Emmanuel Kant (1724-1804), cuando joven tuvo intereses menos conocidos que sus grandes obras de madurez, como las Criticas de la Razón Pura, de la Razón Práctica o del Juicio. En “El Duelo de los Ángeles: Locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno”, Roger Bartra (Fondo de Cultura Económica, México, 2018) estudia su breve obra “Ensayo sobre las enfermedades de la Cabeza”. Este escrito, poco mencionado por los filósofos kantianos, es interesante para los psicopatólogos. Allí hace una descripción de las diversas enfermedades mentales, que para el van desde la simple estupidez hasta la locura bufonesca. Kant es un convencido de que los males de la cabeza proceden de la sociedad, y estudia casos que conoce, como el del Emmanuel Swedenborg, que decía ser capaz de comunicarse con el mundo de los espíritus. Para el hay formas tolerables de locura, que no anulan la participación en la vida social, y otras en las que es necesario tratar a los afectados por el mal. Entre las primeras incluye Kant a las “pulsiones de la naturaleza humana”, dando el ejemplo de que una pasión amorosa o la ambición pueden convertir a un hombre razonable en un loco irracional. Entre las formas graves de la locura coloca Kant a la melancolía, a la cual liga a la hipocondría que sitúa en el abdomen. El melancólico está lleno de tristes suposiciones, y esta penuria debe ser tratada recurriendo al médico, al cual el filósofo puede ayudar escribiendo, lo que es un modo de hacer catarsis (eliminar) las ideas locas que lo asedian. Concluye afirmando que el filósofo melancólico debe optar entre eliminar su melancolía, escribiendo; eliminándose (abriéndo la posibilidad del suicidio) o bien, lo mas difícil “guardando silencio”.
Kant fue criado en un hogar pietista, por padres extremadamente religiosos. Desde sus días hasta ahora, lo espiritual puede llevar a posiciones clericalistas, que son revisadas en la historia chilena por el libro de Ana María Stuven y Darío Castillo (Construyendo un Reino de este Mundo: Ensayo Histórico sobre Clericalismo y Política en Chile.Ediciones UDP; Santiago de Chile, 2020). El clericalismo ha sido definido por el papa Francisco como “una manera desviada de concebir la autoridad en la Iglesia”. Históricamente, la Iglesia fue definiendo y defendiendo su autoridad frente al laicado y al poder político apoyándose en su origen divino. Aunque ya Jesús sabía que el afirmar su palabra frente al poder de los sumos sacerdotes traería roces, fue en el siglo IV dC que, con la conversión de Constantino, se llegó a una unidad político-religiosa que unió el poder del Imperio Romano con la jerarquía eclesiástica.
Ese conflicto se aceleró durante la reforma protestante, en la que Lutero no solo se rebeló contra la autoridad de Roma y su comercio con las indulgencias, sino que afirmó que todos los bautizados son sacerdotes. En 1541 la respuesta de Roma fue el Concilio de Trento que reforzó la autoridad de la jerarquía, diciendo que los sacerdotes representan en la tierra a la persona misma de Dios. En Chile, ese conflicto aparece en el siglo XIX en la Independencia, en que el régimen monárquico con un soberano “por derecho divino”, fue reemplazado por un sistema republicano basado en la soberanía popular. El conflicto del patronato en la designación de la autoridad eclesiástica atravesó todo ese siglo, que en Europa fue representada por el Papa Pio IX, y en Chile por los conservadores ultramontanos y por el Obispo Rafael Valentín Valdivieso. El primer arzobispo de Santiago defendió a la iglesia en contra del Estado, del protestantismo y de la masonería. Asimismo, trató de mantener a las mujeres en sus hogares, negándoseles el acceso a la educación científica. La iglesia trató de separarse del poder civil, y de la enseñanza laica, formando su propia, y las Acciones Católicas que trataron de evitar que el laicado fuera autónomo. En el siglo XX este conflicto se mantuvo hasta la separación entre la Iglesia y el Estado, pero persistió en el Partido Conservador. El papado mantuvo su estructura piramidal, y los papas mantuvieron lo mas que pudieron su soberanía: Pio XI fue el ultimo Papa-Rey (de Roma). Stuven postula que solo el Concilio Vaticano II trató de terminar con la estructura jerárquica de Trento, pero aún así, mantuvo la sacralidad de la figura sacerdotal. Lo que ella y Castillo señalan es que la Iglesia como comunidad de fieles es un concepto distinto de la iglesia jerárquica. La ultima mantiene hasta hoy su visión de la mujer sometida a la autoridad del hombre, sea marido o sacerdote, ya que ellas no pueden ser ordenadas. En esto se mantiene la tradición paulina, y en los sistemas de autoridad eclesiástica que eximen a la jerarquía de todo sistema de escrutinio, lo que se puede ligar a los abusos sexuales y de poder sobre el laicado.
