Deicidios, Suicidios y García Márquez

En una interesante biografía de Gabriel García Márquez escrita por su amigo Mario Vargas Llosa (García Márquez: Historia de un Deicidio. Penguin Random House, Santiago de Chile, 2021), este usa el término “Deicidio” hablando de los demonios de un novelista como Gabriel García Márquez, diciendo que “Escribir novelas es un acto contra la realidad, contra Dios, contra la creación de Dios que es la realidad”. Cada novela sería un acto de rebelión, de insatisfacción con la vida, es un deicidio secreto, un asesinato simbólico de la realidad.

Los suicidios son un caso particular de lo anterior: la palabra viene de “asesinato de si mismo”, auto-aniquilación, y la prohibición cristiana desde la Edad Media hasta avanzado el siglo XIX del suicidio fue explicada desde San Agustín en adelante como que la destrucción del si mismo, hecho a imagen y semejanza de Dios, era una rebelión que debía ser prohibida con la máxima severidad: Dios da la vida, Dios la quita, y el humano no puede tomar en su mano una decisión que solo compete a Dios.

Ortega, en otro plano, siempre refiriéndose al hombre-masa, lo ve como un primitivo que se apropia de los avances científico-tecnológicos creyendo que son naturales y que le pertenecen, sin percatarse del ingente esfuerzo desarrollado por siglos de esfuerzos de las mejores mentes para llegar a crear un entorno seguro y protegido. En otro plano, en la versión española del hombre europeo, Ortega se refiere al “señoritismo”, a los jovencitos que han heredado su bienestar de sus padres, y que no han tenido que surgir desde abajo, por lo que suponen que sus comodidades les son debidas.

En su “Rebelión de las Masas”, Ortega se pregunta “¿Quién manda en el mundo? Y contesta: Europa: por cuatro siglos, los europeos han colonizado el resto del orbe y han impuesto la disciplina europea, y a España le ha correspondido la tarea de hacer esto en Hispanoamérica. Sin embargo, el hombre-masa está constantemente esperando que esta regla vacile, para rebelarse, y tal como cuando el maestro sale de la sala, los párvulos comienzan a hacer cabriolas. Esto lo hemos visto en los “estallidos sociales” y en la búsqueda de nuevas constituciones en el caso de los pueblos, así como en la psicopatía de individuos que no respetan las reglas del juego impuestas por una convivencia ordenada.

Lo anterior se relaciona con la realidad sudamericana, en la cual el desarrollo rápidamente alcanzado por muchas de nuestras naciones, incluido Chile, se debe a la imitación pedestre de los avances de la ciencia para, por ejemplo, no sucumbir sino afrontar la pandemia de Covid 19 con vacunas rápidamente desarrolladas en centros científicos ubicados en el norte del planeta.

Volviendo al suicidio: históricamente se paso de la aceptación legal del suicidio en tiempos de Roma, a la prohibición religiosa antedicha, a su idealización romántica en la Europa de Goethe, a su afrontamiento científico dejándolo en manos de los psicólogos y psicoterapeutas. En la Roma imperial, el sucidio era una operación legal: el patricio que quería suicidarse, tenía que informarle al Senado, y este lo autorizaba para hacerlo. Si no lo hacía, sus bienes pasaban a las arcas del Emperador, y su viuda y familia eran desposeídos. La prohibición religiosa antes descrita mantuvo esta sanción cruenta para la familia, que además del dolor y la culpa de perder a un ser querido, perdía los medios de subsistencia que el padre le daba. La visión de los novelistas románticos fue el decir que las penas de amor justificaban el suicidio, y que este era idealizado como lo que había que hacer ante un duelo sentimental o por mantener el honor, al ser derrotado en batalla o sentirse responsable de perdidas económicas para los accionistas. Todo lo anterior cambió con el siglo XX, donde el tema paso al dominio de los psiquiatras, sociólogos, psicólogos y actualmente los neurocientíficos.

¿Qué tiene que ver lo anterior con la salud mental? El tema de suicidio en la literatura ha sido tomado por distintos psiquiatras, como Alejandro Gómez o Pedro Retamal en nuestro medio. Escritores como García Márquez le dan una dimensión nueva, al novelarlo en este mundo de “realismo mágico”, en el cual ya no solo personas, sino pueblos enteros, como Macondo, pueden desaparecer como resultado de endogamia repetida en la familia Buendìa, o por el autoritarismo de los coroneles que dan un golpe de estado tras otro. Un psicoanalista hablaría de compulsión a la repetición. Las ancianas aristócratas como Isabel pierden la memoria al envejecer, y la sumisión de los criados se rebela en “la hojarasca”,

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Dr Ramon Florenzano
Director Medico IEMP

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