La lengua española, su uso subjuntivo e indicativo, construcción de mundos extralingüísticos.

Francisco Matte Bon (¿Cómo debe ser una gramática que aspire a generar autonomía y adquisicion?, ASELE – Actas IX) 1998) en una presentación en la Universidad de Boloña señala las diferencias entre la lengua como sistema de representación del mundo extra lingüístico. Alude a las dificultades de enseñar castellano somo una segunda lengua, ya que hay usos en español que son evidentes para el hispanohablante pero difíciles de comprender para los extranjeros. Uno de estos es el uso del subjuntivo para expresar emociones y al mismo tiempo enfocarse en el futuro, como por ejemplo en “Sí los hombres tuviéramos alas… Quiero que estudies.« Aquí el padre expresa su emoción cuando su hijo le muestra sus deseos de volar, pero al mismo tiempo señala su determinación, para que el hijo salga de su propio anclaje a la realidad de mantener a su progenie con el esfuerzo manual, de que despliegue su conocimiento estudiando. 

Otros términos, obvios para el hispanoparlante nativo pero difíciles de comprender para el aprendiz de castellano, son términos neutros como “se” o “lo”. Cuando se dice “se sabe” no se alude a ninguna persona en particular, ni a un género sexual, sino a la sabiduría popular, transmitida a lo largo de las generaciones. Asimismo, la expresión “lo” se refiere a la propiedad de un territorio, donde se ha excluido el “de”. Por ejemplo, la localidad “Lo Espejo”, viene de uno de los propietarios originales de ese lugar cercano a Santiago de Chile: en el pasado fue “Lo que es de Espejo”. Estos términos neutros permiten sintetizar conceptos complejos para hacer más breve la frase. 

Lo anterior adquiere relevancia en momentos en los cuales se está diseñando una nueva constitución, por grupos que por su cercana interacción desarrollan un lenguaje propio, que es incomprensible para los que no han participado de esas deliberaciones.  Tal como para los hablantes italianos, que pueden entender algo del castellano pero que ignoran sus peculiares giros idiomáticos, los que siguen desde fuera el proceso de formulación de un futuro colectivo no entienden el peculiar lenguaje, imaginativo pero poco práctico, de la utopía diseñada por los convencionales. El gobernante que deba aplicar la nueva carta fundamental, tiene el problema de que lo escrito en un universo de futuro imaginario, tiene que ser aplicado en la realidad (o sea en el mundo extralingüístico) cotidiana: el mundo real. Este mundo real hoy ya no es el mundo de los pueblos originarios, fuertemente anclado en la naturaleza, en el ciclo día-noche y el culto a los antepasados, sino que ha sido colonizado por las tecnologías traídas del Norte, y el mismo proceso de escribir la constitución requiere de todo tipo de ordenadores, redes sociales en las que la decisión de usar Facebook, Meta o Instagram es definitoria con respecto a la filtración de datos de deliberaciones secretas. 

Esto tiene que ver con los sistemas conceptuales cerrados. En el campo del psicoanálisis, Janet Malcolm, una periodista inglesa que investigó la vida de Jeffrey Masson (En los Archivos de Freud, Alba Editorial, Barcelona, 2004), comenta como muchas personas creativas, que se sienten incómodas en sistemas cerrados. Da el ejemplo de Masson, el traductor canadiense que fue el favorito de Anna Freud y Kurt Eissler mientras respetó la obligación de secreto alrededor de la correspondencia entre Freud y su amigo Fliess. Cuando difundió algunas de esas cartas, fue abruptamente despedido de su cargo. Dice Malcolm que la literatura sobre el psicoanálisis escrita desde fuera es muy escasa, y que desde el mismo Sigmund Freud las críticas al dogma psicoanalítico son sumariamente descartadas con el argumento de “primero sométete a un psicoanálisis y allí verás la realidad de que se escribe sobre él”. Los secretos de esta ciencia son solo comprensibles para los iniciados en ella

Luego de saber que podía subsistir sin compañía, pasó Jung a la etapa de sus viajes, el primero de los cuales hizo hace casi cien años, en 1924 al norte de África, donde convivió con árabes sin poder hablar su lengua. Allí constató como desde la perspectiva de los bereberes del Sahara, sobrevivientes a las conquistas de Alejandro, Roma y España, había un desconcierto al observar el apuro de los europeos: ellos vivían regidos por el movimiento de los astros y buscando como obtener el pan y agua de cada día, observando como los que venían del norte y eran esclavos del tiempo, tenían  ventajas en la guerra, pero no le permitía a nadie vivir en paz. Nuestros pueblos originarios parecen pensar lo mismo de las tecnologías huincas actuales. En viajes siguientes Jung fue a Uganda y Kenya, comparando siempre la psicología de los nativos con la europea, y encontrando que los mandalas eran un común denominador. Escaló luego el monte Engya, donde encontró a hechiceros también desconcertados, porque el hombre blanco los había dejado sin su oficio profético, ya que a través de sus Androids o iPhones podían pronosticar el tiempo, hacer desaparecer la antes temida noche con sus luminarias que les permitían trabajar 24/7. Vio como en sus cosmovisiones primitivas el amanecer era el nacimiento de Dios, y el anochecer su muerte. Todo esto desapareció con los avances tecnológicos.  En 1938 fue a la India, donde conoció la antigua civilización hindú y se sorprendió por el desinterés de separar el Bien del Mal, tan central en el cristianismo. Los dioses sonrientes y amorales confirmó algunos sueños del propio Jung donde el aceptar la propia naturaleza era un paso inicial en el camino de su búsqueda espiritual. Al visitar luego templos budistas en Ceylan, en el actual Sri Lanka, lo impresionó el ver como en ellos se recordaba al Buda muerto, que contrastó con las tumbas italianas. Las ultimas ensalzaban la personalidad del occiso, las orientales aludían a la desaparición del Buda.

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Ramon Florenzano Urzúa

Director médico IEMP

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