Creencias, la muerte y el suicidio colectivo.

En un interesante análisis acerca de las bases objetivas de las creencias religiosas, Joseph Ramos (Creer o no creer: el misterio de Dios a la luz de la razón, Paidós, Planeta chilena, Santiago, 2022), profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, hispano-norteamericano criado en EEUU pero que tiene la ciudadanía chilena por gracia desde 1997, escribe un texto sobre la búsqueda de Dios por los caminos de la razón a la luz de la ciencia moderna. En su discusión del libre albedrío, señala Ramos que si bien los puntos de vista materialistas-naturalistas, desarrollados por los agnósticos tienen razón en decir que cualquier acto mental tiene que ser mediado por el cuerpo y el cerebro, no es menos cierto que en el devenir cotidiano estamos permanentemente tomando decisiones libres: salir de Santiago en un fin de semana largo y mirar el mar, o quedarnos tranquilos en casa, oyendo música. O decisiones mucho más trascendentales: en tiempos de la II Guerra Mundial, en la Francia ocupada: ¿salir del departamento donde estoy cuidando a mi anciana madre gravemente enferma y sumarme a la resistencia? La dimensión ética de estas decisiones está ligada a las propias creencias e intenciones: si elegimos bien, salimos del dilema siendo mejores personas.

En otro texto, ya mencionado en blogs anteriores, Bernhard Schlink (Los Colores del Adiós, Anagrama, Barcelona, 2022) escribe acerca del cambio de nuestra relación con quienes nos preceden en el transito al Mas Allá, afirmando que curiosamente se produce un alivio al desaparecer un amigo. En mi generación de compañeros de medicina que nos graduamos en 1968 de la Facultad de Medicina en mayo de 1968, nos reunimos anualmente, en forma presencial o telemática, y constatamos como hay cada vez más muertos que vivos, pero los sobrevivientes nos impactamos cada vez que fallece otro más. Nos reunimos los vivos para hablar de los muertos, y nos autoconvencemos de cuan especial y privilegiada ue nuestra generación de la Facultad de Medicina.

Con los recientes acontecimientos globales y nacionales, ha vuelto la pregunta de si el suicidio es un fenómeno individual o colectivo. Desde un punto de vista epidemiológico, la respuesta es clara: se auto-eliminan las personas, no las naciones. Pero al ver los acontecimientos en Ucrania, o en nuestro proyecto constitucional, la metáfora de que hay naciones estado que deciden autodestruirse surge una y otra vez.

Gustavo Figueroa (Marcel Proust y En Busca del Tiempo Perdido. Ética de la Existencia Humana y del Tiempo Recuperado, Acta Biethica: 28 (1); 9-17, 2022), hace un análisis del actuar médico, tomando a los diversos médicos que aparecen en la obra maestra de Proust. Plantea que en el ámbito de la medicina se exterioriza la fragilidad del hombre como ser-referido-a la muerte. Se enfoca especialmente en la muerte de Amedee, la abuela del autor, enfocándose en los encuentros médico-pacientes de la medicina de comienzos del siglo XX. Esta reflexión proustiana tiene validez actual, al distinguir entre las actitudes de los distintos médicos retratados en esa obra de ficción, al mismo tiempo que diferencia entre agonía de cualquier paciente, de la de un ser querido, como la abuela del narrador.

Desde un punto de vista psicopatológico, Figueroa cita en su texto a Canguiljelm, quien ha escrito acerca de la distinción entre lo normal y lo patológico (Canguilhelm George: Lo normal y lo patológico, Siglo XXI Editores, México, 2021), se refiere a las relaciones opuestas entre salud y enfermedad, que se va desarrollando en la novela cuando el narrador separa la visión del cuadro clínico de los médicos, que contrastan su utopía del ser perfectamente sano, de la percepción del autor ante la enfermedad de su abuela, que agoniza, y frente a la cual desfilan diversos especialistas, preparándola a ella y a sus deudos para la muerte.

Desde una perspectiva psicodinámica, La muerte y los enredos familiares activan ese nodo central de la conceptualización freudiana, el Complejo de Edipo. La muerte termina con la tensión entre el hijo y su padre, y lo deja muchas veces a cargo de su madre; o con la tracción real de la hija hacia su padre, y le permite a esta relacionarse más tranquilamente con su madre. En Proust, quien, se ha dicho, transformó en una gran obra de ficción las tesis de Sigmund Freud, se muestra magistralmente la relación del niño que esperaba a su madre cada noche cuando ella subía a despedirse de el con un beso, y cuando ella no llegaba, presentaba una crisis de asma.

Volviendo a la muerte, Sergio Canals en su columna semanal, que titula «El clarividente de la nada«, relaciona esto con el caos. Yo creo que la nada no es un resultado del caos, sino de la aplicación sistemática del plan propuesto por Marx y Engels en el «Manifiesto del Partido Comunista», que debe ser un documento de cabecera para todos los marxistas, tal como para nosotros pudiera ser la Biblia. En las páginas finales del Manifiesto, Marx textualmente dice «Los comunistas no tienen porqué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente» Esto implica que la clarividencia es el camino inexorable de la historia, y que el proletariado debe destruir a los hijos de la burguesía (en especial de la pequeña burguesía, a los intelectuales y académicos que son útiles inicialmente como «compañeros de ruta», a la familia burguesa y a sus hijos educados en establecimientos donde se les enseña sobre un dios medieval, etc. Por ello que el buen militante del PC sabe que después de un período de destrucción y muerte vendrá el paraíso en la tierra, donde todos tendrán la misma dignidad y no habrán diferencias de ningún orden.

En el manejo práctico de los temas anteriores, un estudioso de la cultura japonesa, el catalán Francesc Miralles, hablando del Ikigai, que es un modo japonés de aprovechar el tiempo presente, dice que todo depende de la perspectiva con que se mira: un suicida puede mirar su futuro como un pozo donde caerá sin salida. Si se cambia el ángulo, y se transforma lo vertical en horizontal, el pozo se convierte en túnel: el terapeuta puede ayudar a su paciente suicida y alentarlo a caminar hacia adelante: todo túnel tiene salida.

En el blog del Instituto de Estudios Psicologicos (WWW.(IEMP.CL), ustedes pueden encontrar blogs anteriores en relación a estos temas.

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Ramon Florenzano
Director Médico IEMP

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