Carl Jung se preocupó de los jóvenes al enfocar la psicología analítica de los adolescentes, y en la relación con su maestro Sigmund Freud, fue un discípulo fiel primero, y un rival rebelde después. Jung en su obra póstuma “Pensamientos, Sueños, Reflexiones” (editado en castellano por Aniela Jaffécomo Recuerdos, sueños, pensamientos. Barcelona: Editorial Seix Barral, 1964) relata su búsqueda vocacional, alejándose primero de su padre, y luego buscando a Dios en su interior. Al tener que elegir entre ser pastor, como lo fueron su padre y su abuelo, y otra profesión, encontró la solución al estudiar medicina, más basada en el empirismo materialista, y la psiquiatría, que se abría a los fenómenos espirituales. Su formula de que Dios estaba en el fondo del inconsciente cobró un sentido práctico: al tratar enfermos mentales tenía primero que diagnosticarlos con la psiquiatría descriptiva de su época, y luego curarlos no solo con medios fisicoquímicos, sino con psicoterapia. Así conciliaba en el acto médico, la biomedicina con la apertura a la búsqueda de la divinidad en el interior de uno mismo. Jung en la segunda mitad de su vida se aisló progresivamente para buscar en su interior, especialmente en sus sueños, la conexión con lo “numinoso”, con el Dios que cada uno lleva, en el fondo de su inconsciente.
San Juan Bosco también se centró en los jóvenes, en un periodo de la historia italiana en la cual la revolución que pretendía terminar con el antiguo orden monárquico y disminuir el rol de la iglesia católica en la formación de juventudes era muy importante. Para ello creo la institución salesiana, donde recibía a jóvenes huérfanos o abandonados por sus padres, y les daba no solo instrucción religiosa sino formación para que pudieran ganarse la vida a través de oficios técnicos y formación humanista. Creò por ejemplo una imprenta en la cual estos jóvenes provenientes de cárceles y orfanatos aprendían a imprimir libros, que eran no solo catecismos, sino obras de clásicos griegos y latinos, que les eran regalados por el santo.
¿Qué tiene que ver esto con la psicopatología? San Juan Bosco, en su época fue considerado un loco por los demás sacerdotes de su diócesis, que veían que en vez de convertirse en párroco y llevar una vida tranquila, se dedicaba a acoger a jóvenes descarriados e imposibles de socializar, y se centraba luego en convertirlos al cristianismo. Carl Jung exploraba casos hospitalizados por psicosis o conductas socialmente reprobables, y trabajaba luego psicoterapéuticamente con ellos, en una búsqueda en la cual la activación de la transferencia hacía su método. “Una Cura peligrosa” es el nombre de una película que ha popularizado el psicoanálisis junguiano en la actualidad. Entre sus casos, se encuentra la descripción del tratamiento de mujeres aristócratas, acostumbradas a tratar como inferiores a sus pastores o a médicos como a criados de mayor cultura, pero menospreciándolos por su minusvalía social o económica. Jung respondía confrontándolos en su terapia con el hecho de la igualdad de todos frente a Yahveh, Dios o Alah: en el fondo del inconsciente todos somos iguales.
Desde un punto de vista psicodinámico, Carl Jung tuvo una relación tirante con su padre, pastor luterano formal y poco carismático, y desarrolló una relación oculta con Dios, de la cual no conversaba con este. Por otro lado, tuvo una cercana relación con su madre, hasta el fallecimiento de ella. Asimismo, San Juan Bosco, que provenía de una familia humilde, fue siempre muy cercano a su madre, Margarita, y le pidió a esta que le ayudara a alimentar y cuidar de los niños y adolescentes descarriados que el recogía. Jung repitió en su rivalidad con Freud la tensión con su padre, y la crítica central que formuló a su maestro es que el agnosticismo freudiano lo había llevado a reemplazar a Jehová por otro ídolo, la libido sexual, que era lo que encontraba en todos sus casos clínicos en forma repetitiva. Para Freud la obsesión por encontrar un conflicto sexual en cada neurótico era deificar el rol del sexo biológico en la vida humana, y transformarlo en el deus absconditus que yacía en el fondo del inconsciente.
En “Recuerdos, sueños, reflexiones”, Jung relata el episodio del viaje conjunto a Estados Unidos, donde Freud y el tuvieron largas charlas, tanteo en el viaje en barco como en tierra en las reuniones en Worcester, Massachusetts. Freud insistìa en nombrar a Jung su “principe heredero” (Kronprinz), y Jung se resistia porque sus intereses no eran custodiar la doctrina freudiana, sino explorar las profundidades del inconsciente. Durante ese viaje de siete semanas, Freud se desmayó en sucesivas oportunidades, y Jung lo debió socorrer, tomándolo en brazos y llevándolo a una habitación para que durmiera. En una de estas oportunidades, Freud al despertar lo miró como a un padre. Este episodio nos hace recordar una teoría muy posterior, la de Ignacio Matte-Blanco en sus estudios sobre bilógica, en los que contrasta la lógica asimétrica, aristotélica, centrada en el principio de no contradicción, y la lógica simétrica, la del inconsciente. En la primera, la relación padre hijo es evidente: uno no puede ser hijo del propio padre. En la segunda, el hijo cuando crece puede cuidar a su padre y protegerlo, como en el episodio en cuestión. Freud quería tener un heredero, Jung quería independizarse de su padre.
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Dr Ramon Florenzano Urzúa
Director Médico IEMP
1º de Mayo de 2022