La búsqueda de la unidad ha sido un tema frecuente en la historia de las religiones y de los Estados. La Iglesia Católica se define como “Una, católica y apostólica”. La proyectada constitución chilena también busca la unidad de todos los habitantes del territorio como una aspiración, en contraposición al carácter multiétnico y plurinacional del proyecto anterior fallido. La búsqueda de unidad la ilustra también Campbell en su obra sobre las mitologías occidentales “Las Máscaras de Dios” (Joseph Campbell, Las Máscaras de Dios, Alianza Editorial, Madrid, 1990), al señalar como en el período helenístico, posterior a los grandes años del auge de Atenas, los pensadores de la Grecia postrera enfrentaron la pérdida de la hegemonía militar griega en manos de Alejandro Magno centrándose en su capacidad de pensar en forma certera en la escuela de la stoa (pórtico). El pensamiento estoico llevó a una visión dura pero tranquila de la vida, que se prolongó hasta Roma, con el emperador Marco Aurelio. En los siglos previos y venideros se desarrollaron religiones que describían el conflicto entre dioses del bien y del mal, como el mitraísmo, y los que creían en un dios único, personificación del bien: dios trascendente y no inmanente, tal como el de la tradición judeocristiana. Muchos de los mensajes de Jesús parecen provenir de sus años de juventud, en los cuales habría viajado hacia la India, donde existen también mitos acerca del nacimiento de una virgen y del fin de los tiempos en el Apocalipsis. En el período helenístico se mantiene la separación entre los grupos levantinos: los hebreos que migran desde Jerusalén a la Hélade se dividen en dos sectas que se mencionan en el Nuevo Testamento: los fariseos, mas ortodoxos, que mantienen una adherencia cercana a la tradición, creen en la venida de un Mesías y en la vida después de la muerte de quienes cumplen con la Ley, y los saduceos, que son helenizantes, usan la Biblia en versión traducida al griego, y creen que la vida termina en esta tierra donde judíos deben prevalecer bélicamente sobre las tribus paganas. Los Macabeos (o asmoneos) son un ejemplo de este punto de vista, que se mantiene en el Estado de Israel hasta nuestros días. La lucha por el poder terrenal fue una constante entre los sumos sacerdotes del templo de Jerusalén, que se aliaron con sirios y romanos para acceder a ese cargo, como relata el historiador Flavio Josefo. En el hallazgo de los manuscritos del Mar Muerto, aparece otra orden mística, los esenios de Qumram que predicen muchas de las creencias cristianas, como la venida de un Mesías que no sería aceptado por los sumos sacerdotes farisaicos. Esto, sesenta años antes del nacimiento de Jesucristo. En el caso de Roma, sus predecesores etruscos tenían mitos que reaparecieron entre los habitantes del Lazio. Algunos de estos mitos, como el de la desaparición de Rómulo y su ascenso al cielo convertido en un dios, reaparece en el relato de San Lucas de la desaparición de Cristo para subir a los cielos.
¿Qué tiene esto que ver con la psicopatología? La lucha interior del individuo, que en la mitología persa fue personificada por el héroe venciendo al Toro y matándolo, se relaciona a la lucha de la mente sobre el cuerpo, la cual que trata de vencer los impulsos que surgen desde abajo para controlar su comportamiento: lucha que logra, con esfuerzo el neurótico, especialmente el obsesivo, sometiéndose a rutinas, y que pierde el psicópata, cuando toma de la mujer lo que el quiere, violándola, o roba las posesiones ajenas. El culto de Mitra entre los persas se esparce desde Escocia hasta el Japón, desde el Levante hasta el budismo, en forma variada de representaciones del héroe primigenio. En el período helenístico antes mencionado, se contrastan los que plantean que no se puede representar a Yahwe y los que mezclan dioses egipcios con los hebreos en la tradición alejandrina. El surgimiento del poder de Roma se hace sobre algunas tribus bárbaras, los celtas y los druidas, que son reducidos a la condición de vasallos por Julio César en la guerra de las Galias. Los grandes políticos en Roma se aliaron con grandes médicos, como Galeno, nacido en Grecia en la ciudad de Pérgamo, pero que emigró a Roma, donde fue el médico de cabecera del emperador Marco Aurelio. En sus escritos se basó en las doctrinas hipocráticas, las que complementó con sus estudios anatómicos y ligò a las observaciones de Aristòteles. La medicina galénica persistió hasta el Renacimiento.
¿Qué tiene esto que ver con el psicoanálisis? En Freud, el Yo debe llegar a primar sobre el Ello, que viene desde abajo con impulsos libidinales y agresivos, y sobre el Superyó, que impone una disciplina excesiva, llegando a una conducta regulada. En neurociencias actuales o en neopsicoanálisis, esto se sitúa en estructuras cerebrales profundas (el cerebro interno, que buscan descargar) y que deben ser controladas por la corteza prefrontal, que maneja la motricidad e impide la descarga impulsiva. Esto es reproducida en las visiones religiosas, que desde el mitraísmo persa hasta la tradición judeocristiana, muestran como ir desde los sacrificios animales (del Toro o del Cordero) reales a a la muerte simbólica del Dios en forma de pan y vino. En los mitos pre-romanos, por ejemplo, en Irlanda, aparecen historias de los primeros humanos que llegaron desde Hispania, en barcas que sobrevivieron al diluvio, en proporción de tres hombres y cincuenta damiselas. El triángulo edípico es aquí sobrepasado por 16 mujeres por cada hombre. En las historias celtas y de Ulster las diosas femeninas son anteriores a las masculinas, en algún momento los hombres desplazan a las mujeres. En los antedichos etruscos, hay equivalentes de las tres Moiras griegas. La diferencia entre el Mesías de la tradición hebrea es que este es humano, mientras que el Mesías cristiano es un Dios hecho hombre. El camino romano fue inverso: los emperadores, como los primus inter pares, fueron hombres divinizados, como lo fue Cesar Augusto.
- En el sitio web del Instituto de Estudios Médico Psicológicos (www.iemp.cl/información), se colocan blogs anteriores que pueden interesar al lector.
Dr. Ramon Florenzano Urzua
Director Médico