Las pasiones y la melancolía en Tomas de Aquino

En blogs anteriores hemos contrastado las biografías de dos señeros intelectuales del siglo XX: Max Weber y José Ortega y Gasset. La depresión marcó la vida de ambos: Weber se aislaba en Heidelberg para escribir, y a lo largo de su vida experimentó altibajos de ánimo que lo limitaron intelectualmente. La familia de Ortega era depresiva, y su sistemática formación en Alemania fue interrumpida en 1911 cuando su padre renunció a todo para encerrarse en el campo, y José Ortega y Gasset tuvo que volver a España para liderar las empresas periodísticas familiares así como a formar un círculo de intelectuales entre los que estaban Unamuno, Azorín, Perez de Ayala y tantos otros.

Nicolás González Vidal ha analizado el rol de la Tristitia en la filosofía de Tomas de Aquino (La pasión de la tristeza y su relación con la moralidad en Santo Tomás de Aquino (Cuaderno del Anuario Filosófico, Serie Universitaria, Universidad de Navarra, Pamplona, 2008). Este autor sostiene que la consideración de las pasiones depende de la antropología que se sostenga: así habrá tanta valoración de las pasiones como teorías sobre el hombre. En Santo Tomás las pasiones juegan un rol basado en la sólida visión de la unidad sustancial del ser humano. En la solución hilemórfica de Aristóteles tanto la forma como la materia (que en los seres vivos corresponden al alma y al cuerpo), pertenecen a la esencia del hombre. La sensibilidad es parte integrante de la naturaleza humana, y por lo tanto de su actuar. En el orden del obrar intervienen tanto la sensibilidad como las facultades superiores. La tristeza o la tristitia es una emoción también ordenada hacia el bien moral. Su desorden puede obstaculizar el bien moral, y su manejo ordenado puede facilitarlo.

Sigmund Freud estudió el rol de la pérdida en su clásico texto Duelo y Melancolía publicado en 1917. Esa fecha es un ejemplo del rol del contexto en la creatividad: Alemania ha bía sido derrotada en la Gran Guerra, había caído el Imperio Austro-Húngaro. Los efectos de esa derrota se vieron luego en 1919, cuando murió su hija Sofía Freud contagiada por la Gripe Española. Hoy estamos presenciando con la actual pandemia como surgen depresiones gatilladas directamente por el Coronavirus, o como consecuencias de las prolongadas cuarentenas o repentinos desconfinamientos.

La conexión de Tomas de Aquino con la psicología ha sido señalada por autores tales como Charles Spearman en Inglaterra y Erich Fromm en México. Este último dice “Encontramos en Santo Tomás de Aquino un sistema en el cual cualquiera podría verosímilmente aprender mas que de los textos de psicología actuales”. En Chile, Ignacio Matte Blanco relacionó la escolástica y el psicoanálisis, al enfatizar la unión indisoluble el alma y el cuerpo, y sentar así las bases del estudio de los cuadros psicosomáticos. Matte fue uno mas entre muchos psicoanalistas que ha visto una unión entre la teología y el psicoanálisis: tal como lo hicieron también Carl Jung y mucho después Jacques Lacan. El cuerpo encarnado es un concepto clave desde muchas perspectivas.

Otro nombre central es el de Edmund Husserl, quien en sus Meditaciones Cartesianas desarrolla su tesis acerca de la epojé fenomenológica, haciéndola preceder por un acabado conocimiento de la realidad objetiva conseguida aplicando la ciencia objetiva, especifícamente los hallazgos de la física y de las matemáticas. También Husserl ancla la objetividad en el punto de contacto del cuerpo con la realidad externa, que el denomina “mundo-vida”.

Volviendo a Nicolas González, este desarrolla la relación de la tristeza con la religión, planteando que la motivación moral por hacer el bien viene de emociones negativas, como la culpa y la tristeza. La voluntad sería el camino para el dominio de estas pasiones, sirviéndose de ellas como de verdaderas fuerzas que impulsen a hacer el bien, facilitando el ejercicio de las virtudes. Dios nos habría dado la sensibilidad, los sentidos internos y la imaginación tal como nos ha dado los dos brazos para que los aprovechemos para el bien moral. La voluntad no puede moverse hacia algo sin que la active una moción en el plano sensitivo. Santo Tomás en «De Malo» se pregunta si toda ira es mala, contestando que si nuestra perfección consiste en imitar a Dios, este siempre juzga con tranquilidad. Dios no se deja arrebatar por la ira porque es incorpóreo: tal como obra sin brazos, también obra sin apetito sensitivo. El hombre tiene que servirse de su sensibilidad, tal como debe utilizar los miembros del cuerpo. Las pasiones son pues elementos necesarios para acometer obras arduas, y ayudan a llegar a los fines humanos buenos. Santo Tomás concluye que las pasiones son necesarias para la realidad humana.

