VIOLENCIA JUVENIL, PROFANACIONES Y CULPABILIZACION

La sociedad o bien olvida o bien culpabiliza a los jóvenes por muchos de sus problemas. Cuando nos impresionamos por las profanaciones de símbolos religiosos, o del desconocimiento de lo que el pueblo chileno pensó cuando se consagró una iglesia a la gratitud nacional, demonizamos a los jóvenes y nos desentendemos del rol de adultos formadores: muchas veces queremos que ellos expresen lo que nosotros no hemos hecho con prolijidad. Esto vale para reformas o revoluciones por igual.

La violencia de los adultos hacia la  mujer joven es otro elementos olvidado: el abuso y la explotación sexuales son globales, y muchos países no tienen leyes que den debido proceso a las acusaciones de maltrato físico, sea por sus padres o sus parejas, a las adolescentes. En la India o Pakistán musulmanes, la situación de la mujer es aún precaria.

Las necesidades de salud de los adolescentes muchas veces se olvidan. El reciente informe GBD 2013 de Mokdal et al (Global burden of diseases, injuries, and risk factors for young people’s health during 1990–2013: a systematic analysis, Lancet Jun 11, 2016, Volume 387;10036: 2351-2478), revisa las causas principales de mortalidad entre los adolescentes menores (10 a 14 años): VIH/SIDA; entre los de edad intermedia (15 a 19) y mayores (20 a 24) fueron los accidentes viales (14,2% y 15,6%), seguidos por los suicidios (8,4 y 9,3%). Desde el ángulo de la salud mental, en todos los adolescentes (10 a 24 años), la depresión estuvo siempre entre las tres principales condiciones de salud, y el alcohol fue el primer factor de riesgo para años perdidos de vida saludable (AVISA).

Las diferencias entre países de altos ingresos y bajos se nota en que en los países desarrollados las muertes por accidentes del tránsito se dan sobre todo entre jóvenes que conducen vehículos motorizados; en los de bajos, ingresos los jóvenes mueren atropellados o cuando conducen vehículos de dos ruedas (motos o bicicletas) . El 95% de las muertes globales de jóvenes se dan en en países pobres. En Latinoamérica, la mortalidad de jóvenes por homicidios supera en muchos países a las muertes auto-infligidas, y la tenencia de armas de fuego ha crecido en forma alarmante en la última década.

Lo anterior hace que la sociedad adulta tenga que recordar que su futuro está en manos de los jóvenes, lo que implica tener que ayudarlos a crecer, a madurar y a enfrentar sus responsabilidades ciudadanas. Esto muchas veces se confunde con creer que el darles libertad de movimiento por las calles a los jóvenes para que expresen sus ideas y emociones en forma pública sea el modo de ayudarlos. El aparato social y del Estado están en manos de adultos, que (se supone) tienen cerebros completamente maduros y cuentan con  la información para autorizar marchas, para ordenar los desfiles y para prevenir desmanes. Los jóvenes (toda la evidencia actual acerca del desarrollo cerebral lo demuestra), tiene cerebros en proceso de maduración. Tienden a la impulsividad e incurren en conductas de riesgo como parte de su propia etapa evolutiva. Una cosa es cuidar por la salud de nuestros jóvenes, otra es preguntarle a ellos como quieren hacerlo.

Las familias que fijan limites y que forman valóricamente a sus hijos tienen menos muertes violentas que temer. Las profanaciones de simbolos religiosos que nos inquietan a todos, se prevendrían con jóvenes sanos que estén conscientes de sus deberes, además de sus derechos. La nación chilena cuando se independizó de España ofreció el Templo Votivo de Maipú. Cuando venció en la ultima contienda con Perú erigió la Gratitud Nacional. Independientemente del valor central de la imagen del Cristo que se destruyó para muchos chilenos creyentes, el destruirlo es una afronta a la memoria histórica de Chile como nación. Uno puede pensar en premeditación o ignorancia, en jóvenes manipulados o cómplices de adultos que, tal como en otras oportunidades los envían a pelear en las guerras, ahora usan su impulsividad para sus propios designios.

La tarea por delante es, paradojalmente, entender que para promover la salud de nuestros adolescentes, y evitar tragedias familiares en tantos hogares chilenos, es necesario estar vigilantes de su uso del tiempo, de que estudien cuando corresponde, de que respeten todas las creencias, independientemente de que las compartan o no.

El hedonismo juvenil se centra muchas veces en vivir en el presente: el uso de marihuana, alcohol, u otras sustancias psicoactivas lo demuestra. Los padres que para poder desarrollarse profesional o personalmente renuncian a su rol de formadores de su descendencia, no solo posibilitan muchas veces la mortalidad adolescente por las diversas conductas que resume el estudio de Lancet, sino que crean la posibilidad de la falta de líderes para asumir el destino histórico de los chilenos cuando venga el inevitable traspaso de poder generacional.

Lo anterior que implica a todos los adultos, es aún mas aplicable a líderes politicos, sociales o empresariales. Estos muchas veces descuidan la formación de sus propios hijos por sus urgencias cotidianas. Su progenie, como hemos visto en tantos casos recientes, terminan limitando las trayectorias polítícas, sociales o empresariales de sus padres. El cuidado de los jóvenes no es solo una tarea multigeneracional altruista, sino es hacernos un gran favor a los mismos adultos.

 

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