Nihil novum sub sole, la iglesia perseguida, San Juan Bosco y la peste.

Nihil novum sub sole: la historia se repite, tanto en la catástrofe de Ucrania como en nuestro país. La accidentada geografía de Eurasia hizo que un territorio que se civilizó antes, el Rus, cediera a una ciudad mas nueva situada en un cruce de ríos (Moscú). Los hijos adquirieron, con el correr de los siglos, mas poder que los padres, aunque mantuvieron una biología en común, entrecruzándose a lo largo de las generaciones, y un lenguaje muy cercano, pudiendo entenderse entre primos. En el caso chileno, los pacíficos pueblos originarios (picunches, selknam o tehuelches) se vieron sacudidos por sucesivas migraciones (incaicas, mapuches y españolas) que conquistaron un largo territorio acostado entre el mar y la montaña. La ultima migración, la europea, tenía armas mucho mas poderosas, que le permitieron dominar a los habitantes de la tierra que redescubrió Almagro. Una sola ciudad, Santiago, centralizó el control desde los dominadores, pero concentró a muchos de los vencidos. Tal como en Rusia, el mestizaje representó un factor biológico de unidad, y un idioma, el castellano, se impuso sobre culturas ágrafas que se siguen transmitiendo por vía oral.

Dentro de la lucha, que no es solo bélica sino moral, entre rusos y ucranianos, aparece la confianza en Dios mas acendrada entre los segundos, que son apoyados por sacerdotes, rabinos o popes que están en el frente de batalla. El mayor porcentaje de católicos en Ucrania occidental hace que en cierto nivel esta sea una guerra religiosa: en el caso chileno, el catolicismo propio de las clases altas huincas es confrontado por el protestantismo de los mapuches conversos, así como por las creencias ancestrales mapuches que se acercan a un panteísmo que adora a las montañas, los arboles centenarios y que celebra sus rituales no en el ámbito encerrado de un templo sino en un espacio natural amplio.

En la historia de la Iglesia, las pestes y la persecución anti-católica también confluyen: en 1854. San Juan Bosco enfrentaba la peste que asolaba Roma, y la falta de personas que asistieran a los moribundos. El y sus sacerdotes estuvieron entre los pocos que aliviaban a los enfermos y enterraban sus cadáveres, a pesar del temor a contagiarse. El invocó la palabra de la Virgen, que en un sueño le comunicó que no le sucedería nada. Al mismo tiempo, debía enfrentar la supresión de los conventos en toda Italia. decreto que debía firmar el rey, por el consejo de muchos. Don Juan Bosco le escribió advirtiéndole que, si firmaba esa ley, vería a la muerte acerarse a su familia. Efectivamente, en el año posterior el Rey sufrió la muerte de su hermano, una tia y de su hijo pequeño. En nuestra pandemia de Covid 19, hemos vuelto a rogar a María para que nos proteja, y proteja al personal de salud del contagio de las nuevas variedades del virus.

Desde un punto de vista psicodinámico, muchos santos tienen en común la cercanía a su madre. La madre de San Juan Bosco, campesina iletrada, le enseñó lo que recordaba de memoria del Antiguo y Nuevo Testamentos, y lo preparó y llevo a hacer su primera comunión. Esa fe bebida desde la lactancia resiste los embates de la persecución. En nuestro país presenciamos una nueva ola de persecución religiosa, tal como en el reino de Italia en el siglo XIX, en el contexto de una epidemia prolongada con alta mortalidad. La Iglesia perseguida, sea por nacional socialistas o comunistas ha renacido de las cenizas, y se mantiene firme a lo largo de los siglos. EL cristianismo creció en las catacumbas romanas después de la muerte de San Pedro y San Pablo. Su poder externo aumentó después del edicto de Constantino, pero la fuerza interior del catolicismo disminuyó cuando pasó a aliarse con Roma. En la teoría freudiana clásica, el complejo de Edipo supone la fusión con la madre y el alejamiento del padre.Para Jose Luis Maldonado, psicoanalista argentino, para crecer es necesario desedintifcarse del padre.

¿Qué tiene esto que ver con la salud mental? La preocupación del hombre por lo sagrado puede llevar al agnosticismo final de Max Weber, quien vió a la religión como un fenómeno universal en el cual no había una fe verdadera, sino muchos ídolos que eran creados por las distintas sociedades para mantener su unidad. O bien lleva a la profunda fe de San Juan Bosco, que se reproduce en la orden salesiana que, en muchos países, así como en nuestro Chile crea colegios que mantienen viva la fe..En los casos individuales, vemos tanto a personas que combaten para defender su patria, en el caso de los ucranianos, como otros que luchan por aplastar las creencias de los vecinos, como en el caso de los rusos. En alginas casos clínicos, la fe es un apoyo que permite mantener la estabilidad mental, pero en otros se transforma en trastornos delirantes que los lleva a autodestruirse o suicidarse. En un texto sobre Weber y su tendencia a la melancolía, Roger Bartra (El duelo de los Ángeles: locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno, Fondo de Cultura Económica, México, DF 2008), señala que Weber busca la explicación de sus episodios melancólicos en la lucha entre su rectitud moral, y la pulsión a seguir lo que el llamaba “afinidades electivas”. Para Barthes, la solución calvinista es la que lo que asegura a los elegidos por Dios es su comportamiento ético. El catolicismo, para Weber, es retroceder al ritual mágico, y a la lucha entre hombre natural y el hombre de la Gracia. En muchos pacientes encontramos esta tensión entre su vocación religiosa y sus ganas de gozar de la vida y sus placeres cotidianos.

En otros blogs hemos desarrollado mas sobre estos temas, y pueden ser buscados en http://www.iemp.org. En el Instituto de Estudios Médico Psicològicos contamos con profesionales que pueden ayudar a diagnosticar, tratar y prevenir los trastornos emocionales.

Ramon Florenzano

Director Médico IEMP

Deja un comentario