Locura, genio y fin de la vida.

Diversos genios terminaron locos o enfermos: Federico Nietzche, Max Weber y Jacques Lacan. Otros presentaron enfermedades médicas que les limitaron sus últimos años: Immanuel Kant y Sigmund Freud son ejemplos. Immanuel Kant tuvo una forma especial de locura: su personalidad obsesiva lo hizo vivir en forma extraordinariamente ordenada, prácticamente no salió de su Königsberg natal, lo que le permitió una productividad científica excepcional. Entre sus escritos juveniles se encuentra un pequeño tratado de psicopatología que es de interés porque explora el mundo de la enfermedad mental de un modo que fue después ampliado por la gran psiquiatría germana. Sigmund Freud, formado como neuropatólogo, pasó desde la descripción de los cuadros neuróticos, ansiosos e histéricos, a crear una disciplina independiente, el psicoanálisis, que le labró fama e inmortalidad. Tal como a Kant, su vida ordenada y obsesiva le permitió a Freud escribir 24 tomos de obras completas. Sus problemas médicos fueron de otra índole: un cáncer de mandíbula mal tratado lo limitó progresivamente desde 1920 hasta su muerte en Inglaterra en 1940.

Algunos genios recorrieron su país y alrededores buscando un lugar donde aliviar sus males y encontrar tranquilidad para escribir. Nietzche en Sils Maria, en Suiza escribió algunas de sus obras finales y mas proféticas, así como Max Weber encontró en la isla de Ascona el lugar para dejar su cátedra de Heidelberg y vivir los últimos años (relativamente) tranquilo. Relativamente porque después de toda una vida de ascetismo victoriano, en sus últimos años Weber dejó de lado la hipocresía de los profesores universitarios (se acuerdo a la definición de La Rochefoucauld: la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud). O bien, la paráfrasis freudiana de Peter Gay. “ el tributo que el ego decimonónico pagó al Super Yo”. En esos años vivió mas disipadamente que en su larga trayectoria académica anterior, siempre acompañado por su esposa y biógrafa, Marianne.

El fin de la vida de varios genios concluyó con algunos sumidos en la locura, como es el caso de Federico Nietzche, que perdió la razón para algunos como consecuencia de sus devaneos juveniles donde contrajo una sífilis, o para otros por el esfuerzo intelectual máximo que implicaron sus obras finales, con los aforismos de la Genealogia de la Moral, de Zaratrusta, etc. En el caso de Max Weber, comenzó a presentar episodios depresivos ya en 1897, en que presentò un agotamiento nervioso que le hizo dejar su cátedra de Heidelberg, y que “lo obligaba a pasar días enteros mirando al vacío a través de la ventana de su casa (”Erica Grossi, Max Weber: le scienze sociale di fronte a la modernitá. Batiscafo, 2015). Finalmente, murió en forma repentina, en 1920 víctima de la gripe española que asoló la Europa de post-guerra. El estaba también escribiendo su gran obra final (Economia y Sociedad) que dejó inconclusa.

Las pandemias han sido compañeras históricos de la humanidad desde las plagas de Egipto hasta los días que vivimos. No solo genios sino líderes políticos han enfermado en momentos cruciales: el presidente Woodrow Wilson dirigía las negociaciones para poner fin a la Gran Guerra en Versalles en 1919 cuando tuvo una grave gripe española, siguió negociando la rendición alemana aun con fiebre y con un evidente cuadro de alteración de conciencia e ideación paranoide. Sus desatinos llevaron no solo a que Sigmund Freud y el embajador de EEUU Bullitt escribieran la primera psicobiografía psicoanalítica, sino a sembrar las semillas que llevaron a la II Guerra Mundial 30 años después.

Federico Nietzche en el Tratado III de La Genealogía de la Moral, señala como la debilidad de los enfermos es utilizada por los sacerdotes, los psicólogos o los filósofos para proporcionarles un consuelo y al mismo tiempo, adquirir poder sobre ellos. Los médicos viven de administrar pócimas o dietas, los cirujanos de hacer sangrías o incisiones, y la profesión creada por Freud, los psicoterapeutas, de conversar con sus pacientes. Ofrecen una curación que en tiempos de Nietzche se conseguía ocasionalmente, a veces solo esperando pacientemente que la enfermedad siguiera su curso natural. Actualmente, las profesiones de la salud tienen mucha mayor efectividad, y se acercan mas a ser ciencias, pero sus practicantes siguen viviendo de la debilidad de sus usuarios.

En las vidas de santos también las pandemias y las enfermedades juegan un rol importante. Por tomar un solo caso, Santa Teresa de Avila, Doctora de la Iglesia, era hija del segundo matrimonio de don Alonso de Cepeda, quien enviudó joven: su primera mujer murió de peste bubónica, que asoló España en el siglo XVI. Teresa, mujer apasionada y de gran imaginación, fue muy enfermiza desde su adolescencia y presentó crisis de pérdida de conciencia, experimentó visiones extáticas, y se recuperó milagrosamente de un estado catatónico que la tuvo a bordes de la muerte. En esas visiones, ángeles y santos la impulsaron a una obra de reforma de la orden del Carmelo, y las carmelitas descalzas fueron uno de los puntales de la Contrarreforma no solo en España sino en toda Europa. Su enfermedad le dio una paciencia y reciedumbre que le permitió su gran obra fundacional.

En la pandemia actual vemos como algunos ceden ante la dictadura sanitaria y se refugian medrosamente en sus cabañas, otros adoptan las costumbres de los selknam en la Patagonia: cuando morían misteriosamente por las pestes traídas por los europeos, como el sarampión, su expresión era “hay que seguir viviendo”, y seguían pescando, preparando sus tolderíos y esperaban ver de nuevo a quienes desaparecían. Los profesionales de la salud mental podemos ayudar en términos actuales, a enfrentar el miedo a la muerte ayudando a mantener rutinas, emprender re-inventándonos, o desarrollando nuevos rituales ante los duelos inevitables.

La tarea de los dispositivos de salud mental hoy día es ayudar a enfrentar la pandemia, los confinamientos, diagnosticar los problemas de salud mental que ellos traen, tratarlos y sobre todo prevenir sus consecuencias de largo plazo.

Ramon Florenzano

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