En su obra sobre “Emperadores de Roma”, Mary Beard (Editorial Critica, Madrid , 2023) describe como la figura del emperador reinante, entre los años 50 a.C, y 230 de la era cristiana, era reproducida una y otra vez en las cuarenta provincias del imperio. Estas reproducciones podían a veces ser colosales, como la estatua de oro de Nerón en su Domus Aurea, en la colina Palatina, o minúscula, como las medallas y colgantes que se distribuían a lo largo y ancho del imperio. Al morir, los emperadores tenìan funerales monumentales, y si el Senado lo estimaba conveniente, eran deificados. Delante del pueblo romano, y con trucos ingeniosos, su alma alada subía a los cielos)- El derecho romano no era lo que hoy consideramos como tal, sino un conjunto de procedimientos estandarizados que los jueces debian aplicar, lo que se hacia desde Lusitania hasta el Asia Menor, pero en cada provincia las penas eran fijadas de acuerdo a las tradiciones locales.
La estabilidad lograda en esos trescientos años, la Paz Romana, como hemos mencionado en blogs anteriores, produjo la posibilidad del crecimiento rápido, tanto poblacional como de la prosperidad de los súbditos del Imperator (termino militar que significa “el que da ordenes durante el combate”. La paz estaba asentada sobre un ejercito poderoso, que mantenía el equilibrio entre los múltiples reyes locales, todos clientes del gobernante central. Sus órdenes escritas eran obedecidas en todo el imperio, y el tiempo los soberanos más trabajadores, como Claudio, era consumido enviando notas a sus legados provinciales. En nuestro país ha resurgido la figura del “delegado presidencial”, como contrapeso al gobernador electo.
En otra obra reciente, Sergio del Molino (Los Alemanes, Alfaguara), quien recibió el premio Alfaguara 2024, muestra la historia de un grupo de alemanes procedentes del Camerún, al terminar la II Guerra Mundial. Al darse cuenta de que si volvían a Alemania serían juzgados como criminales de guerra nazis, pidieron asilo a España y terminaron viviendo en Zaragoza y sus alrededores. Muchos, no todos, trataron de mantener vivo el vínculo con Alemania, enseñando el idioma natal a sus hijos y recitando poemas de Goethe o Schiller. Desde allí pudieron volver a Alemania, ahora con pasaporte español, reconstruyendo la historia de la familia y descubriendo que el fundador de la charcuterìa que hizo la fortuna familiar, Hans/Juan Schuster, había sido nazi y que los primos alemanes actualmente coqueteaban con participar en los partidos neonazis actuales. Durante Franco reaparece el nazismo en Zaragoza, con militantes que saludan al estilo hitleriano.
¿Qué tiene esto quer ver con la psicopatología? Dando por descontada la megalomanía de Nerón o Calígula, encontramos formas mas elaboradas en Claudio o Adriano, buenos emperadores, pero especiales en sus preferencias. Algunos viajaron por el imperio, como el mismo Julio César o Tiberio, otros no salieron de Roma temiendo los complots senatoriales, Todos se mantuvieron cerca de los militares, sabiendo que el poderío se basaba en la fuerza castrense. Cuando era necesario, el gobernador cumplía las órdenes de Roma “manu militari”. En su magna obra sobre “La decadencia de Occidente”, Oswald Spengler (Viena, 1923) desarrolla su tesis de que el siglo XX es el cierre de un ciclo que comenzó en Egipto, Grecia y Roma, floreció en el medioevo y la era moderna, y que está cerrando al final de la Gran Guerra. En un gran esquema muestra como las culturas egipcia, árabe, occidental e hindú evolucionan creciendo, madurando, estabilizándose y decayendo. Para el, después de la Gran Guerra de 1914, viene la inevitable decadencia de la cultura occidental. Spengler toma de la tradición romántica de Goethe y Nietzsche la afirmación del ser originario como vida. Todo es esencialmente ser «orgánico»: la naturaleza, el individuo y, primordialmente, la historia. Este ser originario no se conoce a través de la reflexión o el entendimiento, sino a través de la experiencia intima, la vivencia (acercándose a San Agustín) y alejándose de Kant). El ser de la vida es el tiempo y su expresión el «destino», tanto individual como colectivo. El organismo vivo de la historia es la cultura, que en su madurar se torna civilización que camina ya hacia su destino final: la muerte. Hoy sabemos que la decadencia profetizada por Spengler no fue tal, y culturas ancianas como China o India han adoptado las tecnologías invantadas en Europa para crecer.
¿Qué tiene esto que ver con el psicoanálisis? Sigmund Freud imitó la estructura autoritaria antes descrita formando un “circulo de hierro”, formado por discípulos selectos, y nombró a un “delfín” (Carl Jiung), quien después se rebeló contra el. La historia de emperadores que eran reemplazados violentamente por sus hijos aparece en la pugna entre Freud y Jung y las diferencias que hasta el dìa de hoy existen entre analistas freudianos y junguianos. Usando los criterios formales spenglerianos, pioneros como Freud y Jung formularon e hicieron crecer al psicoanálisis, para luego ver como se multiplicaba en múltiples variedades de psicoterapias, para llegar a la situación actual: el tronco inicial se transformó hoy dia en variedades biologicistas, como el neuropsicoanálisis o psicosociales, como la salud mental para las masas. Lo que en tiempos freudianos fue un bocado para algunos elegidcs, hoy dìa es un derecho de las multitudes. Los especialistas en salud mental son convocados para intervenir en crisis naturales como terremotos o inundaciones o producidas por la mano del hombre, como incendios o estallidos sociales.
En blogs anteriores nos hemos referido a estos temas, y pueden consultarse en nuestra página web (iemp.informacion. blog).
Dr Ramon Florenzano Urzua
Director Médico IEMP