Kant es también de interés para los psicoanalistas. Sigmund Freud, poco amigo de aceptar su tributo a filósofos de su época, como Nietzche o Schopenhauer, si reconoció su deuda con Von Brentano y con el propio Kant. Estas raíces freudianas siguen siendo relevantes hasta hoy día, pasando por Lacan, y llegando a Deleuze y Guattari. En estos autores se tensionan miradas individualistas y del mundo interno, como en Freud, con otras colectivistas y centradas en las máquinas sociales y los movimientos aberrantes, como en esos autores.
La vida personal influye en la obra intelectual. En estos días de aislamiento obligado, recordamos la “década silenciosa” de Kant, que ya reconocido con los cargos de profesor de Lógica y Metafísica en la Universidad de su ciudad natal, Königsberg, no escribió por diez años y eludió viajar para pronunciar conferencias y aceptar ofrecimientos de príncipes, o recibir el crédito por su popularidad creciente como autor, sino que se dedicó a escribir su Critica de la Razón Pura, un punto de inflexión para la filosofía de Occidente hasta nuestros días. Ya en vida fue visto como el puntal de las filosofías idealistas, y su rol fue central hasta la gran síntesis hegeliana del siglo XIX.
Como en otros gigantes intelectuales, la productividad kantiana llegó hasta que su cuerpo le falló. Ya tenía síntomas de arteriosclerosis cerebral, y en su último año de vida se vio limitado por dolores estomacales, pérdida de memoria y somnolencia. Tal como Nietzche y el propio Freud, su productividad intelectual decreció en la medida que la máquina corporal fallaba.
Kant también incursionó en política, no aceptó el rol central de la felicidad individual de las revoluciones americana y francesa, que le tocó conocer desde su aislamiento prusiano, y en la práctica avaló la teoría del Estado de Hobbes, con su visión de un estado protector de la violencia inter-humana (Homo homini lupus). Estos temas surgen también en su psicopatología, donde distingue las locuras inofensivas de las peligrosas. Si bien sus categorías no son las actuales, algunos de sus puntos de vista tienen aun vigencia, como el de la locura razonante, que se ven tanto en estructuras obsesivas de personalidad, como en sistemas delirantes crónicos, en los cuales la persona desarrolla una teoría conspiratorial de lo que le sucede. Esas categorías persisten hoy, con otros nombres: los sistemas intelectuales sin base corporal se ven en teorías especulativas o poéticas acerca de idealizan la locura como creativa o como aportando al cambio social.
¿Qué relevancia tiene esto para la salud mental? El avance hacia la integración del nuevo conocimiento aportado por las neurociencias y el mundo mental ordenado sea psicopatológica o psicodinámicamente se traduce en disciplinas de fronteras, como la neuropsiquiatría o el neuropsicoanálisis. En la práctica clínica, los sistemas diagnósticos mas recientes buscan las bases materiales de los distintos trastornos mentales, y las terapias se preocupan de mantener el buen funcionamiento cerebral con un adecuado ritmo sueño-vigilia, con una sana alimentación o evitando el consumo de sustancias tóxicas legales o ilegales. Acepta la locura bufonesca de Kant en algunas personalidades con uso excesivo del humor, pero teme a aquellos fanáticamente convencidos de sus creencias sean religiosas o políticas. La locura bufonesca se ve hoy en cuadros graves como en las clásicas hebefrenias, o en otros leves en las cuales el sentido del humor es un factor protector para no tomar la pandemia tan trágicamente.
En el plano de la organización de servicios de salud mental, tanto los sistemas públicos como privados también tienden a integrarse con los de salud general, y la pandemia de coronavirus ha catalizado sistemas de teleconsulta y programas preventivos a distancia que tienen efectividad mensurable. Dispositivos privados como el Instituto de Estudios-Médico Psicológicos pueden colaborar eficazmente con los sistemas públicos en sus niveles diagnósticos, terapéuticos o preventivos.
Dr Ramon Florenzano
Director Médico IEMP