Jubileos, futuros y suicidios

Se celebra el Jubileo de los 70 años de reinado de Isabel II, un período marcado por su intensa dedicación a sus labores de ser una gobernante profesional, así como sus dificultades para lidiar con una familia progresivamente díscola. Los cabezas de estado, en las monarquías constitucionales como la inglesa, no gobiernan, pero representan un símbolo que, vemos en las entrevistas de la BBC, sus súbditos aprecian y agradecen.

Esa dedicación a su labor es representada de otra manera por la vida de San Juan Bosco, cuya dedicación a la educación de los jóvenes pobres italianos ha sido un modelo no solo para la orden salesiana, sino para católicos y laicos a la vez. Sus últimos escritos, en 1888, fueron sobre los tres pilares de su método educativo: razón, amor y alegría. Al ser canonizado en 1934, no solo pasó a ser mostrado como modelo por la Iglesia católica, sino que fue honrado en un acto en el Campidoglio por el ministro de Instrucción Pública del estado italiano.

En nuestro medio, vemos una situación muy distinta a la descrita por Antonio Sicari en su biografía de San Juan Bosco (Retratos de Santos, Encuentro, Madrid, 2009), profesores que no quieren enseñar, y que airados reclaman cuanto los obligan a volver a la enseñanza presencial, y estudiantes que queman sus salas de clases y los medios de trasporte público. En vez de la alegría salesiana, prima la rabia de los postergados. El no ser acogidos tempranamente por una familia estable, lleva al estallido social y las reivindicaciones de los postergados.

En “Los colores del adiós”, Bernhard Schlink (Anagrama, Barcelona, 2022) escribe acerca de la muerte, sea la propia o la de personas cercanas, y señala como mientras nuestros parientes, amores o colaboradores están vivos, la relación está abierta a altibajos, puede mejorar o empeorar; al fallecer alguien cercano a nosotros, la relación se congela, lo que trae paradojalmente un alivio, al no arriesgar esa eventual ruptura. Paradojalmente, el duelo cierra la historia y el muerto es más de uno, y si bien se llora su partida, podemos vivir más tranquilos. Ilustra lo anterior con los cambios en la República Democrática Alemana después de la caída del muro y de la unificación alemana. Dos investigadores en Inteligencia Artificial, ambos en la punta de esa temática en la ciencia de la RDA, que habían competido por la dirección del Instituto especializado en ese tema, y que habían sido muy amigos, se separan por la muerte de uno de ellos. Una hija del difunto quiere revisar los archivos de la Stasi; la policía secreta, que se han abierto por razones de transparencia, y puede descubrir que el vivo denunció al occiso a la Stasi por su plan de fugarse a EEUU, el paraíso de la ciencia para ellos. Dejo ahí el relato para señalar como la desconfianza se da entre los vivos: los muertos son idealizados o vilipendiados, pero la relación con ellos es más segura.

¿Qué tiene que ver esto con la psicopatología? La falta de futuro, el vivir obligadamente en un presente ingrato se relaciona con la drogadicción, con la angustia (temor al futuro), y con la depresión (culpa y melancolía por los fracasos del pasado). El contraste de la vida gris pero segura de Berlín Oriental, con la vida libre pero peligrosa de los emigrantes alemanes en Nueva York es también descrita por Schlink, cuando pinta la muerte súbita de una niña de 12 años, asesinada al parecer sin un sentido claro. En otro cuento, ilustra la relación de un profesor jubilado que acomete la tarea de enseñar alemán a una quinceañera de Alkenistán. El, con interés de compartir sus conocimientos de profesor sin alumnos, ella, coqueta y desinhibida, que lo seduce para luego mostrarle indiferencia. Los celos son frecuentes en trastornos delirantes, en alcohólicos y en neuróticos de toda laya. El delgado borde entre celos normales, asentados en una realidad, de los celos paranoides, que vienen del mundo interno del caso clínico, desafía a los entrevistadores hasta el dia de hoy. Hoy se ha vuelto a plantear la pregunta de si las sociedades pueden suicidarse, o esto es un privilegio de los homo sapiens individuales. Hay naciones estado que han desaparecido, como Cartago, producto de guerras o catástrofes naturales. Pero la pregunta se mantiene, acerca de su una nación-estado que pudo consolidarse en mas de doscientos años de vida independiente puede fraccionarse en plurinaciones, cada una autónoma, con símbolos, banderas y presupuestos propios.

Desde un punto de vista psicodinámico, las relaciones triangulares fueron el núcleo de los casos clínicos de Sigmund Freud desde 1890 en adelante, y los triángulos edípicos fueron, y siguen siendo, el quehacer cotidiano de la interpretación psicoanalítica. Si bien se ha pasado desde la posición autoritaria del analista omnisapiente en la postura del creador del psicoanálisis, a una relación intersubjetiva en que hay un mayor develamiento de las emociones de analista con su analizado.

En la página web del Instituto de Estudios Médico-Psicologicos (WWWIEMP.cl) , se pueden encontrar otros blogs sobre estos y otros temas.

