Química, Weber, y el Espíritu Protestante

En una obra desconcertante, Benjamin Labatut (Un Verdor Terrible; Anagrama: Barcelona, 2020) reune cuentos en los cuales combina un acabado conocimiento de la ciencia actual y sus consecuencias benévolas y malignas para la humanidad, de sus descubrimientos. Labatut analiza por ejemplo, los venenos, tan centrales durante el Renacimiento como modo de deshacerse de enemigos o de rivales en las competencias por el trono de la dinastía otomana: el color azul y el sabor almendrado del cianuro, el verde jade del arsénico son ejemplos de la oculta puerta hacia la muerte, lenta o inmediata. Estos atributos reaparecieron como modo de autoeliminación al final de la aventura nazi en el Tercer Reich: Hitler, Eva Braun, Göring y Himmler utilizaron cápsulas mortíferas para suicidarse.

En otro medio de comunicación, Netflix, se muestra una imaginativa versión de la vida de Madame Curie, donde se entrelazan los aportes que hizo ella, su marido (Pierre Curie) su hija Irene junto a su pareja Frederic Jolliot a la humanidad: el descubrimiento de la radiactividad permitió curas insospechadas a cánceres, así como posibilitó la hecatombe nuclear con que terminó con la II Guerra Mundial. La puesta en escena de la miniserie muestra como una familia puede aportar grandes conocimientos nuevos a la ciencia, obtener sucesivos Premios Nobel, y abrir potenciales caminos a la autodestrucción de nuestra depredadora especie.

En Blogs anteriores hemos revisado los aportes a la sociología de las religiones hechos por Max Weber. Una biografía escrita por su mujer, Marianne (Biografía de Max Weber, Fondo de Cultura Económica, México DF, 1995) relata los orígenes familiares y la vida del gran pensador alemán. Formado en una familia de origen prusiano, sus estudios de jurisprudencia en Heidelberg le dieron una disciplina férrea para postergar placeres mundanos. Por largos años se encerró en una rutina diaria de estudio, postergando sus viajes de placer a contemplar la naturaleza (“Al fin, el Mar del Norte siempre estará allí, esperándome”). Hoy día, la pandemia y sus obligadas cuarentenas nos hacen recordar los viajes del pasado y esperanzadamente planear nuestro encuentro con los lugares que ya visitamos y que nos esperan.

El concepto weberiano de “Ética Protestante” se ha vuelto a hacer actual, en la medida que los estallidos sociales globales, incluyendo el nuestro de octubre de 2019, se han visto opacados por la pandemia de Coronavirus, mostrando como la “indignación” por la desigualdad debe ceder frente al temor y a la lucha por la supervivencia de nuestra depredadora especie. La obligada reclusión a la que nos somete la autoridad sanitaria, nos hace decir, con Weber: “Al fin las costas de la V Región estarán siempre allí, esperándonos”.

Weber plantea que el aporte de la reforma protestante, y en especial de la teología calvinista, es el que permite la acumulación de capital que lleva a los “predestinados”, a utilizar los bienes acumulados en hacer crecer sus empresas, industrias, familias, ciudades, o países, a diferencia de la preocupación católica por el Mas Allá, y la consideración de la acumulación de dinero como el pecado de la usura. Esto llevó a que en el Medioevo italiano solo los judíos pudieran servir de prestamistas. Muchas familias construyeron imperios (como el de los Rothschild, que llegan hasta nuestros días).

¿Qué tiene que ver esto con la salud mental? No solo en los colectivos sociales, en familias, ciudades o naciones la acumulación de capital permite el triunfo, sino que en las vidas individuales. La sensación de fracaso vital es central en muchos de los casos clínicos, a lo largo del curso vital. Adolescentes, adultos jóvenes o ancianos nos cuentan su reacción a la sensación de no haber encontrado un espacio para insertarse en el cuerpo social. En la biografía de Max Weber, se ve como este privilegiado joven, educado en una familia tradicional liberal y progresista, poco a poco fue presionado para aceptar la visión conservadora del canciller imperial Otto von Bismarck, aceptando los puntos de vista del Guillermo II, y plegándose a la aventura prusiana de los Hohenzollern. El azul de Prusia lleva al fracaso de proyectos progresistas y fomenta aventuras y a suicidios individuales y colectivos.

Los avances actuales de las neurociencias han transformado la psicopatología tradicional y el psicoanálisis, que cada vez mas es neuro-psicoanálisis. En un iluminador articulo sobre la vocación psicoanalítica, Ximena Artaza y Carlos Whiting (Vergara MA, Moreno M, Rebolledo R y Cruz I. Re-creaciones: Entre Arte y Psicoanálisis. Asociación Psicoanalìtica Chilena, Santiago de Chile, 2020) escriben sobre la vocación analítica, mostrando que una buena formación mejora la capacidad de analizar, mantiene la capacidad de escucha y reflexión del analista a lo largo del tiempo, y evita la pérdida del interés por los aspectos humanos de los otros.

En el Instituto de Estudios Médico Psicològicos, contamos con un equipo especializado en el diagnòstico, tratamiento y prevención de trastornos emocionales. En nuestra pagina web (www.iemp.cl) se encuentran anteriores blogs sobre estos temas.

Ramon Florenzano
Director Médico IEMP

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