En “Ulises”, la obra maestra de James Joyce, en la versión publicada por LUMEN (Penguin Random House,Barcelona 2022), aparece una alusión al pasar a Santiago de Chile. En la página 755 de ese texto, al conversar Leopold Bloom con un marinero trotamundos, este le muestra una tarjeta que había sido desde “A. Boudin, Galería Beeche, Santiago de Chile ”. No hemos encontrado referencias a ese lugar, pero el texto sitúa como a comienzos del siglo pasado nuestra capital estaba inserta en las mentes de los viajeros y de las minorías ilustradas, como fue James Joyce. Cien años después volvemos a ser noticia, no sé si para bien o para mal. Esta vez no es por catástrofes telúricas, sino por un terremoto electoral y un recambio generacional.
La vida de James Joyce es interesante porque a pesar de que su mundo interno siempre giró alrededor de Dublín, donde nació en 1882, después viajó dentro de Europa, y pasó periodos prolongados en Francia, y otros países donde enseñó idiomas y se ganó la vida como traductor, hasta que el éxito de su novela le permitió llevar una vida desahogada hasta fallecer bruscamente en Zúrich en 1941, a los 58 años, de un cuadro de peritonitis )
¿Qué tiene estos que ver con la psicopatología? Joyce era hijo de un padre alcohólico y el mismo fue un gran bebedor. En su novela, su personaje principal, Leopold Bloom recorre una y otra vez los bajos fondos de Dublín, visitando bares de mala muerte, en lugares donde se reúnen borrachines para contarse historias inverosímiles, y construir castillos en el aire acerca de sus futuros logros. Joyce pudiera haberse perdido en las callejuelas de Paris o de Trieste, pero fue capaz de integrar todo en una obra monumental, de más de 900 páginas. La diferencia entre el psicótico y el artista es que el primero sucumbe y cree en la realidad de sus delirios, mientras que el segundo puede rescatar sus ensueños y transformarla en una obra creativa que es comprendida por sus espectadores o lectores. Un filósofo inglés actual, Derek Patik, profesor en la Universidad de Oxford, habla del juicio moral, diciendo que se puede encontrar un término medio entre el utilitarismo norteamericano y el imperativo categórico kantiano. La novela de Joyce, que el reconoció era auto-biográfica, muestra la tensión entre el acceder a mujeres fáciles que encuentra en sus correrías por los bajos fondos dublinesas, y la fidelidad a Molly Bloom, su mujer que lo espera en casa. Esa tensión la vemos los clínicos entre la capacidad de ser razonables y no ceder frene a algunos deseos que no lo son, de los normales, y el dejarse llevar por los impulsos sin prever las consecuencias, en las conductas psicopáticas.
¿Qué tiene esto que ver con el psicoanálisis? Lucia, la hija de Joyce fue diagnosticada como esquizofrénica, y el escritor la llevó en muchas oportunidades a Suiza, donde fue analizada por Carl Jung. Joyce relató el tratamiento del psicoanalista, al decir que ella era tan genial como el mismo, y que vivía en su vida real lo que él había escrito en Ulises, o sea un monólogo interior, en el que en un ciclo de 24 horas, el 16 de Junio de 1904, Leopold Bloom, el protagonista escribe su propio monólogo interior. El contraste en este caso está entre el delirio incomprensible de Lucía Joyce, y la reacción de admiración de quienes leemos hoy día los escritos de su padre. En el argumento surgen los triángulos edípicos desde la infancia de Joyce, con un padre alcohólico que abandona a su madre, su cercanía a esta hasta que la reemplaza por su mujer, Molly. Un filosofo búlgaro postmarxista, Sizek, complica esta síntesis al introducir en lo anterior a Jacques Lacan, quien habló del deseo vacío del hombre actual.
Dublín y Santiago de Chile comparten el ser ciudades de confines: al norte, la primera, al sur, la segunda. En el terreno conceptual, Francis Fukuyama popularizó en 1989 el término “fin de la historia”. Un cuarto de siglo después, sabemos que estaba equivocado, ya que no previó sucesos como la pandemia o la guerra de Ucrania. Sin embargo, Fukuyama apuntó a un hecho real: el suponer mentalmente que los cambios se han detenido, permite estabilizar al sujeto moderno, atrapado por la técnica, el consumo y el miedo a los delincuentes o los extranjeros. Estos temores campean en lo urbano, y la vuelta al campo protege de los virus y de los criminales. Otro filósofo reciente, Peter Sloterdiek, subraya que el hombre de hoy debe actualizar a los grandes pensadores construyéndose a sí mismo, en lo que el llama “antropotecnia”. Este autor en su concepto de psicopolítica, dice que el hombre actual está inundado de ira, producida por las comparaciones y desigualdades que son cada vez mas patentes: el Antiguo Testamento y el marxismo, esa religión laica, comparten el impulsar a los satisfechos ciudadanos del capitalismo tardía a odiar a los más afortunados, y a imponer una igualdad política por la fuerza. .
En el IEMP tenemos otros blogs que tocan estos temas, así como la aplicación del método psico biográfico a las vidas de héroes, santos o genios. Joyce se inscribe en el último grupo. Desde la filosofía, algunos autores, como Isaiah Berlin, en el mundo anglosajón, o Carlos Peña (Ides de Perfil, Taurus, Penguin Random House, Santiago de Chile, 2022), han usado el método de revisar ideas que vienen desde la antigüedad clásica hasta nuestros días. Berlin ha insistido en que al leer a los grandes filósofos, cada uno puede elegir entre abrirse a la libertad, o rendirse frente a la autoridad.
Ramon Florenzano,
Director Medico IEMP
Sanntiago, 15 de noviembre de 2022.?