El arte de ser humanos, guerras y muerte.

Rob Reimer en su libro “El Arte de ser humanos”, (Penguin Random House, Ciudad de México, 2023) describe la vida de un niño holandés, nacido en la entre guerra, que pudo escapar a los horrores de la II Guerra Mundial porque su madre lo llevó al Oriente, donde ella misma tuvo que enfrentar ser aprisionada por los japoneses, pero el fue cuidado por otros parientes. En cuatro ensayos, describe como surge a comienzos del siglo XX la idea de la superioridad germana, que corrige la mezcla de razas que fue el Imperio Romano, y que busca en la pureza de la sangre superior (la aria) un camino de purificación del concepto de Europa. En un segundo ensayo se refiere a la “estupidez”, como el impulso del siglo pasado a soluciones colectivistas, en las que se renuncia a la individualidad y se refugia en el “nosotros”, de los colectivismos de izquierda o de derecha. Entre los filósofos que vieron con mayor lucidez esta renuncia al pensar de los antiguos, destaca a Edmund Husserl, y su búsqueda de los fenómenos, sin ceder espacio a los colectivismos que ya en sus años se cernían sobre Occidente. Termina el libro reconstruyendo la historia de Joshua ben Nazareth, la verdadera historia de Jesus de Nazareth.

En “Nexus: una breve historia de las tecnologías de la información desde la edad de piedra hasta la IA”, texto escrito por un hijo de refugiados judío-rumanos que emigraron a Israel, Yuval Naum Harari (Debate, Barcelona, 2024) relata como durante el gobierno pro-nazi de Rumania los certificados escritos pasaron a ser una necesidad para poder mostrar pruebas suficientes de ser rumanos, o bien para poder emigrar a países mas seguros, como lo eran los Estados Unidos o la entonces llamada Palestina. Los documentos escritos eran emitidos por burócratas letrados, que escribían sobre papel lo que sus clientes, mayormente iletrados, les pedían escribían. Dice también que la palabra Biblia viene de un lugar concreto en Alejandría, donde los escribas colocaban sobre papiro lo que sus usuarios les solicitaban. Describe luego con detalle como el pueblo judío recopiló lentamente el ahora llamado “Antiguo Testamento”, que debió ser interpretado por un grupo específicos de sacerdotes expertos, los rabinos, que para hacer esa interpretación desarrollaron nuevos textos, la Misnah y el Talmud: todos estos escritos fueron atribuidos a una revelación directa de Yahwe. En el caso del cristianismo, los apóstoles primero y los autores de los evangelios después discutieron acerca de cuales eran los textos canónicos y cuales eran desconsiderados como oficiales, y se creò un grupo equivalente al de los rabinos, los obispos y los sacerdotes, que formaron luego una sola iglesia dirigida por un representante del Dios en la tierra, el Papa romano. Insiste Harari que la calidad del gobierno era importante para los ciudadanos de a pie, que si tenìan la posibilidad de comunicarse directamente con sus lìderes, fueran reyes, sacerdotes o representantes elegidos podían influir sobre sus propios destinos, a diferencia de los dictadores, que, también invocando a representar al pueblo, se atrincheraban en palacios rodeados de guardias armados. Esto abrió la posibilidad de los populismos, donde un homo sapiens dice representar a todo el pueblo. Esto se puede conseguir atribuyéndose la representación de Dios o de los electores. Las universidades o los investigadores independientes representan un contrapeso a los gobiernos unipersonales.

Las dos grandes guerras europeas del siglo XX marcaron la faz de Europa, y permitieron las grandes migraciones que rejuvenecieron las repúblicas latinoamericanas, que habían escapado a las destrucciones del viejo continente, y que recibieron emigrantes que ampliaron sus horizontes. El caso chileno, con la llegada de los refugiados españoles facilitadas por el cónsul Pablo Neruda en Madrid, es un vivo ejemplo. En su libro Reimer muestra también como en Alemania surge la idea de limpiar al superhombre ya vislumbrado por Federico Nietzche del envenenamiento del pueblo oriental que había invadido Europa desde el Mediterráneo: los hebreos eran una raza inferior que debía ser expurgada de la tierra. La historia de la familia Harari en Rumania se repitió en muchos lugares.

En una interesante obra que transcribe entrevistas radiales, “Diálogos y Biografías: Entrevistas a intelectuales y gestores culturales” Fernando Lolas Stepke y Alvaro Quesada Sepùlveda (Ediciones Universidad Central de Chile, Santiago de Chile, 2024), los dos editores entrevistan a profesores relevantes en la vida universitaria chilena. Muestra allí como en Iberoamérica existe lo que en alemán se llama una Geistenaristokratie (aristocracia intelectual). Entre los entrevistados se encuentran desde Alberto Van Klaveren, nuestro actual Canciller, hasta Ignacio Sánchez, rector de la Universidad Católica de Santiago

¿Qué tiene esto que ver con la psicopatología? La sorpresa de los alemanes de la anteguerra que creyeron en la propaganda oficial que los había convencido de que estaban ganando el combate en contra de los franceses, italianos y rusos al rendirse Alemania y caer el imperio Hohenzollern, fue explicada como una conspiración de los Sabios de Sion desde Nueva York para destruir al pueblo superior, surgiendo un nuevo redentor, como lo habría sido Adolf Hitler para los creyentes en la superioridad racial de los arios. Reimer describe en su libro una actitud similar de la revolución bolchevique, desde Lenin hasta Stalin, quien proclamaba la verdad oficial del comunismo y desterraba a Siberia a todos los que pensaban distinto a el. Boris Pasternak se atrevió a desafiarlo al escribir “Archipiélago Gulag”.

¿Qué tiene esto que ver con el psicoanálisis? Sigmund Freud buscó otra verdad, no la de los fenómenos aparentes de Husserl, sino la que está enterrada en nuestro inconsciente. Esta, que nos liga a nuestra naturaleza animal, en el caso del Ello, y a la espiritual, en el del Super Yo, puede ser develada por un método terapéutico individual, el de su psicoanálisis. Las soluciones colectivistas dentro del psicoanálisis correspondieron a su primer discípulo y posterior disidente, Carl Gustav Jung. Harari dice que el método freudiano en ultimo termino representa nuestra base biológica (el Ello), los valores sociales morales (El superyo), y la corteza prefrontal ejecutiva (el Yo).

En otros blogs, nos hemos referido a estos temas. Que el lector interesado puede encontrar en iemp.informacion. blog.

Dr Ramon Florenzano Urzua
Director Médico IEMP:

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