Ramon Florenzano Urzua
Director Médico
IEMP

Ramon florenzano
Diorector Medico IEMP

15 Junio 2022

Genios, locos e imaginación creativa

La premiada escritora Rosa Montero, en una reciente obra (El peligro de Estar Cuerda, Seix Barral, Barcelona, 2022), entra al tema central para los psiquiatras, de si la creatividad no es un modo de manejar la propia locura y transformarla en algo productivo. Da diversos ejemplos de escritores, algunos con síndrome de déficit atencional de niños, o como ella, con tempranas crisis de pánico, que se dieron luego cuenta de que si escribían sus experiencias su cerebro se ordenaba. Estos fenómenos son más frecuentes en las mujeres que entre los escritores hombres, porque todos los síntomas psiquiátricos son más prevalentes en el sexo femenino.

En su columna de EMOL del 15 de mayo, Andrenio recuerda a Erasmo de Rotterdam y su “Stultitia Magna”, que aplica a nuestra situación actual preguntándose si los chilenos somos gente cuerda. Esto parece ser mas bien una saludable esperanza que una realidad, ya que nuestra historia reciente muestra más bien una mezcla de arrogancia y de tontería. La tontería esperable de las decisiones populares debiera ser atemperada de la cordura de los expertos y los sabios, dice Andrenio.

Uniendo los dos puntos anteriores, en un capítulo de su libro Rosa Montero habla de los impostores, y relata muchos casos, en España y Europa, de impostores que consiguen engañar a todos: por ejemplo, en el funeral de Mandela, al cual asistieron reyes, presidentes y grandes personajes. El traductor por señas que estuvo de trasfondo en las transmisiones telemáticas del evento, era un impostor: no sabía lenguaje por señas, y fue denunciado ya durante la emisión de la BBC por la Asociación Internacional de Traductores.

Desde un punto de vista psicopatológico tenemos que recordar el Sindrome de Münchausen, tomado del barón alemán que inventaba historias de sus increíbles aventuras en la Rusia zarista para entretener a sus amistades en la sobremesa. Los escritores, agrega Montero, están siempre a la cacería de anécdotas entre las personas que conocen, para mantenerlas en su fichero como futuros episodios de sus novelas. Separa lo que hace su cuerpo real que actúa como todos los cuerpos humanos, de su cuerpo imaginario, que “se pasa películas”: mientras va a buscar a unos amigos que la esperan en la plaza del pueblo, imagina que hay un gran terremoto y que su departamento a dos kilómetros del centro cae y aplasta a sus dos perritos que la esperan aullando. Los escritores, concluye, viven de su falta de cordura. Coleccionan anécdotas reales o imaginadas para utilizar en novelas ulteriores.

Desde el punto de vista psicodinámico, volvamos el triángulo edípico. Los conflictos triangulares son elementos centrales en las tramas de grandes y pequeños novelistas. Marcel Proust, para muchos el mayor novelista del siglo XX, basó su trama en su distancia con su padre, serio y ocupado catedrático de la facultad de medicina en Paris, y su cercanía con su madre. Mientras Freud escribía sus casos clínicos, Proust lo ilustraba con su magna novela. En una reciente charla en el Instituto de Chile, Joaquín Fermandois habló de las “historias de vida”, diciendo que en cada relato novelado está oculta la vida del escritor, desde su concepción hasta su proyecto de muerte. Especialmente los años de ancianidad, y de vivir el propio menoscabo desde una perspectiva intemporal, es aleccionador. Oscar Wilde decía: “Lo peor de envejecer es que no se envejece”.

Volviendo a nuestro país, recordamos en estos días a uno de nuestros genios, Pedro Prado, escritor, arquitecto, fundador del grupo de los Diez, diplomático, quien hace cien años escribió su obra maestra “Alsino” (Editorial Minerva, Santiago de Chile, 1920), donde relata la historia de dos hermanos, Pino y Alsino, hijos de padres alcohólicos y nietos de una vieja curandera, que recorría los pueblos de Colchagua ofreciendo sus hierbas para curar enfermedades del cuerpo y heridas del alma. Alsino, como modo de escapar de una vida gris y de sus padres castigadores, sueña con volar. Para ello, sube a los árboles y aletea, dejándose caer desde las alturas. En uno de estos intentos, cae, se fractura la columna vertebral, y se le forma una joroba. De esta, posteriormente, brotan alas, y Alsino finalmente sube hacia el sol, donde muere calcinado.

La historia tiene ribetes místicos, al ilustrar el ascender hacia los cielos, corriendo los riesgos de fracasar en el intento. Nos recuerda el mito griego de Icaro,. Además, la psicopatología actual ha estudiado en detalle los problemas de los hijos de alcoholicos, que presentan diversos cuadros clínicos, entre ellos alucinaciones y delirios. En el caso de Alsino, confunde sus anhelos con la realidad, e intenta volar. La prosa poética de Pedro Prado transforma la historia en una síntesis de su vida, múltiple y anclada en nuestras tierras y paisajes.

Rosa Montero dice que toda historia tiene aspectos auto-biográficos y otros sacados de la literatura. En el caso de Alsino, Pedro Prado sitúa territorialmente la historia en el corazón de Colchagüa, en la Huerta de Mataquito, bajando hasta el puerto de Llico por el sur y subiendo hasta Bucalemu por el norte. Desde las alturas de las montañas Alsino alcanza a ver el mar, además de numerosas lagunas de la zona.

En el sitio web Instituto de Estudios Médico Psicológicos (www.iemp.cl) usted puede encontrar otros blogs sobre estos temas.

Ramon Florenzano
Director Médico