Volviendo a Ortega: en su texto sobre “La Rebelión de las Masas”, escrito en 1930 observando la llegada al poder de Benito Mussolini en Italia, muestra como la irrupción de “los bárbaros” en una política reservada hasta entonces a las clases dirigentes lo hacía recordar la invasión y caída del Imperio Romano por los vándalos y visigodos. Tal como en la Italia de 1930, hoy vemos los “Estallido sociales” globales y también en Chile, que llevan al dominio de la polis por fascismos de extrema derecha o extrema izquierda.

¿Qué tiene esto que ver con la Salud Mental? La elevada frecuencia de los cuadros melanfólicos en nuestros días, ligados a los trastornos depresivos y al aumento de la suicidalidad sobre todo en los adolescentes, son motivos de preocupación pública. La pandemia ha traido como consecuencia un mayor requerimiento de servicios de salud mental, tanto para tratar los cuadros neuro-psiquiátricos que son consecuencia directa del Coronavirus, como de sus consecuencias tardías (“Long Covid”). En Chile el MINSAL ha liberado fondos para aumentar el acceso de la población a los servicios de la salud mental. La pérdida traumática del estilo de vida anterior, y de los avances sociales y económicos de las últimas décadas, deben ser enfrentados organizadamente.

En el Instituto de Estudios Médico Psicológicos (IEMP) nuestros profesionales cuentan con la capacitación para enfrentar el diagnóstico, tratamiento y prevención de los cuadros anteriores. En nuestra página web (www.iemp.org) se pueden encontrar otros Blogs donde se tratan estos temas.

Ramon Florenzano
Director Médico IEMP

Ortega, Weber y la melancolía

Jose Ortega y Gasset (1883-1955), cuya relación con Max Weber ya mencionamos en nuestro anterior blog, es un escritor caleidoscópico. Su biografía, escrita por Jordi Gracia (José Ortega y Gasset, Santillana, Buenos Aires 2014) describe con detalle su origen en una familia dedicada a la literatura y al periodismo. Su padre era el editor del diario El Imparcial de Madrid, y Ortega creció entre prensas, apuros por cierre de edición y dedicación meticulosa a la precisión del lenguaje. Esto lo llevó a convertirse en el símbolo de la modernidad española, escribiendo desde la vuelta del siglo XIX hasta la postguerra europea, buscando una formación lo mas amplia posible, no solo en literatura y filosofía, no solo en su país sino en Alemania en Leipzig, Berlín y Marburgo, donde estudió una amplia panoplia de materias: Fisiología, Anatomía, Histología, Sistema Nervioso, Psicología, Filosofía, Lógica y Griego. Esto constituyó su preparación para lo que el presentía seria una madurez literaria sólida, levantándose en contra de lo que el veía una España con periodistas y catedráticos adocenados, poco científicos y sumisos a un orden decadente. Se transformó así en una luminaria intelectual para España y el mundo hispanoparlante hasta nuestros días.

Las vidas de Max Weber y de José Ortega y Gasset tienen paralelismos temporales y territoriales. La biografía del gran sociólogo alemán tiene un correlato en la vida del insigne Ortega. Ambos forman una dupla, con raíces germanas, por nacimiento el primero y por formación el segundo. Ambos comparten la influencia de Martin Heidegger, que Ortega transformó en el eje de su propia filosofía. Algunos de los cursos seguidos por Ortega le fueron enseñados por maestros recomendados por su pariente Pío del Rio Ortega, gran histólogo, y otros le fueron sugeridos por su hermano Manuel, ingeniero de minas, a quien le pidió referencias para profundizar en Mecánica y Matemáticas. Una formación caleidoscópica para convertirse en un ensayista y pensador central en su época. A la superficialidad que percibía en el periodismo español de su época, Ortega respondió con una formación amplia y científica. Cuando Ortega vuelve a España en 1911, afirma que su plan de vida está listo para pasar a la acción: política, académica, literaria.

