En una cuidada edición de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en “Horizontes del Mediterráneo Oriental¨ (Ediciones Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2025) José Marín analiza el desarrollo histórico de la ciudad de Bizancio: cuando Constantino el Grande vio que el Imperio Romano era inmanejable desde Italia, formó una segunda capital que pasó a ser la cabeza del Imperio de Oriente, a la que le dio su nombre, Constantinopla. Posteriormente, después de la caída del imperio en el siglo V DC, este nombre fue cambiado por el de Bizancio y pasó a ser dirigida por los “turcos”: el Islam surgió como alternativa a la Cristiandad. En forma muy documentada y erudita, Marín revisa como el término Bizancio reemplazó al de Constantinopla durante la Edad Media, en la medida de que el primitivo cristianismo griego fue reemplazado por el Islam, quien transformó templos como el de Santa Sofia en mezquitas. Hoy dia, al desmantelar las cubiertas musulmanas, se encuentran los grabados originales cristianos de Hagia Sofia. El Bósforo fue el puente en el cual se encontraron los tres grandes monoteísmos del Mediterráneo: el cristianismo original, con su raíz greco-romana, su origen judío, y el islam que en algún momento desplazó al cristianismo y formó la base del impero otomano, que dominó esa área hasta la Turquía de Kemal Ataturk en 1923.
En una re-edición de una obra francesa de finales del siglo XVIII, Coderlos de Laclos (Penguin, Barcelona, 2024) reflexiona sobre las “Amistades Peligrosas”, que eran las aventuras sentimentales de una nobleza a la cual el veía en decadencia, que no respetaba la santidad del vinculo matrimonial y que, en los largos periodos entre guerras, se distraía en infidelidades. En una sucesión de cartas, los corresponsales aluden a sus encuentros sentimentales y a los triángulos que se forman entre marido, mujer, y sus amantes. Las cartas de ese libro aluden indirectamente a los encuentros eróticos, siempre cubiertos por alusiones sutiles a un toque de manos, o a una velada musical en la cual se intercambian miradas.
En un blog anterior describíamos la historia ligada al Rhin alemán y al Danubio austriaco. En la historia del Danubio (Anagrama, Barcelona, 2018) este termina yendo hacia el Oriente, sea Rumania, sea Rutenia, sea el imperio ruso. En esas tierras emergen historias como las del Conde Drácula, y las zonas fronterizas del imperio austro-húngaro, la doble corona cuyas capitales, Viena y Budapest contrastaban por la formalidad y la adhesión a la religión católica de la primera, y el espontaneísmo de los magiares y su variada población, donde los zíngaros o gitanos se expandieron por el globo terráqueo, llegando incluso a nuestras costas. El Danubio oriental va a dar al Bósforo y el puente tricontinental, que une Europa, Asia y Africa.
¿Que tiene esto que ver con la psicopatología? La liviandad magiar contrasta con la pompa de la corte imperial de Viena, mostrando la depresiva seriedad austriaca, ejemplificada en las depresiones de la emperatriz Isabel, la mujer de Francisco José, y la liviandad maníaca de los húngaros. Los trastornos afectivos eran familiares, contrastando la depresiva Sissi con su primo el rey Luis de Baviera, con su castillo de fábula de apariencia medieval, pero construido en el siglo XIX, en la isla de Stanberg.
¿Qué tiene esto que ver con el psicoanálisis? Los triángulos edípicos freudianos estaban presentes tanto en las amistades peligrosas de Laclos (Penguin, como en la corte imperial donde ya la emperatriz Mario Teresa tenía amantes, los tuvo en forma abierta su descendiente Mario Antonieta, guillotinada durante la Revolución Francesa.
En la página web del Instituto de Estudios Medico Psicológicos (www.iemp.cl/informacion) ustedes pueden encontrar otros blogs sobre estos temas.
Dr. Ramon Florenzano Urzua
Director Medico IEMP