VIVIR ANCLADOS EN EL PASADO O VERTIDOS HACIA EL FUTURO.

Vivimos en el presente. Bergson ha señalado como el punto en el cual el tiempo se inscribe en la realidad material y espacial es el muy breve tiempo presente. Este autor que pasó buena parte de su larga vida (1859-1941) estudiando el tema de la duración, insistió en la paradoja de que si bien el tiempo no puede dividirse materialmente como el espacio, es caracterizado por la vivencia inmediata de que todo dura: mas la materia, menos los humanos.

En psicopatología hay cuadros que se centran en el pasado: típicamente, las depresiones. Otros que viven pendientes del futuro: los cuadros ansiosos. La vivencia de la temporalidad es crucial en el diagnóstico psiquiátrico, y la intuición bergsoniana hace que el clínico capte si la persona vive todavía las marcas de los traumas pasados, o se ha lanzado en un proyecto futuro significativo.

Las actuales teorias narrativistas se centran en el análisis de las historias vitales, y en sus puntos  inflexión, sea para bien: momentos cúlmines, o para mal, episodios en que se zozobra frente a los embates de la realidad que es percibida como adversa.

En otra forma de psicopatología, en los trastornos bipolares, vemos como los pacientes oscilan entre estar mórbidamente fijados en los problemas y experiencias traumáticas de la niñez, o pasan a períodos de exaltación y euforia en la cual comienzan todo de nuevo, tratan de olvidar el pasado y sienten que la vida adquiere una vividez y brillo extraordinarios.

Las estaciones del año también muestran en su ciclicidad estos cambios, y el comienzo de la primavera que vivimos en estos dias es un ejemplo de la vivencia del maníaco: el sol de septiembre es esplendoroso, los aromas de las flores que  eclosionan deleita, y se tiende a enfrentar el futuro con entusiasmo y esperanza.

Sigmund Freud y sus seguidores elaboraron en el psicoanálisis la idea de que la emoción base es la depresiva. En “Duelo y Melancolía” en 1917 Freud mostró como la experiencia del duelo normal es  connatural a lo humano, mientras que la melancolía es una experiencia patológica que lleva a consecuencias negativas e incluso al suicidio si no es tratado. La mania, el cuadro opuesto a la depresión, es una vivencia que no todos sienten: solo algunos tienen “la capacidad de hacer mania”.

Bergson y Freud, uno desde la filosofía, el otro desde el psicoanálisis, elaboraron en los mismos años el mismo tema. El primero vio el “impulso vital” como el flujo de la energía espiritual hacia el porvenir, como lo esencial de lo humano. Freud fue pesimista y escéptico, Bergson positivo y animoso, La acdtual “psicologia positiva” representa un desarrollo actual de su punto de vista.

 

Lo que Freud y Bergson analizaron desde el psicoanálisis y la filosofía, lo hizo desde la literature Marcel Proust. Este, para algunos el mayor novelista del siglo XX, exploró sus memorias infantiles buscando “el tiempo perdido”. En sus clasicas descripciones del “fenomeno de la Magdalena”, mostró como una memoria de un olor, el del té, y un sabor, el del bollo preparado por su tia en la casa de campo podia desencandenar detallados recuerdos de su niñez.

 

Hoy dìa los tres autores siguen vigentes. Las personas, las familias y los gobiernos tienen que enfrentar el hecho de que vivimos solo en el presente. Algunas personas vuelven una y otra vez a intentar lo que ya no resultó en su vida pasada. Algunas familias viven aun de sus glorias y pergaminos de antaño. Algunos gobiernos quieren volver al pasado, y ensayar soluciones que han fracasado una y otra vez en la historia.

La sexualidad de los adolescentes, otro tema en el foco de la atención pública hoy es otro ejemplo: la prevención de embarazos prematuros en los jóvenes se centra en una decision impulsiva en tiempo presente (la de tener sexo), sin proyectar consecuencias futuras (el embarazo). Los programas que solo muestran los aspectos genitales de la sexualidad hacen que los jóvenes tiendan a experimentar con un comportamiento que tendrá consecuencias futuras que pueden ser cruciales para el resto de sus vidas.

Ramon Florenzano

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