En un reciente best seller del New York Times, Oliver Burkeman (Four Thousand Weeks, Time Management for Mortals, Picador, Nueva York, 2021), plantea que una persona que llega a los 80 años ha vivido 4000 semanas. De ahí saca una serie de conclusiones acerca de cómo administrar mejor el tiempo restante que le queda a cada uno. Los más jóvenes tienen muchas semanas por delante. Los de mediana edad, menos, y los que superan los 70, pocas. La fantasía de muchos es que, si se trabaja más, se llegará a un momento en el cual se habrá cumplido la tarea: un ejemplo son los mensajes recibidos vía E-mail: si uno se dedica a contestarlos todos, llegará un momento en el cual la casilla estará vacía. Esto no es así: muchas personas escriben solicitando ayuda para responder dudas que ellos podrían contestar solos. Si uno los ayuda y les resuelve el problema, seguirán solicitando más auxilio. Es mejor no contestar los correos que no sean estrictamente necesarios para uno, lo que hará que las personas dejen de pedir socorro. Si es realmente importante para ellos, pueden llamar por celular directamente. Todos estamos constantemente decidiendo, como Martin Heidegger nos señala en “Ser y Tiempo”, que hacer con nuestra finitud: decidir etimológicamente significa “cortar el tiempo”, lo que hacemos cada día, minuto a minuto. Los seguidores de Heidegger insisten en la importancia de reconocer la finitud del tiempo, y de administrar lo mejor posible lo que nos queda, sea con la familia, sea en lugares que queremos volver a ver antes de desaparecer de esta vida. La palabra inglesa “procastination” es importante, ya que subraya la resistencia inconsciente a terminar una tarea de cuyo resultado no estamos convencidos.
La administración del tiempo se ha transformado en una actividad lucrativa para los coaches y los autores de libros de auto ayuda. El libro de Burkeman trata de ir más allá de esto, comentando como en la Edad Media, los siervos de la gleba cultivaban las tierras del señor feudal, y tenían una pequeña parcela de una hectárea para ellos. Al ponerse el sol, debían entrar a su casa sus animales porque si los dejaban fuera, podían ser comidos por los lobos u otros animales depredadores que rondaban en la oscuridad. No se podían bañar sino en los riachuelos cuando había buen tiempo, y debían soportar la oscuridad hasta el siguiente amanecer. Otros autores ingleses han señalado ya en el siglo XIX que los homo sapiens no debemos postular a ser dioses, sino aceptar que el ser verdaderamente humano es aceptar los propios límites. Hay un término alemán (Eigenzeit) que significa el tiempo que toma un proceso: tenemos un tiempo para vivir, que debemos aprovechar deliberadamente. Burkeman da diversos ejemplos de personas que han dejado cómodas posiciones académicas para irse a lugares agrestes para llevar una vida natural, encendiendo el fuego cada mañana para calentar la casa y cocinar. Hay un momento en la vida dice, en el que hay que renunciar a las comodidades de la vida urbana y confrontar la propia finitud, reduciéndose a lo esencial. Agrega que es importante reconocer que todos creemos tener derecho a prolongar nuestra vida lo mas posible, a pesar de la evidencia de que puede terminar en cualquier momento: uno podría haber pasado por el lugar donde hubo un tiroteo y murieron tres transeúntes hace un día. Cuando uno fue no paso nada: de allí concluye que debemos vivir cada minuto como si fuera el ultimo de nuestra vida, gozosamente. Tal como quienes reciben un pago mensual pagan primero sus deudas obligadas para luego utilizar el dinero restante en vivir y finalmente en ahorrar, dice que la administración del tiempo implica hacer temprano lo obligatorio, para luego acometer el tema personal mas importante dedicándole una hora del mejor tiempo matutino, antes de salir fuera de la casa.
¿Qué tiene esto que ver con la psicopatología? Muchos de quienes tratan de administrar cuidadosamente sus días, sus meses y sus años de vida para sentirse más productivos cumplen con los criterios de los últimos CIE o DSM para personalidades obsesivas. Pasan las horas iniciales del día planeando lo que harán, y en la noche revisan sus listados y check marks para ver si cumplieron sus metas. Burkeman dice que finalmente se transforman en robots que atraviesan la vida sin vivirla por cumplir con su preprogramación. La relación con los rasgos obsesivos de personalidad es clara. La ilusión de que una vez que uno termine con la lista de “Cosas por hacer” va a tener tiempo para descansar tranquilamente es eso: una alucinación. Mientras uno despeja los pendientes, se va acumulando una nueva carga de peticiones, y el tiempo para limpiarla se desperdicia en cosas menores, sin centrarse en las tareas realmente importantes: un artículo por escribir, o una presentación importante por preparar. Por eso, el dicho en inglés “First things first” apunta a completar las tareas importantes primero, y las menores después: como en el clásico ejemplo del frasco de vidrio que debe ser llenado con rocas, piedrecitas y arena, hay que comenzar por las rocas, luego las piedrecillas y finalmente la arena.
¿Qué tiene esto que ver con el psicoanálisis? Ya Sigmund Freud señaló que la salud mental era obtener un equilibrio entre amar y trabajar (Lieben und Arbeiten): una vida plena implica amar a los semejantes (por lo menos a la pareja) y trabajar para auto-mantenerse. Carl Rogers posteriormente agregó que había un tercer elemento: jugar (distraerse, vacacionar, descansar los finde). La reflexión de la terapia psicoanalítica permite profundizar en las metas vitales últimas de cada persona, volviendo así a ñla preparación para la muerte. El mismo Sigmund Freud, ya en Londres, nostálgico de Viena, decidió que no quería seguir viviendo y le pidió a su médico y amigo, Max Schur, que le suministrara una dosis mortal de morfina. Una de las características de la verdadera amistad es saber compartir la vida y también reconocer cuando ha llegado el momento de alejarse.
En la página web del Instituto de Estudios Médico Psicológicos hay otros blogs sobre estos temas, que pueden accederse en el link http//www.iemp..cl/informacion. .
Ramon Florenzano
Director Médico IEMP