Civilización, Locura y Psiquiatría

La relación entre locura y civilización ha sido estudiada en profundidad por Andrew Scull, historiador inglés (Locura y civilización: Una historia cultural de la demencia, de la Biblia a Freud, de los manicomios a la medicina moderna. Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2019). En esa obra, el autor agrega al punto de vista frecuente de que la locura aumenta en las sociedades mas civilizadas, un tercer término: el rol de los médicos como impulsores del concepto de enfermedad mental, y el diseño de instituciones totales para tratarlos, como los asilos o manicomios.

En Inglaterra, desde el siglo XVIII se difundió el punto de vista de que la locura era mas habitual entre los pueblos mas refinados y cultos, y que entre los primitivos no existía: el punto de vista del “Buen Salvaje” de Jean Jacques Rousseau era que entre primitivos criados en plena naturaleza no aparecían los estragos de la locura.

Los cambios políticos ejemplificados por las revoluciones americana y francesa, habrían visto el quiebre del ordenamiento secular apoyado por monarquías estables y por iglesias jerarquizadas, donde las personas eran calmadas y tranquilas. La tensión de las revoluciones, la ambición de lograr rápidamente puestos de figuración social, poder político, o de hacerse ricos en corto tiempo, hacía que las personas presentaran cuadros demenciales, a veces, o nerviosos, en otros casos. Los alienistas se preocupaban de los primeros, los neurólogos de los segundos. Freud fue el primero en tratar crisis nerviosas con una aproximación psicológica, el psicoanálisis, creando las psicoterapias como un camino intermedio.

En Francia, Philippe Pinel y su discípulo JP Esquirol había propuesto inicialmente que la eliminación del Antiguo Régimen podía tener efectos positivos en los ciudadanos, reemplazando el “ennui” de los nobles por la libertad de emprender la actividad que desearan. Sin embargo, el período del Terror revolucionario los hizo cambiar de opinión, señalando Esquirol que las pasiones desatadas por el cambio social eran el principal factor en el rápido aumento de las enfermedades mentales. La necesidad de reemplazar los antiguos grandes asilos parisienses por establecimientos mas pequeños en la campiña, iniciada en Inglaterra, fue seguida en Francia. En España la Iglesia Católica había iniciado ese movimiento mucho antes, con San Juan de Dios en Granada, y siguió regentando los manicomios en toda Hispanoamérica.

La tendencia estudiada por ese historiador encuentra su contraparte en una novela de Almudena Grandes: la ultima entrega de su saga «Episodios de una Guerra interminable”, es titulada La Madre de Frankesnstein (Tusquets Editores, Buenos Aires, 2020). Allí relata la historia basada en hechos verídicos de Aurora Rodríguez Ballesteiros, quien asesinó a su propia hija y para evitar ser encarcelada terminó asilada en Cienpozuelos, el manicomio de mujeres de Madrid, donde estuvo recluida largos años, en el apogeo de lo que Grandes llama «la España Nacionalcatólica de Franco», hasta que entre 1954-56 fue tratada con clorpromazina, uno de los primeros psicofármacos efectivos en el tratamiento de las psicosis. Se muestra un gran hospital psiquiátrico regentado por una órden de monjas, las Hermanas Hospitalarias, así como la segregación socio-económica de los pabellones, según la capacidad de pago de las familias de las internas, y el hecho de que muchas veces estas no estaban técnicamente locas, sino que eran enviadas por familiares que querían deshacerse de situaciones familiares incómodas.

Las teorías médicas acerca de las enfermedades mentales, dice Scull, giraron en el siglo XIX alrededor de los conceptos de degeneración y desesperanza. El primero era una mezcla de evidencia acerca de la heradabilidad de los cuadros mentales, y una visión de que estos surgían en personas que habían llevado una vida insensata, promiscua y quebrantado las normas sociales. La segunda se centraba en la falta de proyección a futuro, por pérdidas sentimentales, económicas o corporales, que veían en el asilo el único lugar donde terminar sus días.

A fines del siglo XIX los alienistas, llamados en Alemania psiquiatras, se dividieron en dos bandos: los que practicaban en asilos públicos o privados, como Emil Kraepelin, o los que se dedicaban a ver demis-fous, como fueron llamados los cuadros menores que no ameritaban hospitalización. Sigmund Freud se centró en estos últimos, desarrollando el psicoanálisis, que es a la vez un método de investigación, una teoría explicativa y una terapia para esta patología menor.

¿Qué relevancia tiene esto en la actualidad en Chile? En la salud mental de hoy persiste la diferencia entre el interés por las psicosis que a la larga o a la corta terminan internados, y la práctica ambulatoria en los diversos niveles de atención. El énfasis de las políticas publicas está en la Atención Primaria de Salud (APS), y los medicamentos se han desarrollado en forma insospechada desde la clorpromazina hasta nuestros días. Por otra parte las psicoterapias han evolucionado desde el psico-análisis original a múltiples y eficientes formas de tratar cuadros emocionales.

La tensión entre diferentes grupos de psiquiatras madrileños, encarnada en la novela de Grandes entre los partidarios de Valléjo-Nájera, franquista convencido, que implementó políticas eugenésicas para eliminar degenerados, y la de López Ibor, mas científico miembro del Opus Dei, tuvieron seguidores en nuestro país en esos mismos años, al enfrentarse los partidaros de la selección genética con los de las terapias psicofarmacológicas y psicosociales. Tal como en España, se dieron la mano la academia con la iglesia, tanto en cátedras universitarias como en el rol de la órden de San Juian de Dios, en una de las primeras clínicas privadas de Santiago de Chile.

Los temas anteriores son revisados también en boletines anteriores del Instituto de Estudios Medico Psicológicos, donde se implementan procesos diagnósticos, terapéuticos y preventivos que se pueden encontrar en nuestra pagina web (http://www.iemp.cl).

Dr Ramon Florenzano Urzúa
Director Médico IEMP
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