Identidad, Intolerancia y Multiculturalismo

Uno de los descubrimientos que dejaron perplejos a Darwin y Fitzroy en su periplo por el mundo en 1835, fueron las practicas de las diversas culturas encontradas; muchos de los pueblos descritos por ellos eran antropófagos. Esto sorprendió especialmente al muy cristiano Robert Fitzroy, quien creía que esa costumbre, prohibida hacia tiempo en Inglaterra, era contraria a la ley divina. Mucho antes, los españoles habían hallado las mismas costumbres en México, donde comer el corazón de los enemigos era habitual, tal como los sacrificios humanos fueron frecuentes entre incas y mapuches.

Juan Gabriel Vásquez, en una excelente novela de no ficción (Volver la vista atrás, Alfaguara, Barcelona, 2020), nos relata la historia de una familia colombiana de ardientes comunistas. El padre, actor y cineasta, es becado para perfeccionarse en China, donde sus dos hijos son formados en las mejores escuelas para extranjeros, e instruidos en las técnicas de guerrillas basadas en la enseñanza de Mao Ze Dong, para conquistar el poder en su país natal. Al volver a Colombia, e internados en la selva tomada por los rebeldes, se desilusionan progresivamente al ver como los “comandantes” se aprovechan de los campesinos, su supuesta base social, y de los soldados a quienes mandan. Instituyen un régimen donde usufructúan de su poder antes de vencer en la lucha por el control del aparato del estado colombiano. Esta historia se ha repetido en tantos lugares, desde Lenin en adelante, donde el tomarse el poder político y militar lleva a la construcción de una nueva clase dominante, no basada ni en los títulos de nobleza ni en el poderío económico, sino en el auto consolidarse como la vanguardia del proletariado.

Carlos Peña, en la obra citada en blogs anteriores (La política de la identidad. ¿El Infierno son los otros? Taurus, Santiago de Chile 2021), señala al tratar del tema de la tolerancia de la diversidad cultural, que el aceptar la coexistencia de diversas culturas en una Nación Estado, hay que aceptar que algunas normas de todas las legislaciones modernas, como la prohibición del exterminio de otras culturas o tribus, sea puesta en duda, Cita a Slavoj Sizek en su «Alegato en favor de la intolerancia«: los multiculturalismos fuertes, dice este, tienen que aceptar costumbres que no son ya practicadas en Occidente. La antropofagia es un ejemplo, así como lo son el racismo, la xenofobia, las diversidades sexuales, etc.

En el ya aludido viaje por el mundo Thomson en su obra Hacia los Confines del Mundo (Salamandra, Barcelona, 2007) muestra la sorpresa de Fitzroy cuando al conocer en Tahití a la Reina Pomaré, vio como ella tenia que protegerse de tribus de islas que estaban teóricamente bajo su dominio, pero que no aceptaban que aplicara los preceptos cristianos, traídos a esa zona por los misioneros ingleses. Tenía que aceptar sin saberlo el concepto central de la teoría hobessiana del Estado: “Homo homini lupus”: la mayoría de los mamíferos se cuidan entre ellos, los homos sapiens vivimos y morimos en guerrillas intestinas.

¿Qué tiene esto que ver con la salud mental? Las psicopatologías individuales emergen en todos los grupos humanos: cuando se dejan de lado los filtros de selección (a las universidades, a los partidos políticos, al reconocimiento social) se constata el hecho epidemiológico de que una de cada tres personas tiene algún diagnóstico psiquiátrico: muchos neuróticos, unos pocos psicóticos y otros cuantos psicópatas. La elección de los convencionales en Chile es un ejemplo de lo anterior: la diferencia entre estos y los parlamentarios es que los primeros tienen mucha mas diversidad diagnóstica. Los debates no cumplen con las formalidades parlamentarias, y la agresión de la especie brota sin disfraces formales.

Desde una mirada psicoanalítica, Peña señala como Freud primero, y Lacan después formularon teorías en las cuales el bebé humano surge de una magma de pulsiones sentidas oscuramente desde el propio cuerpo, y la realización de que este encuentra su limite en el encuentro con el otro, el denominado por Lacan “el estadio del espejo”: su propia imagen, vista primero como un extraño, es luego reconocida como propia cuando la madre crea un puente de reconocimiento: si el niño complace al ser amado, este se centra emocionalmente. La visión freudiana, actualizada por Lacan, tiene un correlato en la reformulación de la teoría de Karl Marx por Louis Althuser, quien, en la síntesis de Carlos Peña, trata de un punto semejante en su famoso artículo sobre “Ideología y aparatos ideológicos del Estado”, donde en vez de reconocimiento habla de “interpelación”. Cuando el sujeto que circula libre por la calle es interpelado por otro que le dice: “Policía, deténgase”, y se detiene, acepta el control del Estado sobre si mismo. En ambas visiones, la freudiana y la marxista, la realidad del otro imponen un orden simbólico al sujeto, desnaturalizándolo.

El estado de naturaleza no es, como lo suponía Rousseau, uno de solidaridad y cercanía de los “buenos salvajes” entre ellos. En la practica médica y psiquiátrica, los primeros hospitales medievales eran lugares para aislar a los criminales y a los enfermos a la vez, y fue un proceso lento, llevado adelante por San Camilo de Lelis en Italia y por San Juan de Dios en España, el que llevó a considerar a los enfermos como una oportunidad para santificarse mediante el cariñoso cuidado a los privados de salud física o mental. Esto se transformó en una práctica laica durante el siglo XIX, y a lo largo de la centuria pasada se transformó en el enfoque de salud publica, que se preocupa de la salud de los colectivos y en sus excesos, como las dictaduras sanitarias que hemos vivido recientemente.

En el Instituto de Estudios Médico Psicológicos, un grupo de profesionales de la Salud Mental, psiquiatras, psicólogos clínicos, enfermeras, contamos con recursos para diagnosticar, tratar y prevenir trastornos emocionales. En nuestra pagina web (http://www.iemp.org) pueden encontrar blogs anteriores sobre estos temas.

Dr Ramón Florenzano Urzúa
Director Médico IEMP

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