José Ortega y Gasset pensó detalladamente acerca del rol de Roma en la historia europea y de Hispanoamérica. En La Rebelión de las Masas, plantea que Julio César tuvo la convicción de que el momento de las ciudades-estado, como lo habían sido Atenas y Esparta, y como lo era Roma, había pasado, y que ahora venía el momento de los Estados Nacionales, que son federaciones amplias de territorios unidos por una lealtad común a una idea, a una persona, o a una religión. Esto forma un enjambre de colonias, que son auto-suficientes, pero que dependen del Emperador, en el imperio que comenzó a fundar, o de un sistema complejo de interrelaciones. Este imperio se crea con un ideal de futuro compartido, uniendo a grupos tribales o a territorios que están aparte hasta que se convencen de que cooperando pueden superar sus rivalidades y tener todos un mejor futuro.
En el siglo XX, Francisco Varela, en su “Fenomenología de la Vida”, desarrolla la misma idea pero fundándola en la biología, al decir que las estructuras básicas de la vida son sistemas auto-contenidos, que tienen una relación recíproca con el medio ambiente, y que se basan en los cuerpos de los individuos que los componen. Estos sistemas autopoiéticos, se reproducen y colonizan otros territorios, pero mantienen un sistema común, basado en su biología: las colonias de hormigas serían un ejemplo. Otro, las colmenas de abejas, que aceptan la existencia de una abeja reina, a la que tributan la miel, pero reciben instrucción y protección de ella. El sistema romano se basó en una dominación militar, donde no eran ya los tribunos de la plebe romana, sino los grandes generales, como el mismo César y sus sucesores. Los organismos biológicos, para Varela, tienen una doble dialéctica: a nivel local, son sistemas cerrados, que crean sus reglas internas y se auto-construyen una identidad y requieren de una interacción con el medio. Desarrollan sistemas de auto-reconocimiento y detección de extraños, y sistemas inmunológicos que expulsan a las células reconocidas como diferentes: los linfocitos cumplen esta función en el torrente sanguíneo. A nivel socio-lingüistico, se comunican con otros sistemas semejantes pero a veces con diferentes tradiciones, y crean un sistema de intercambio con éstos.
Ortega dice que el crecimiento desde la ciudad a las orillas del Lacio hasta el Estado romano fue lento, y que sus miembros primitivos no estaban ligados por consanguinidad: el Estado surge como un proyecto a futuro, al cual JOG aplica el término Estado Nacional. Ese Estado no es consanguinidad, ni unidad lingüística, ni unidad territorial, ni continuidad de habitación. El Estado es en todo instante algo que viene de o que va hacia. Los historiadores romanos, como César o Tácito no sabían como nombrar a los pueblos transalpinos o ultrarrenanos. Estos pueblos no son ciudades, y solo el futuro los convertirá en naciones, como son hoy Francia, Alemania o España. Se parte, para el, de dos tribus, que habitan en la misma comarca, que después se agrupan en condados, ducados o “reinos”. La nación es León, pero no Castilla, luego es León y Castilla, pero no Aragón. Los filólogos, dice Ortega, piensan que Vercigentorix o el Cid Campeador querían una Francia desde Saint-Malo a Estrasburgo, o una Spania desde Finisterre a Gibraltar. Vuelve así a la idea de que es el proyecto de un futuro común lo que unifica a los estados nacionales.
Lo anterior se aplica a la construcción de Chile, que se formó a partir de restos del imperio Inca, de los indómitos mapuches, y fue catalizado por la invasión hispana. Se aunaron en el Reino de Chile, que solo existió como tal en tiempos de Felipe II, para ser luego subsumido por el virreinato del Perú primero, y luego por el del Rio de la Plata. Hoy día, enfrentamos en esta supuesta “refundación”, la vuelta por sus fueros de algunos de los pueblos originarios, que nunca conocieron un idioma común hasta no utilizar el español de sus vencedores. Francisco Varela señala que los sistemas biológicos tienen una semejanza con los anteriores, al tener un sistema móvil de auto-protección, los linfocitos que circulan en el torrente sanguíneo, vigilando la aparición de antígenos extraños. Al detectarlos, el linfocito debe o bien destruirlos o auto-destruirse. Cuando sucede lo último, aparecen las enfermedades auto-inmunes, donde el sujeto desconoce sus propias células y las destruye. La alternativa es reconocer un antígeno externo, y o destruirlo o impedir su reproducción. Eso es lo que estamos haciendo con el COVID 19 en sus multiples variedades.
Asimismo, JOG señala que el paso de las ciudades-estado a los Estados Nacionales se centró en demarcar las así llamadas “Fronteras Naturales”, por políticos o diplomáticos. Estos límites pueden ser terrestres o líquidos. Los primeros son mas fáciles de invadir y requieren defensas materiales, como murallas. Los segundos requieren ser atravesados por barcos o lanchas, y permiten a las naciones islas, como Inglaterra, el defenderse mas fácilmente. Los procesos migratorios terminan siempre venciendo, y los refugiados políticos, asi como los migrantes económicos son una realidad desde la Antigüedad. Los diplomáticos viven de negociar límites, y los políticos profitan del concepto de Soberanía.
¿Qué tiene esto que ver con la salud mental? Tal como en los países, las personas se estabilizan cuando tienen limites estables entre el Yo y el No Yo, y tienen mas dificultades cuando estos son porosos. Los trastornos límites de personalidad han sido estudiados por psiquiatras y psicoanalistas chilenos como Otto Kernberg, y constituyen temas de congresos y de dispositivos especializados de importancia. En el caso del psicoanálisis, Varela señala que el análisis freudiano clásico postula un Yo observador, impulsos que emergen de la profundidad biológica, y un Super Yo que revisa si estas pulsiones son aceptables o no para el sistema. El analista ayuda al analizado a revisar lo que fluye durante la sesión, paralizar su acción o permitir la realización supervisada de los impulsos, o de las castizas“ganas”.
Otra mirada de interés es la diferencia entre la salud mental urbana y la salud mental rural. Las ciudades tienen la ventaja del anonimato, y de la posibilidad de ofrecer una cara pública para la comunidad, y un «lado B», donde en forma oculta se permite la la satisfacción de las pulsaciones eroticas o agresivas del Ello. Las personalidades psicopáticas son una categoría diagnóstica que se ocultan en las urbes, pero son reconocidas en los pueblos, donde todos se conocer. En el Macondo de García Márquez, los alcaldes pueden proclamar orgullosos «En este pueblo no hay ladrones», pero los vecinos retratados en «Cien Años de Solidad» saben lo que realmente sucede. Los dispositivos de Salud Mental Rural son el objeto de estudio en el Instituto de Estudios Médico-Biológicos (IEMP) que publica este blog.
En el IEMP tenemos profesioanes que pueden ayudar a diagnosticar, tratar o prevenir los temas anteriores, y en su página web (www.iemp.cl) se pueden encontrar blogs anteriores sobre estos temas.
Dr Ramon Florenzano Urzua
Director Médico IEMP