Coronavirus, temor a la muerte y temor a Dios.

El Covid19 ha cambiado bruscamente el camino humano hacia la equidad social y hacia la globalización. Como un rayo desde las alturas, ha encerrado a las primeras líneas que luchaban por la equidad en todos los países donde los movimientos sociales hacían presión por el cambio rápido. Ha centrado nuestra atención en la lucha biológica con los microorganismos, lucha que sabemos viene desde antiguo y cuyo desenlace también conocemos: ellos prevalecerán. Este virus hasta ahora desconocido está mostrando que las «pestes» han diezmado al homo sapiens desde siempre.

El Coronavirus ha subrayado algunos hechos básicos sobre la naturaleza humana, como es el temor universal a la muerte, y el egoísmo propio de una especie depredadora, que ha estado agotando nuestros ecosistemas con su invasión progresiva de todos los extremos del globo. La mayoría reflexiva ha cumplido con el mandato de sus gobiernos de aislarse socialmente, y solo unos pocos intrépidos han desafiado esta orden para quebrar cuarentenas, para mostrar su independencia algunos, o para seguir son sus conductas delincuentes, otros.

Aparentemente, el virus no respeta jerarquías sociales y ataca a cualquiera. Al analizar en mas detalle los datos sin embargo, hay una estratificación socio económica: en Nueva York mueren mas afroamericanos o hispanos, en Chile mas de etnias originarias y de bajo nivel educacional. La muerte se distribuye entonces en forma selectiva. Los emigrantes son los mas desprotegidos y después de una declaración utópica de igualdad, en esta emergencia las fronteras nacionales se cierran, y también los chilenos protegemos a los nacidos en esta tierra.

La religión vuelve con fuerza, y los distintos credos, cristianos, islámicos o budistas desafian a las autoridades sanitarias: en su homilía de Semana Santa, el Cardenal Cantalamesa plantea para los católicos que el coronavirus es una señal divina para enmendar rumbos, desde un consumismo desatado, centrado en las propias necesidades, a aprender a compartir, no solo  con los demás humanos sino con el resto de la creación. Esto, para dejarle algo a nuestros hijos. La globalización, que parecía imparable, se detiene bruscamente, y los límites entre las naciones-estado, que se veían como cada vez mas porosos y permeables, se cierran bruscamente. El retorno a lo natural, a lo propio, a lo rural, aparece como un modo de eludir al temido virus.

El vivir recluido en el campo o fuera de la ciudad hace revivir una tendencia literaria olvidada, el criollismo, que exaltaba los valores de la vida rural y de la creatividad de los excluidos. Entre quienes exaltaron este punto de vista en Chile se encontró primero el Grupo de los 10, entre cuyos fundadores se encontró Pedro Prado Calvo, y luego en Talca Enrique Gómez-Correa, quien junto a Braulio Arenas y a Teófilo Cid crearon un movimiento surrealista, y trataron de desarrollar puntos de vista propios en filosofía, arte, pintura y poesía. Ambos grupos se acercaron inicialmente en la importancia que dieron a los valores nacionales, y los autores de Mandrágora cuando se vinieron a Santiago a estudiar Derecho, sesionaban en la casona de los Diez en la calle de Santa Rosa. El grupo se centró en la exaltación del inconsciente freudiano, en las conceptuaciones del conde de Lautreamont, de Paul Éluard, de Louis Aragón y de André Bretón. Entraron en pugna abierta en la Revista Mandrágora con Pablo Neruda y con Vicente Huidobro.

¿Que tiene que ver lo anterior con la psiquiatría y la salud mental? Enrique Gómez-Correa desarrolló su tesis para obtener el título de abogado en la Universidad de Chile sobre «La Sociología de la Locura»publicada por el por primera vez en 1942, y luego re-editada por Cesar Cuadra y Luis De Mussy en 2006 (Cuarto Propio, Santiago de Chile). Allí el plantea que el Sueño, el Mito y la Locura tienen en común el abrir nuevos horizontes y promover lo nuevo y lo creativo. Su tesis central es el aporte de la locura al progreso social, afirmando que los enajenados son seres extraños al mundo convencional y que a través de la poesía aportan mirando y actuando de un modo diferente.

Estudia también la relación entre fenomenología y psiquiatría, citando a Jaspers cuando dice que la fenomenología reposa sobre la antítesis fundamental entre la conciencia del Yo y la del Mundo Externo. En su cita textual: “La intencion de la fenomenología no puede descubrirse más que viéndola desde la destrucción del ser”. Para Gómez-Correa, la fenomenología del hombre enfermo debe centrarse en las vivencias del “hombre desmoronante”. Afirma, décadas antes que Gilles Deleuze y Felix Guattari, que la esquizofrenia puede aportar al progreso social.

Se refiere también a la relación entre Locura y Psicoanálisis, señalando que para el psicoanálisis freudiano no hay diferencia radical entre el hombre sano y el enfermo: la enfermedad es una fuga del conflicto entre los deseos sexuales del hombre y la oposición externa por exigencias de la moral. ”Al no poder satisfacer sus deseos en la realidad, el neurótico se refugia en la enfermedad”. En Freud toda la psicopatología gira alrededor del concepto de libido. Esto a diferencia de Adler donde todo gira alrededor de la “Voluntad de Poder” (Wille zur Macht de Nietzche), de Jung donde la libido (Imago) no es solo sexual, sino que es toda la energía que mueve al individuo. Gómez-Correa es finalmente junguiano, diciendo que los sueños un equilibrio entre el individuo y el subconsciente colectivo, o sea sociológico.

En estos días en que volvemos a reflexionar sobre la muerte, ya no como un fenómeno abstracto, sino como una realidad amenazante que nos atañe, o a nosotros o a nuestros familiares o amigos, es importante mantener la Fe, en la trascendencia del género humano en la medida que afirme la existencia de una realidad espiritual mas alla de nuestra actual envoltura material. Esto irá en provecho de la salud mental de usuarios y. proveedores, de terapeutas y de terapizados.

Dr Ramon Florenzano Urzua

Director IEMP

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