Cambio de año, cambio social y movimientos aberrantes.

Terminó el 2019 y comienza el 2020. Algunos señalan que aun no cambiamos de década, lo que sucederá a fines de este año, pero el número 2020 tiene un encanto estético, y muchas esperan que se cierre un ciclo largo de la historia de Chile, y se comience otro, mas respetuoso de las aspiraciones de los necesitados, sin seguir al servicio del mismo grupo social que protagonizó la independencia de Chile para seguir con el sistema español de una clase señorial y otra de vasallos.

El cambio social ha sido presentado como importante y necesario, y ha llevado a que desde el presidente de la república, los partidos políticos y «la calle» proclamen la necesidad de una nueva constitución, vista como una refundación de las bases de la convivencia nacional. Se han fijado fechas, pasos a dar, y una compleja maquinaria para reemplazar la carta fundamental que nos rige. Para muchos, esto no llevará a los cambios rápidos a los problemas en salud, transporte, delincuencia, o jubilaciones insuficientes que se esperan, pero representa una voluntad de cambio.

Algunos señalan que los movimientos sociales chilenos desencadenados el 18 de Octubre no son tan originales ni propios de nuestra peculiar historia, sino que corresponden a expresiones masivas de descontento que comenzaron o en España con los «indignados», o en Nueva York con las manifestaciones en Wall Street hace ya años. Una película interesante, filmada previamente a las grandes manifestaciones del 2019 en muchos lugares del globo, el «El Guasón», la cual muestra de modo profético como un sujeto que vive en un mundo propio y muy a disgusto con su propia vida, puede gatillar una respuesta masiva, contagiando a millares de conciudadanos que comparten su incomodidad con el aprovechamiento de unos pocos de un orden social jerárquico e inhumano.

El personaje de Arthur Fleck en la obra dirigida por Todd Phillips nos acerca al tema de la salud mental: para psiquiatras y psicólogos clinicos, para psicopatólogos y psicoanalistas, el Guasón es un enfermo mental severo, en el sentido de que tiene impulsos autodestructivos y es violento hacia los demás, y que la falta de un sistema de protección social para el lleva a hechos violentos que pasan a ser imitados por muchos. Los que trabajamos en centros psiquiátricos públicos sabemos que la pelìcula se aplica también a lo que sucede en Chile, y muchos han señalado que parte de los que protestan en las calles de nuestras ciudades tienen problemas mentales diagnosticados, tratados y que el movimiento social descompensa equilibrios personales precatios.

Un periodista de La Tercera señala que» en El Guasón el odio se exhibe como justicia; la justicia como revancha, y la revancha como violencia en manos de un victimario que es presentado como víctima» y es posible ver algo de esa lógica «en los escolares que protestan colándose en el Metro«. Aunque para Brito eso es sólo el diagnóstico, porque hay un problema más de fondo, «una diferencia importante entre el guasón hollywoodense y las versiones criollas». «El primero es un perturbado cuyo lugar natural es el manicomio; acá en cambio, tratamos a nuestros guasones con toda seriedad y nadie es capaz de advertir lo obvio: sus reclamos a menudo no son más que una pose desquiciada«.

Desde una mirada psicopatológica mas fina, se puede discutir si el personaje aludido es bipolar, esquizofrénico o una personaldad narcisista extrema. Los psicoanalistas diriamos que proviene de una infancia muy alterada, de una familia quebrada y con un padre abandonador. Es claro que la sociedad exitista trata a los «fracasados» como un desecho que hay que descartar, y que es poco sensible al dolor y a la rabia intensos producidos por las barreras sociales. Para algunos sociólogos, es como se presenta la lucha de clases en la tardo modernidad.

Otra perspectiva desde la filosofía de Gilles Deleuze y el psicoanalisis lacaniano de Felix Guattari, es la de los «movimientos aberrantes«. El ciudadano común, el utopico «sujeto normal» de los psicopatologos, es una persona que acepta reflexivamente el orden social existente, y que ciucula mansamente por los senderos proporcionados por los espacios urbanos o rurales existentes. En el tiempo, recorre un ciclo vital semejante al de sus padres y abuelos, y trabaja denodadamente parq eu sus hijos tengan una mejor educación y por lo tanto una mejor vida. Los movimientos aberrantes del personaje del Guasón, sorprenden y lo llevan a ser còmico de «stand ups» televisivos. Los cortes de calles de los movimientos sociales de hoy día producen rupturas y hacen que todos busquen nuevas salidas, sean físicas por calles transversales, o sociales como nuevos ordenes constitucionales.

Los que buscan el cambio social rápido planean y ejecutan movimientos aberrantes deliberadamente, esperando encontrar una respuesta sea en la masa social, en militares populistas, o en el país entero, que lleve al cambio. Pero el cambio social es lento, y requiere varias generaciones. Desde una nueva constitución a tener niños con un futuro abierto, independientemete de la circunstancia de su nacimiento, tomará varias generaciones. En el intertanto tenemos que encontrar una salida que permita seguir adelante.

Lo anterior se aplica al diagnóstico, tratamiento y prevención de los problemas de la salud mental, para evitar suicidios, homicidios u hospitalizaciones involuntarias. Parte de la tarea de los especialistas es avanzar ahora en la busqueda de soluciones para esos problemas.

En estos meses, hemos visto un aumento del numero de consultas ligadas a la incerteza sobre el futuro personal o social, y como la pérdida de confianza en las instituciones y en nuestros sistemas de información llevan a decieiones apresuradas de cambios incluso que llegan a plantearse la emigración. Una de las tareas abiertas es recuperar la fe en la capacidad de salir adelante y recuperar esa confianza.

Dr Ramon Florenzano

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