dirigida por Todd Phillips nos acerca al tema de la salud mental: para psiquiatras y psicólogos clinicos, para psicopatólogos y psicoanalistas, el Guasón es un enfermo mental severo, en el sentido de que tiene impulsos autodestructivos y es violento hacia los demás, y que la falta de un sistema de protección social para el lleva a hechos violentos que pasan a ser imitados por muchos. Los que trabajamos en centros psiquiátricos públicos sabemos que la pelìcula se aplica también a lo que sucede en Chile, y muchos han señalado que parte de los que protestan en las calles de nuestras ciudades tienen problemas mentales diagnosticados, tratados y que el movimiento social descompensa equilibrios personales precatios.

Un periodista de La Tercera señala que» en El Guasón el odio se exhibe como justicia; la justicia como revancha, y la revancha como violencia en manos de un victimario que es presentado como víctima» y es posible ver algo de esa lógica «en los escolares que protestan colándose en el Metro«. Aunque para Brito eso es sólo el diagnóstico, porque hay un problema más de fondo, «una diferencia importante entre el guasón hollywoodense y las versiones criollas». «El primero es un perturbado cuyo lugar natural es el manicomio; acá en cambio, tratamos a nuestros guasones con toda seriedad y nadie es capaz de advertir lo obvio: sus reclamos a menudo no son más que una pose desquiciada«.

Desde una mirada psicopatológica mas fina, se puede discutir si el personaje aludido es bipolar, esquizofrénico o una personaldad narcisista extrema. Los psicoanalistas diriamos que proviene de una infancia muy alterada, de una familia quebrada y con un padre abandonador. Es claro que la sociedad exitista trata a los «fracasados» como un desecho que hay que descartar, y que es poco sensible al dolor y a la rabia intensos producidos por las barreras sociales. Para algunos sociólogos, es como se presenta la lucha de clases en la tardo modernidad.

Otra perspectiva desde la filosofía de Gilles Deleuze y el psicoanalisis lacaniano de Felix Guattari, es la de los «movimientos aberrantes«. El ciudadano común, el utopico «sujeto normal» de los psicopatologos, es una persona que acepta reflexivamente el orden social existente, y que ciucula mansamente por los senderos proporcionados por los espacios urbanos o rurales existentes. En el tiempo, recorre un ciclo vital semejante al de sus padres y abuelos, y trabaja denodadamente parq eu sus hijos tengan una mejor educación y por lo tanto una mejor vida. Los movimientos aberrantes del personaje del Guasón, sorprenden y lo llevan a ser còmico de «stand ups» televisivos. Los cortes de calles de los movimientos sociales de hoy día producen rupturas y hacen que todos busquen nuevas salidas, sean físicas por calles transversales, o sociales como nuevos ordenes constitucionales.

Los que buscan el cambio social rápido planean y ejecutan movimientos aberrantes deliberadamente, esperando encontrar una respuesta sea en la masa social, en militares populistas, o en el país entero, que lleve al cambio. Pero el cambio social es lento, y requiere varias generaciones. Desde una nueva constitución a tener niños con un futuro abierto, independientemete de la circunstancia de su nacimiento, tomará varias generaciones. En el intertanto tenemos que encontrar una salida que permita seguir adelante.

Lo anterior se aplica al diagnóstico, tratamiento y prevención de los problemas de la salud mental, para evitar suicidios, homicidios u hospitalizaciones involuntarias. Parte de la tarea de los especialistas es avanzar ahora en la busqueda de soluciones para esos problemas.

En estos meses, hemos visto un aumento del numero de consultas ligadas a la incerteza sobre el futuro personal o social, y como la pérdida de confianza en las instituciones y en nuestros sistemas de información llevan a decieiones apresuradas de cambios incluso que llegan a plantearse la emigración. Una de las tareas abiertas es recuperar la fe en la capacidad de salir adelante y recuperar esa confianza.

Dr Ramon Florenzano