Ortega, Weber y la melancolía

Jose Ortega y Gasset (1883-1955), cuya relación con Max Weber ya mencionamos en nuestro anterior blog, es un escritor caleidoscópico. Su biografía, escrita por Jordi Gracia (José Ortega y Gasset, Santillana, Buenos Aires 2014) describe con detalle su origen en una familia dedicada a la literatura y al periodismo. Su padre era el editor del diario El Imparcial de Madrid, y Ortega creció entre prensas, apuros por cierre de edición y dedicación meticulosa a la precisión del lenguaje. Esto lo llevó a convertirse en el símbolo de la modernidad española, escribiendo desde la vuelta del siglo XIX hasta la postguerra europea, buscando una formación lo mas amplia posible, no solo en literatura y filosofía, no solo en su país sino en Alemania en Leipzig, Berlín y Marburgo, donde estudió una amplia panoplia de materias: Fisiología, Anatomía, Histología, Sistema Nervioso, Psicología, Filosofía, Lógica y Griego. Esto constituyó su preparación para lo que el presentía seria una madurez literaria sólida, levantándose en contra de lo que el veía una España con periodistas y catedráticos adocenados, poco científicos y sumisos a un orden decadente. Se transformó así en una luminaria intelectual para España y el mundo hispanoparlante hasta nuestros días.

Las vidas de Max Weber y de José Ortega y Gasset tienen paralelismos temporales y territoriales. La biografía del gran sociólogo alemán tiene un correlato en la vida del insigne Ortega. Ambos forman una dupla, con raíces germanas, por nacimiento el primero y por formación el segundo. Ambos comparten la influencia de Martin Heidegger, que Ortega transformó en el eje de su propia filosofía. Algunos de los cursos seguidos por Ortega le fueron enseñados por maestros recomendados por su pariente Pío del Rio Ortega, gran histólogo, y otros le fueron sugeridos por su hermano Manuel, ingeniero de minas, a quien le pidió referencias para profundizar en Mecánica y Matemáticas. Una formación caleidoscópica para convertirse en un ensayista y pensador central en su época. A la superficialidad que percibía en el periodismo español de su época, Ortega respondió con una formación amplia y científica. Cuando Ortega vuelve a España en 1911, afirma que su plan de vida está listo para pasar a la acción: política, académica, literaria.

Tanto Ortega como Max Weber se formaron en familia ilustradas. en el caso de Weber este pertenecía a la aristocracia intelectual alemana, en un período en que la formación del Imperio Alemán, conseguida bajo el liderazgo de Bismarck, y coronada por la victoria en la guerra franco-prusiana, de 1870, llevó a un crecimiento industrial y auge económico que solo tambaleó con la Gran Guerra y la anarquía de la república de Weimar. En el caso de Ortega, este vio un panorama distinto: el siglo XIX presencio la pérdida de las colonias hispanoamericanas, especialmente en 1898 de Cuba y del norte de África, sucesos que el vió como un fracaso nacional, traducido en crisis individuales, migraciones y una actitud melancólica por un pasado lleno de pérdidas.

En Alemania, las hambrunas producto de la guerra franco-prusiana llevaron a las primeras migraciones masivas europeas, que en Chile se tradujeron en la llegada de colonos alemanes a los territorios habitados por indígenas. En el caso de Ortega, la Guerra Civil española produjo sucesivas ondas de migrantes peninsulares, primero de quienes huyeron de la República, y luego y en forma mucho mas prolongada, los perseguidos por el franquismo. Esto trajo grandes intelectuales a nuestras costas, cuyo efecto aun se ve en la actualidad-. Las consecutivas psicopatológicas y los aspectos psicodinámicos de las migraciones han sido objeto de muchos estudios y de previos blogs nuestros.

En otro blog, hablamos de la relación de Weber con la melancolía. Tanto este autor como Ortega tuvieron una formación inicial católica, aunque luego ambos atravesaran una etapa cercana al luteranismo y terminaran agnósticos. Un autor chileno, Nicolás González Vidal, ha estudiado la relación entre la melancolía depresiva y la tristitia en Tomás de Aquino (La pasión de la tristeza y su relación con la moralidad en Santo Tomás de Aquino (Cuaderno del Anuario Filosófico, Serie Universitaria, Universidad de Navarra, Pamplona, 2008). Allí se explaya en las consecuencias morales de la depresión. Ortega afirmaba, al ver a su padre sumirse en la tristeza y entregarle sus cargos a el y sus primos, que el error paterno era ceder a la pasividad y sumirse en una vejez prematura. La correlación plan de vida y éxito externo tiene como correlato un mundo interno que enfrenta al mundo en la acción, no en la contemplación. Ortega, en sus cartas personales a su prometida, señalaba que el conocimiento había que basarlo en la ciencia, no en la intuición. Hoy sabemos que la base biológica de muchas depresiones es la herencia, y en el caso de Ortega eso se comprueba en la tendencia depresiva de su familia paterna: su padre, José Ortega Munilla, al cumplir 60 se retiró de muchas de sus actividades periodísticas directivas, cayendo en una depresión irritable que lo hizo aislarse en su casa. Ortega debió retornar de Alemania para hacerse cargo de las responsabilidades que su padre abandonó.

¿Qué tiene lo anterior que ver con la salud mental? Las pérdidas colectivas se traducen en sensación de fracaso individual. Los duelos nacionales por territorios perdidos lo hacen en traumas familiares por duelo de hijos muertos o emigrados. Aumentan los niños de “generaciones perdidas” que crecen con sensación de vulnerabilidad y baja autoestima. Los psiquiatras y psicólogos viven diagnosticando y tratando síndromes depresivos, formas de melancolía ligada a perspectivas oscuras para el futuro. Tanto desde el punto de vista de la actual neuropsiquiatría como del psicoanálisis clásico, la pérdida, el trauma y la sensación de fracaso son centrales.

Otro elemento que subraya la posición aristocratizante de Ortega con respecto al conocimiento es su libro “La Rebeliòn de las Masas”. En esta obra, publicada en 1930, observando el acceso al poder de Mussolini en Italia, y tomando en cuenta el crecimiento de los fascismos de derecha y de izquierda en la Europa de sus días, Ortega y Gasset afirmaba que uno de los males de su tiempo fue el que las clases populares accedieran a los espacios anteriormente reservados a las élites, desde restaurantes y salas de teatro a la posibilidad de toma de decisiones políticas. esto último para el era mucho más grave. Diferenciaba Ortega entre las élites naturalmente formadas por hombres cualificados y las clases populares, también la burguesía, formadas por «individuos sin calidad»; Los actuales “estallidos sociales” globales son una repeticion, 90 años despue´s, de la observacion orteguiana.

En el Instituto de Estudios Médico Psicológicos contamos con un conjunto de profesionales de la salud mental, psiquiatras, psicólogos que pueden diagnosticar, tratar y prevenir muchos de los temas antes tratados. Nuestros blogs pueden ser consultaos en la pagina web http://www.iemp.cl.

Dr Ramon Florenzano
Director Médico IEMP

Un comentario en “Ortega, Weber y la melancolía

  1. Excelente comentario, cuánta razón tenía Ortega y Gasset, decisiones transcendentales en el devenir político actual, en manos de políticos sin altura intelectual.
    Por otra parte, son heredables los genes que nos inducen a la melancolía?.
    No será esta inherente al ser humano con una alta sensibilidad?.
    Como siempre Doctor, muy acertado su artículo!!!

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