Tanto Ortega como Max Weber se formaron en familia ilustradas. en el caso de Weber este pertenecía a la aristocracia intelectual alemana, en un período en que la formación del Imperio Alemán, conseguida bajo el liderazgo de Bismarck, y coronada por la victoria en la guerra franco-prusiana, de 1870, llevó a un crecimiento industrial y auge económico que solo tambaleó con la Gran Guerra y la anarquía de la república de Weimar. En el caso de Ortega, este vio un panorama distinto: el siglo XIX presencio la pérdida de las colonias hispanoamericanas, especialmente en 1898 de Cuba y del norte de África, sucesos que el vió como un fracaso nacional, traducido en crisis individuales, migraciones y una actitud melancólica por un pasado lleno de pérdidas.

En Alemania, las hambrunas producto de la guerra franco-prusiana llevaron a las primeras migraciones masivas europeas, que en Chile se tradujeron en la llegada de colonos alemanes a los territorios habitados por indígenas. En el caso de Ortega, la Guerra Civil española produjo sucesivas ondas de migrantes peninsulares, primero de quienes huyeron de la República, y luego y en forma mucho mas prolongada, los perseguidos por el franquismo. Esto trajo grandes intelectuales a nuestras costas, cuyo efecto aun se ve en la actualidad-. Las consecutivas psicopatológicas y los aspectos psicodinámicos de las migraciones han sido objeto de muchos estudios y de previos blogs nuestros.

En otro blog, hablamos de la relación de Weber con la melancolía. Tanto este autor como Ortega tuvieron una formación inicial católica, aunque luego ambos atravesaran una etapa cercana al luteranismo y terminaran agnósticos. Un autor chileno, Nicolás González Vidal, ha estudiado la relación entre la melancolía depresiva y la tristitia en Tomás de Aquino (La pasión de la tristeza y su relación con la moralidad en Santo Tomás de Aquino (Cuaderno del Anuario Filosófico, Serie Universitaria, Universidad de Navarra, Pamplona, 2008). Allí se explaya en las consecuencias morales de la depresión. Ortega afirmaba, al ver a su padre sumirse en la tristeza y entregarle sus cargos a el y sus primos, que el error paterno era ceder a la pasividad y sumirse en una vejez prematura. La correlación plan de vida y éxito externo tiene como correlato un mundo interno que enfrenta al mundo en la acción, no en la contemplación. Ortega, en sus cartas personales a su prometida, señalaba que el conocimiento había que basarlo en la ciencia, no en la intuición. Hoy sabemos que la base biológica de muchas depresiones es la herencia, y en el caso de Ortega eso se comprueba en la tendencia depresiva de su familia paterna: su padre, José Ortega Munilla, al cumplir 60 se retiró de muchas de sus actividades periodísticas directivas, cayendo en una depresión irritable que lo hizo aislarse en su casa. Ortega debió retornar de Alemania para hacerse cargo de las responsabilidades que su padre abandonó.

¿Qué tiene lo anterior que ver con la salud mental? Las pérdidas colectivas se traducen en sensación de fracaso individual. Los duelos nacionales por territorios perdidos lo hacen en traumas familiares por duelo de hijos muertos o emigrados. Aumentan los niños de “generaciones perdidas” que crecen con sensación de vulnerabilidad y baja autoestima. Los psiquiatras y psicólogos viven diagnosticando y tratando síndromes depresivos, formas de melancolía ligada a perspectivas oscuras para el futuro. Tanto desde el punto de vista de la actual neuropsiquiatría como del psicoanálisis clásico, la pérdida, el trauma y la sensación de fracaso son centrales.

Otro elemento que subraya la posición aristocratizante de Ortega con respecto al conocimiento es su libro “La Rebeliòn de las Masas”. En esta obra, publicada en 1930, observando el acceso al poder de Mussolini en Italia, y tomando en cuenta el crecimiento de los fascismos de derecha y de izquierda en la Europa de sus días, Ortega y Gasset afirmaba que uno de los males de su tiempo fue el que las clases populares accedieran a los espacios anteriormente reservados a las élites, desde restaurantes y salas de teatro a la posibilidad de toma de decisiones políticas. esto último para el era mucho más grave. Diferenciaba Ortega entre las élites naturalmente formadas por hombres cualificados y las clases populares, también la burguesía, formadas por «individuos sin calidad»; Los actuales “estallidos sociales” globales son una repeticion, 90 años despue´s, de la observacion orteguiana.

En el Instituto de Estudios Médico Psicológicos contamos con un conjunto de profesionales de la salud mental, psiquiatras, psicólogos que pueden diagnosticar, tratar y prevenir muchos de los temas antes tratados. Nuestros blogs pueden ser consultaos en la pagina web http://www.iemp.cl.

Dr Ramon Florenzano
Director Médico IEMP