Los viajes, dentro o fuera del país, permiten mirar con perspectiva la propia vida En la historia de la Iglesia, Joseph Campbell (Las Máscaras de Dios: Mitología Occidental, Alianza Editorial, Madrid, 1992) nos recuerda los numerosos cismas de la historia. A pesar de que los papas en Roma trataron de fijar una doctrina única e inmutable, en numerosos concilios en Letrán, diferentes herejías resurgieron. En Francia aparecieron los albigenses y los cátaros, que en definitiva eran maniqueos, creyentes en la lucha eterna entre el bien y el mal, y en la baja Edad Media se dieron todo tipo de costumbres especiales, que fueron canalizadas por las Cruzadas y las peregrinaci0nes a Jerusalén. La lucha entre el poder espiritual del Papa en Roma y el terrenal de los señores feudales llevó a hogueras y ciudades sitiadas, y al traslado del papa a Avignon en el cisma de Occidente. Posteriormente, en el Renacimiento, la mediación entre Dios y los individuos dejó de ser realizada por una casta sacerdotal, y desde Lutero, pasó a ser hecha por una lectura personal de la escritura que dio origen a una visión antropocéntrica de la cultura.
Hoy día los cismas no son ya religiosos, al bajar el número de creyentes practicantes en Chile y otras latitudes, sino políticos o ideológicos. La búsqueda de una nueva Constitución es la variedad secular de la búsqueda de una sola doctrina teológica. La dificultad de consensuar un marco común lleva a repetidos intentos de ponerse de acuerdo, y las mayorías circunstanciales tratan de imponer sus puntos de vista a los demás, que son reticentes a aceptarlas. El poder de la razón de los expertos choca con la ambición de los políticos, acostumbrados a mirar el futuro desde la perspectiva de su interés personal. El individualismo permite a sujetos y sus familias crecer y llevar una vida centrada en sus proyectos individuales, más que en un gran proyecto colectivo. Esto a diferencia de los proyectos colectivistas, que ven el curso de la historia como un camino popular, no personal. La historia de los personajes públicos tiene una trama inversa, la de sus amores privados. Aldo Carotenuto en su “Eros y Pathos: Matices del sufrimiento en el amor” (Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 1996) apunta como en las pasiones el amor y el odio se combinan, y que los amantes en su paroxismo se destruyen a si mismos, como lo mostró Shakespeare en “Romeo y Julieta”. La sociedad no acepta el amor pasional abierto, y trata de normalizar lo que ve como una transgresión mediante instituciones sociales como el matrimonio civil o religioso. El amor pasional es transgresor de la tendencia rutinaria del ser racional. Los amantes oscilan entre la satisfacción del deseo y la nostalgia de la separación. Baudelaire en “Las Flores del Mal” ha escrito sobre la pasión destructiva.
Las peregrinaciones a otros países sean materiales o a través de las actuales tecnologías, nos muestran cómo han solucionado estos temas naciones supuestamente más desarrolladas. Esto, a pesar de que guerras como la de Ucrania nos muestran como conflictos multiseculares resurgen cada cierto tiempo. Occidente y Oriente se enfrentan, y la OTAN se reúne por primera vez en territorio ucraniano-Las historias de amor imposibles surgen en Suecia, en “Elvira Madigan” un conde deserta del ejército para fugarse con Elvira, una actriz. Pierde su posibilidad de ganar dinero, y ambos deben vivir escondidos en un bosque comiendo piñones. Finalmente deciden suicidarse y piden ser enterrados juntos. El mundo no puede albergar su pasión. Las luchas sempiternas entre árabes e israelíes albergan tanbien historias de amor, de parejas que no quieren ser separadas, o peor aún, de los duelos de los sobrevivientes, en Ucrania o en Israel.
¿Qué tiene esto que ver con la psicopatología? La búsqueda del bienestar ciudadano es representada por reyes dadivosos como Carlomagno, la del poder absoluto por papas como Inocencio III, que proclamó que el papa de Roma regía a Europa como el sol, mientras que los reyes locales eran como la luna, que solo brillaba reflejando la luz de la divinidad. Algunos eran psicóticos, otros psicópatas no vacilando en hacer sufrir o matar a sus súbditos para satisfacer sus ansias de dominación. Las pasiones amorosas llevan a los amantes a huir a lugares lejanos, para vivir su pasión sin interferencias familiares, así como las agresivas llevan a los cruzados a destruir al islam, para recuperar el lugar donde Cristo murió por nosotros. Carotenuto nos recuerda la idea de la “locura divina” de Platón, y el cómo la pasión de los enamorados es incomprensible para los espectadores: el estar “locos de amor” solo puede ser representados por el arte o la poesía, nos dice.
¿Qué tiene esto que ver con el psicoanálisis? La triada religiosa Padre, Hijo y Espíritu Santo reaparece en la triada analista, paciente tendido en el diván y la luz de la reflexión del dialogo analítico. En la obra de Campbell citada, se señala que los pueblos primitivos tenían una religión centrada en un dios local, que protegía a los propios, y que rechazaba a los extranjeros, tal como el niño ama a su familia y teme a los vecinos. En terminología de Sigmund Freud, la sociedad primitiva se rige por el principio del placer. Las sociedades modernas crecieron y derribaron los límites territoriales, primero con la primacía dada a la razón por los griegos, y luego con el poder militar romano que permitió extender el mundo helenístico hasta los confines del mundo entonces conocido Dicho por Sigmund Freud, se pasó al principio de realidad, en el cual la ciencia empírica reemplazo a las máscaras de la divinidad. Desde el Renacimiento, el hombre fue el centro de su universo, y reconoció que los dioses eran una proyección de sí mismo. Carotenuto, el analista junguiano antes aludido, señala como el amor implica heridas, y el mito del “sanador herido” es importante para llegar a ser buen terapeuta. También muestra como el amor proviene del inconsciente, y la realidad de la amada gatilla preocupaciones por su bienestar, su ausencia provoca temor, y aun sus defectos son vistos como hermosos.
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Dr Ramon Florenzano
Director Médico