Ejercito de Chile, Militarismo y Estado en forma.

La historia de Chile es la historia de su Ejercito. En “Ejército de Chile: Un recorrido por su historia”, la Academia de Historia Militar (Salesianos Impresores, Santiago de Chile, 2020) describe los hitos de la formación del ejército, desde Francisco Pizarro y Pedro de Valdivia hasta la cuasi guerra con Argentina. Lo hace de modo muy patriótico, sin los detalles del libro sobre el tema de Parvex, aludido en nuestro blog anterior, sin explicar que la enmienda Kennedy que hizo difícil para Chile comprar armas en EEUU se debió al asesinato de Osvaldo Letelier en Washington DC: Muestra el paso desde la predominancia del modelo prusiano que predominó en el siglo XIX, con los cascos en punta que aun usan nuestros cadetes, y con instructores alemanes como el coronel Körner, que formó a nuestro ejercito siguiendo el ejemplo de Bismarck, hasta el predominio anglosajón, especialmente norteamericano después de la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial. El ejército también exploró la Antártida, y fueron militares los primeros que llegaron al Polo Sur. Eso no quiere decir que no hubieran miembros de la Armada y de la Fuerza Aérea, y que fuera una mujer miembro de la FACh (Ana María Martino) la primera en tener un hijo en el continente helado.

El militarismo recorre la historia chilena: desde José Miguel Carrera, Bernardo O´Higgins y Manuel Bulnes en el siglo XIX hasta Carlos Ibáñez del Campo y Augusto Pinochet en el siglo XX. Los gobernantes militares han sido amados o vilipendiados. La primera republica Socialista fue dirigida por un militar, Marmaduke Grove. Todos vibramos con el grito “Ejército de Chile, siempre vencedor, jamás vencido”, dudosamente auténtico si uno recuerda el bombardeo de Valparaíso en 1866 por el contraalmirante español Pareja, hijo del coronel Pareja, quien murió a manos del ejercito patriota durante la Patria Nueva en el sitio de Chillán. Una venganza generacional. Otro hecho significativo fue la vocación expansionista de Chile durante el siglo XIX, en las dos guerras con el Perú, primero contra la Confederación Peru-Boliviana y luego en la Guerra del Pacífico: durante ese siglo, el Ministerio que tenía que ver con lo militar se llamaba abiertamente “Ministerio de Guerra”. Solo en el siglo XX este nombre fue camuflado con el actual eufemístico nombre de “Ministerio de Defensa”, en la cual aparecemos preparándonos para protegernos de ataques de alguno de nuestros vecinos. El expansionismo chileno en el siglo XXI ha pasado a ser más bien pedagógico, al ser solicitados nuestros militares para instruir al ejército ecuatoriano, colombiano, o enviar fuerzas de paz a Haití. Los chilenos actuales olvidamos los avances hechos en la primera dictadura militar del siglo XX, la de Carlos Ibáñez del Campo, quien fundó entro otras cosas el Banco Central, el Ministerio de Agricultura y Colonización y comenzó la magna obra de explorar la vasta región al sur del seno de Reloncaví, con la construcción (con miembros del Servicio Militar del Trabajo) que hoy día lleva su nombre.

Los historiadores han acuñado el término “Estado en forma”, centrado en la figura de Diego Portales y luego mantenido por los gobernantes del siglo XIX, civiles tales como Manuel Montt y Antonio Varas, analizado por Gonzalo Arenas Hodar (Antonio Varas, el Ministro y el proyecto político Monttvarista (1817-1866) (Centro de Estudios Bicentenario y Ediciones USS, Santiago, 2024). Ambos siguieron la tradición portaliana de un obsesivo énfasis en los detalles y una cuidadosa planificación de las acciones del gobierno. Antonio Varas no accedió a la presidencia de la república después de Montt, pero tuvo una larga y esforzada carrera de servicio publico, siendo muchas veces diputado, Senador, Ministro de Estado, y alternó honores con Manuel Montt: cuando este último fue Presidente de la Corte Suprema, Varas fue clave en el manejo de la “cuestión del sacristán”, donde sus puntos de vista laicistas mostraron su distancia de los conservadores ultramontanos, siempre guiados por las ideas del arzobispo Mariano Casanova. La clase alta chulena, a pesar de las imitaciones parisienses de los Parques Cousiño o Forestal, está enraizada en el campo, donde la tradición de las grandes haciendas tradicionales ha sido descrita certeramente por Luis Orrego Luco en su novela “Casa Grande: Escenas de la vida en Chile* (Lingua ediciones, Reimpresion 2014, Santiago de Chile) de comienzos del siglo XX. Allí muestra la alta burguesía santiaguina, con fortuna basada en sus haciendas o en yacimientos mineros, imitando las costumbres parisienses y haciendo reuniones fastuosas. La cuidada descripción de Orrego Luco de la “Belle Epoque” chilena, de vuelta de siglo, cuando una clase alta disfrutaba de los altos precios del salitre, muestra como las damas se reunioan en salones afrancesados, y comentaban los amores abiertos de las solteras y ocultos de las casadas. Cien años despues, la nueva clase dirigente también vive romances, ahora no comentados como rumores y en voz baja, sino públicos a través de la prensa, y nuevamente los escándalos sociales remueven ministerios y derriban candadaturas presidenciales.

¿Qué tiene esto que ver con la psicopatología? En este caso no hablaremos ni de psicosis ni de psicopatía, sino de rasgos obsesivos. Tanto Portales, con su revisión de los botones de los soldados en Valparaiso cuando iba a pasar revista a las tropas como Antonio Varas, en sus eruditos discursos en el parlamento, mostraban rasgos obsesivos de personalidad. En el caso de la historia del Ejército, este tuvo que planear meticulosamente su defensa en el período de la cuasi guerra por el Beaglo con la Argentina.

¿Qué tiene esto que ver con el psicoanálisis? El duelo patológico es ilustrado por la pena (real o simulada) de Diego Portales cuando se lamentaba por la muerte prematura de su primera mujer, su prima Mercedes, al mismo tiempo que hacìa sufrir a su amante peruana, Constanza Nordenflycht, que lo siguió a Chile desde Lima, no queriendo casarse y vivir con ella, manteniéndola en una quinta al otro lado del Mapocho, en la Chimba (donde está actualmente la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. La segregación por barrios, primero, y luego por comunas, es una de las características del Gran Santiago.

En otros blogs, nos hemos referido a estos temas, que el lector interesado puede encontrar en iemp.informacion. blog.

Dr Ramon Florenzano Urzúa
Director Médico IEMP

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