Las Máscaras de Dios, el eterno retorno y Freud.

En una obra del antropólogo Joseph Campbell (Las Máscaras de Dios: Mitología Occidental. Alianza Editorial, 1992, Madrid), se plantea la tesis de que muchas de las convicciones religiosas de la tradición judeocristiana provienen de mitos anteriores encontrados en Caldea, Babilonia, o entre los hititas. Con hallazgos arqueológicos recientes, Campbell comprueba que hay leyendas que aparecen una y otra vez en distintos lugares del planeta: la del hijo que muere y renace, cuidado por una madre virgen, por ejemplo. La madre-serpiente es anterior a la aparición de los dioses griegos masculinos: Zeus tiene una forma primitiva de serpiente, y luego de su cabeza surge Palas Atenea, la mujer que piensa, mito anterior al del Génesis hebreo, en el cual Eva es creada de una costilla de Adán, para servir y acompañar al hombre. El símbolo de la doble serpiente aparece en el Caduceo griego, que en la tradición china se ve reflejada en los canales paravertebrales, uno masculino y otro femenino, que se unen en los puntos de la acupuntura, que unen a Hermes y Afrodita en un ser mixto (hermafrodita). Obras como La Odisea simbolizan el viaje del hombre por la vida, con períodos que Carl Jung ha llamado de “inflación”, en que se vive con entusiasmo, o de “deflación”, en que prevalecen el temor o el cansancio. En el idioma italiano el término “stanco” (cansancio) nos recuerda el castellano “estancado”.

Desde un punto de vista teológico, las “Máscaras de Dios” nos muestran la idea monoteísta de que Dios es uno solo, y que las diversas culturas lo muestran con diversos aspectos: en su homilía de Magdeburgo, el papa Benedicto XVI lo dijo al señalar que Yahvé, Alá y la Trinidad cristiana eran el mismo y único Dios. El contraste de la tradición religiosa del Levante está constituida para Campbell por la polis griega: en Atenas la democracia es el gobierno racional y la vida plena de los ciudadanos, que no se prosternan frente a los dioses, sino que debaten racionalmente acerca del mejor modo de vivir. La adoración ritual de los dioses se mantiene en la cultura hindú, o en las danzas de los derviches de Anatolia, mientras que en Grecia surge la reflexión racional y la unión, entre los pitagóricos de los cielos y la tierra en las relaciones numéricas de los sonidos musicales.

La cercanía entre las culturas del Levante, es ilustrada por la historia de Moisés, tomada por Sigmund Freud en uno de sus escritos tardíos (General Introduction to Psychoanalysis, Nueva York, Garden City Publishing Co, 1935), donde plantea la tesis de que Moisés no era judío sino egipcio. El Eterno Retorno de estos mitos primigenios se encuentran en las mitologías orientales, que miran al tiempo no como lineal sino como cíclico, volviendo una y otra vez a los mismos puntos. En el caso chileno, la muerte heroica de Salvador Allende, como hemos comentado en blogs anteriores, es tomada por jóvenes que no lo conocieron para intentar otra vez una redención de un pueblo oprimido no por el Faraón egipcio, sino por los malvados neoliberales. La polémica acerca de idolatrar al político que se sacrificó por sus ideales o reflexionar acerca de sus derrotas o fracasos afectan a la sociedad chilena hasta hoy día.

¿Qué tiene esto que ver con la psicopatología? ¿Existe un único Dios, que aparece en diferentes épocas con diferentes máscaras, o los profetas bíblicos son iluminados con delirios místicos? En la cronología del paso del paleolítico al neolítico Campbell ilustra como el arte y la tragedia griegos parten de las desoladas llanuras heládicas y se expanden mediante el comercio troyano a Macedonia y hacia el Levante. La preocupación de la cultura griega fue con la poesía, dice, en contraste a la hebrea, con la religión. Federico Nietzsche, en su obra de juventud “El Nacimiento de la Tragedia”, contrasta desde la filología la vocación teatral griega con la teológica de Egipto o Israel. Yendo a Persia, Campbell encuentra en la doctrina de Zoroastro una preocupación ética, colocada en dominios polares (bien y mal, verdad o mentira, luz y oscuridad, cielo, infierno) cuyo lado oscuro surge en las así llamadas personalidades psicopáticas. Las descripciones de Yasna Mazda del ascenso a los cielos de quienes cumplen en sus pensamientos, en sus obras y en sus plegarias, asi como la caída al Averno de los que no lo hacen son muy semejantes a los posteriores relatos griegos o de la tradición judeo cristiana. El zoroastrismo y polaridades reaparece en Roma en la doctrina maniquea, que fue la seguida por San Agustín hasta su conversión.

¿Qué tiene esto que ver con el psicoanálisis? Freud interpretó las historias de la Torah hebrea como recuerdos de situaciones de la niñez de sus pacientes, que habían sido reprimidas y que reaparecían en la vida adulta, como la idea de no ser hijos de su padre biológico, sino de haber sido adoptados por una mujer humilde, pero provenir de una estirpe real, como la del Rey David. La historia de Moisés ya ha sido aludida con anterioridad. Los reyes hebreos eran múltiples, y debían rendir cuentas a un solo Dios. Roma en tiempos de la República adoraba a muchos dioses, y solo después del Edicto de Constantino se alió con el monoteísmo cristiano. En la visión freudiana, la mujer está en el inconsciente del hombre, para en su forma de tentadora (Eva) y de madre (María). En la historia de los viajes de Odiseo, se ilustra la vida de cada individuo, desde su concepción hasta su muerte, en la cual se avanza lentamente hacia la individuación y se prepara para develar el Mas Allá. En autores chilenos como Ignacio Matte Blanco reaparece la idea pitagórica de la matematización como la explicación de los modos asimétrico y simétrico de pensar, el primero racional mas superficial y el segundo el inconsciente que predomina en las profundidades.

En la pagina web del Instituto de Estudios Médico-Psicológicos (www.iemp.cl) se encuentran otros blogs que tienen interés para los profesionales de la salud mental.

Dr. Ramon Florenzano Urzúa
Director Medico IEMP:

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